Ministros a la cárcel

Luis Cárdenas

Utilizar mentiras o medias verdades es una práctica común de los populistas, la comprobación de datos no es lo suyo por una razón fundamental: el populista quiere soluciones simples a problemas complejos y la realidad es, justamente eso, la realidad una cosa muy compleja.

El presidente López miente o utiliza verdades a medias en muchos temas, es un populista convencido de que las soluciones a los problemas del país son sumamente sencillas pero a nadie (salvo a él) se le habían ocurrido antes.

O en el remoto caso de que a alguien se le hubiesen ocurrido ya, nadie (salvo él) puede llevarlas a cabo porque él es honesto, intachable, como el ave que no mancha su plumaje, él es la voz del pueblo que por divinidad lo ha elegido como conducto de sus designios. Populismo puro. Demagogia. Atole con el dedo. Puro pinole.

Bajarse el sueldo no garantiza absolutamente nada, aunque, eso sí, se gana el aplauso fácil.

En Singapur, por ejemplo, existen algunos de los salarios de funcionarios públicos más altos del planeta, aun así la percepción de corrupción de los funcionarios entre sus habitantes es bajísima. Singapur, a diferencia de México, vive con otra mentalidad: que toda la población gane más, que nadie gane menos, allá cambiaron el resentimiento social por mejores cuentas bancarias de sus habitantes, allá son neoliberales y han aprovechado la macroeconomía para su beneficio, en consecuencia hoy parece que viven su desarrollo estabilizador… A costa, empero, de serias violaciones a derechos humanos en su particular esquema de justicia.

Obviamente no se trata de copiarle a nadie, México vivirá su propia historia y ojalá sea una repleta de éxitos traducidos en el bienestar general de su población pero hoy, la autodenominada Cuarta Transformación parece mucho más preocupada por la vendetta de los resentidos que por el desarrollo de la nación.

Miente el presidente cuando dice que los ministros en la Corte ganan más de $600,000 al mes cuando en verdad su sueldo es de $269,215, muchísimo dinero, sí, pero más de $330,000 menor que lo dicho por López Obrador.

Así como sucede con Trump, no pasará nada con los datos falsos que desde la Presidencia de la República se lancen a la población, ser inexactos no es una falta administrativa, debería de conllevar una vergüenza pública pero en la era de la oclocracia global no provoca más que aplausos y vítores al líder supremo.

En el fondo, el problema no radica en lo que ganen los ministros sino en la estrategia para el desmantelamiento de la Corte, desde siempre al presidente se le antoja verla como un estorbo, un apéndice, apófisis de la mafia del poder y del corrupto sistema neoliberal, pareciera que comparte la concepción marxista de que el derecho es la voluntad de la clase dominante convertida en ley, así que la única respuesta lógica sería la dictadura del proletariado y, ¿qué quieren las masas?, ¿adivino?: ¡Que todos ganen poco así como yo gano poco!, ¡que todos se jodan como yo me jodo!... No, no somos Singapur.

Dudo que a muchos ministros o ex ministros (como la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero) les importe principalmente el tema económico, más bien el debate, la litis, radica en la interpretación constitucional de sus obligaciones y derechos.

Seguramente, el salario de los ministros estará plasmado en el presupuesto que conoceremos en unos días más, uno de los escenarios más radicales apunta a que si, con todo y todo, algún ministro, magistrado o juez de distrito se atreve a cobrar más de lo estipulado podría terminar en prisión preventiva oficiosa por delito de corrupción.

¡Al bote por estorbarle al sistema! (en eso sí nos pareceremos a Singapur). Y apenas llevamos 11 días.
 

DE COLOFÓN.— Adiós al Instituto del Emprendedor, la 4T prefiere empleados y no empleadores, ojalá que no se vaya a prohibir la ambición.

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