Ya con este atraco me despido

José Xavier Návar

Robert Redford, baluarte del cine independiente, eligió para despedirse de la pantalla grande la historia real de Forrest Tucker, un ladrón de bancos que cometió su último atraco en el año 2000, cuando rondaba los 80 años. Como su equivalente mexicano, Alfredo Ríos Galeana, tuvo varias fugas sensacionales a lo largo de su delictiva y bien renumerada profesión, sumando más de 18 ocasiones de poner pies en polvorosa.

El inventor de Sundance, amparado en la dirección de David Lowery, mezcla con tino el melodrama de atracos bancarios en el orden de lo criminal y mal visto en el ocaso de su trayectoria delictiva con una película (The old man and the gun) con nominaciones a los Globos de Oro y a los Satellite Awards, con el seductor encanto de su protagonista en plena vejez, que maneja un humor un tanto socarrón en este thriller policiaco nada convencional.

Lo mismo le pasa a Clint Eastwood, otro octogenario a punto de retiro involuntario que se alquila como mula de un cártel mexicano para llevar drogas conducidas en auto a buen mal puerto, cuando nadie le ofrece trabajo. Sin embargo, ya se sabe, aparece un agente de la DEA. Es posible que estas películas no se asomen por las pantallas grandes de las leoninas distribuidoras de cine. Sin embargo, ahí es donde hacen su chamba los que sí saben de Blu-rays y DVD.

Si Alfonso Ruizpalacios, director del “thriller”, Museo, basado en hechos reales (el robo en la Navidad de 1985 de muchas piezas prehispánicas perpetrado por Carlos Perches y Ramón Sardina al Museo Nacional de Antropología) y su cogionista, Manuel Alcalá no tienen idea de lo que es un vocho (en el que llegaron y escaparon sin testigos, luego del saqueo), qué van a saber de la historia de cómo ocurrieron los hechos, documentados plenamente en su momento. Sin embargo, parece que lo malhecho y peor documentado en la película protagonizada por Gael García y Leonardo Ortizgris es lo que actualmente se premia en Berlín (Guión) y Morelia (Director y Premio del Público).

La explicación es muy similar a la de ROMA, de Alfonso Cuarón: vámonos con la cargada porque parece que no está bien visto (y menos ahora con tanto premio obtenido) señalar muchas de sus rudimentarias fallas (el montaje del Halconazo, la sabiduría del profesor Zovek…) y su menopaúsico ritmo lento somnoliento, aunque muchos apelen a eso de cine u obra de arte bellísima, inconmensurable, desgarradora, exquisita, súper intimista, cine en estado de gracia y demás calificativos halagadores… Así que cuidado con no alinearse y tratarla como un somnífero fílmico o un ejemplo límite de lo soporífero, porque está mal visto hablar mal de ella o criticarla. ¡Ya chole!

Por último: el mecanismo imparable de la corrupción gubernamental, explicada en la primera temporada brasileña de O mecanismo, serie basada deliberadamente en hechos reales que destaparon el mayor escándalo de lavado y ocultamiento de dinero del gobierno de Brasil con empresas petrolíferas y políticos mega corruptos, descubiertos por policías (Selton Mello y
Caroline Abras) que no tenían idea en lo que se estaban metiendo, hasta que se metieron, en el fuego cruzado de los cañonazos del dinero, que todo lo puede por las buenas o por las malas.

 

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