El Líder, el Partido, el Movimiento

Guillermo Sheridan

Me he referido últimamente a las cuitas y sobresaltos por los que transcurre la temblorosa existencia del Instituto Nacional de Formación Política del Morena (IFP), entidad encargada de conducir al pueblo hacia la verdadera democracia (no representativa sino participativa) por medio de un verdadero partido político.

¿Verdadero? Sí, pues que aún está en duda su existencia, como se desprende del dramático “Comunicado” que firman Paco Ignacio Taibo II y otros “brillantes pensadores” (que es como se autodefinen en sus documentos, legibles en su página web: ifpmorena.mx).

Celebran los brillantes pensadores “la gran insurgencia cívica” que llevó al triunfo a su Líder y reivindican la concentrada línea ideológica que emanó de su dialéctico intelecto: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Mas para conseguir ese liderazgo de la pobreza final, argumentan que se “requiere de un partido que acompañe y respalde este proceso.”

Y ahí es donde comienzan los problemas porque, como concluyeron sumariamente, previa consulta a mano alzada al mítin de su propia brillantez, “este partido no existe”.

Argumentan que para la campaña sí existió Morena como “movimiento”, pero que no existe ahora el partido que lo reemplace para hacer realidad el proyecto de la campaña. Se preguntan: ¿tiene el Morena “estructuras orgánicas permanentes”? No. ¿Hay “análisis de lo que está pasando” en materia de “desafíos y resistencias”? No. ¿Tiene “espacios orgánicos de información, de discusión, de reflexión”? Otra vez no.

Lo que sí tiene el Morena son los mil 600 millones de pesos que recibirá este año del erario generoso. Y según el Morena, la mitad de esas prerrogativas deberán utilizarse para financiar al Instituto de los brillantes pensadores organicistas (Taibo, Ackerman, Barajas El Fisgón y el indispensable teólogo Dussel, entre otros). ¿Lo conseguirán? Misterio.

Los pensadores acusan a la señora Yeidckol —presidenta en funciones del Morena— de convertirse en Mrs. Hyde a la hora de repartir los millones necesarios para que haya “un verdadero partido político, con militantes formados, informados, conscientes”. De otro modo, dicen, “la 4T puede naufragar”.

Pero, ¿se puede pensar siquiera que la presidenta en funciones del Morena funcione sin la venia del presidente Líder Supremo? ¿No será que hay escasez de partido porque, precisamente, hay abundancia de Líder? ¿Necesita el Líder de un partido que sería, cuando mucho, su apéndice latoso? Pues si tanto abomina el Líder del dinero y de todo intermediarismo, ¿para qué querría un oneroso partido intermediario?

El partido del Líder es Él mismo, el partido de un individuo solo. Fortalecer un partido incluiría que Él aceptase ser parte de algo, lo que no sólo sería inútil sino limitativo. Partido viene de “parte”, y Él es ya la totalidad de El Pueblo. Es el Movimiento de Regeneración Nacional, el Morena, el que es parte de Él; es el Morena el que lo necesita a él, no al contrario.

Quizás por eso a Él le parece mejor dejarlo en calidad de “movimiento”, esa categoría anfibia a la que son proclives los líderes de la izquierda latinoamericana, como el Movimiento Al Socialismo (MAS) del líder boliviano; los movimientos Quinta República (MVR) y Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200) de la dupla Chávez-Maduro en Venezuela, y, claro, el tan recordado y vigente Movimiento 26 de Julio (M-26-7) de la familia Castro en Cuba, etc.

Conservarse movimiento (hasta doctorarse si es menester como partido-movimiento-gobierno o aun como partido-movimiento-Estado) es más atractivo. Ser movimiento perpetuo aporta una tensión de urgencia, de obra en eterna construcción, lo que propicia una versatilidad política adecuada a un Líder Supremo; algo mucho más funcional que un partido rijoso, jerarquizado, que se llena de “ratas” (como las llama el teólogo Dussel) que se dividen en facciones, incuban liderazgos aspiracionales y engendran pretapados ambiciosos.

Y esto no le interesa a un Líder que aspira a tomarse la selfie con todos y cada uno de los beneficiarios de sus programas sociales, ciudadanos para los que el “bienestar” llega directamente de Él, del Líder, no del gobierno, ni de las organizaciones, pero tampoco del “partido”. Y su verdadero partido son los beneficiarios. ¿Qué necesidad tiene de meterlos en “estructuras orgánicas permanentes”?

Convertir al Morena en un partido —por ejemplo: el Partido de la Cuarta Transformación (Pacuatra)— es una necesidad imperiosa de los ideólogos y de media docena de pretapados, pero, hasta ahora, no de su Líder.

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