Ricardo Anaya, el derecho a la desconfianza

Luis Cárdenas

El buen periodismo exige dudar de prácticamente todo, por eso, es incómodo por naturaleza

Todos tenemos derecho a desconfiar, máxime en un país en donde una gran parte de las fortunas se ha construido a base de corruptelas y compadrazgo con el poder. El periodismo exige dudar, volver a dudar y seguir dudando de prácticamente todo, por eso, casi siempre, más en la política, es de una naturaleza incómoda.

Horacio Jiménez, periodista en este diario, hizo un buen trabajo, su trabajo, en el caso de la investigación sobre las propiedades de la familia política de Ricardo Anaya, consiguió testimonios, documentos y contó una historia que evidentemente molestaría a muchos y alegraría a otros, pero su trabajo no es una consigna de contentillos, simplemente es eso, contar una historia.

He platicado con Ricardo Anaya desde hace muchos años, siempre con un interés periodístico, inclusive desde antes de su ascenso en la política nacional cuando apenas era una figura local en Querétaro, como todos los políticos, Anaya tiene detractores y seguidores, me queda claro, él mismo me lo ha dicho al aire y de frente, que la investigación afectó fibras personales que podrían pensarse intocables, defiende a su familia política arguyendo que su bonanza económica data de mucho tiempo atrás, al final, Ricardo Anaya es un político articulado y muy hábil, aunque tal vez en esta ocasión le ha ganado un poco la pasión que siempre será una apuesta de dos filos.

No sé si la familia de Ricardo Anaya se benefició o no con su carrera política, debo de reconocer, empero, que a diferencia de muchos otros políticos reaccionó de manera inmediata, operó en forma de buscar limpiar su nombre y usó una estrategia cuestionable.

Quizá he tenido mucha suerte, pero al menos en lo particular, EL UNIVERSAL siempre me ha garantizado libertad absoluta en todos mis artículos, sé bien del trabajo y el nivel profesional y de compromiso que tienen los periodistas que laboran en esta casa, por lo que el hecho de usar a un medio del prestigio del Gran Diario de México como un panfleto gubernamental suena a un alegato más de la entraña que de la razón.

Otras historias publicadas en los medios han servido también a Anaya y a muchos otros políticos como estrategias en sus discursos frente a los adversarios y eso no representa ninguna cooptación de nadie, insisto, el periodismo, más el buen periodismo, será incómodo por naturaleza.

Ricardo tiene ante sí una oportunidad que quizá esté construyendo de forma exitosa, podría unificar al PAN entorno a su persona, podría lograr la candidatura presidencial del aún imaginario Frente Amplio Democrático y tener grandes posibilidades de triunfo… y si eso pasa no será responsabilidad de Horacio Jiménez ni de ningún medio ni de ningún periodista.

Así como el presidente del PAN puede dudar de un trabajo periodístico, también el público puede dudar de él, al final de cuentas es uno de nuestros valores más preciados: el derecho a la desconfianza.

DE COLOFÓN.— Traía una corbata azul, ¿era un aviso del rompimiento que viene?

 

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