Series vemos, historias no sabemos

José Xavier Návar

Cuántas veces hemos visto series de televisión que enganchan desde el primero al último capítulo, no importando las temporadas de que se compongan.

Series que incluso por lo adictivo de sus historias, uno puede ver de un jalón.

Y cuántas veces los primeros episodios nos remiten a lo inesperado y a la sorpresa que acaba volviéndonos instantáneamente fans.

La verdad, muy pocas para la oferta que nos vende Netflix, Claro Video y Blim, en ese orden de importancia.

Esas mismas plataformas ofrecen también series que, en su primero y segundo episodios, prometen un enganche que nunca acaba de cuajar, o que toma rumbos desconocidos a los prometidos en sus tráilers.

De estas hay muchas que acaban en la franca decepción.

Para no perder el tiempo siempre está la opción de abandono voluntario, aunque algunos, como si estuvieran jugando en cualquier casino, le den una oportunidad a lo que ya no tiene remedio.

El promedio de vida de cualquier serie que se respete en temática, historia original y reparto, tiende a ser de dos a tres temporadas máximo.

Algunas se van a cuatro y muy pocas se van a extrainings.

Eso sí, las decepciones a pesar de tráilers y spoilers, están a la orden del día y muchas aspiran siquiera a la marca dejada por clásicas como The Wire o modernas como Breaking Bad.

En el limbo entre éstas están muchas series de ver (hasta donde se pueda) y olvidar.

Ejemplos de esto abundan. Designated Survivor con el ex 24, Keifer Sutherland en el papel del suplente del presidente de Estados Unidos arrancó muy bien, cuando circunstancias terroristas desconocidas, hacen que tome el poder un miembro medio del gabinete presidencial.

La búsqueda de los culpables que vuelan, el Capitolio y la corrupción política se vuelven tema central.

Cuando se señala al terrorista (un exaltado patriota) y se intensifica su cacería, la serie se pone buena.

Lamentablemente, el ejército de guionistas que escribió la historia, se desvía de su objetivo (aunque hay una débil trama paralela) y se vuelve una serie con un presidente, más preocupado por los problemas domésticos y familiares que políticos, no obstante atentados de guerra con misiles, rescates imposibles y hasta apagones, cuando el mandatario no le dedica tiempo hasta un problema de abejas en una granja.

Los miembros de su gabinete (que le han sido fieles en las buenas, las malas y las peores) parece que no llegarán a al episodio 43 en lo que ya parece una comedia familiar de CBS.

Tirador (Shooter) el megathriller protagonizado por el franco tirador experto, Bob Lee Swagger (Mark Walhberg) pasó de la pantalla grande a la serie.

Tres temporadas, de más a menos, pintan muy mal si es que llega a la cuarta, con una historia de venganzas personales, poder sin límites, corrupción de altas esferas gubernamentales y organizaciones fantasmales (Atlas) con delirios de poder.

Por el momento lo fuerte de la apuesta de Netflix está, eso sí, en sus impecables y bien montados documentales.

Lo demás es harina de otro costal.

 

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