Se murió el futbol

Sí, murió en Argentina, porque no hay poder humano que pueda frenar a delincuentes disfrazados de barristas

Sí, murió en Argentina, porque no hay poder humano que pueda frenar a delincuentes disfrazados de barristas. Se llaman “Los Borrachos del Tablón” y sus líderes convienen a políticos, incluso al presidente de Argentina. Grupos de choque que, a veces, sirven para desestabilizar e infundir miedo.

El sábado en Buenos Aires no fue la excepción. Una muestra a todos: directivos de Conmebol, River Plate, la FIFA y hasta al Intendente (Alcalde) Rodríguez Larreta, quien manda en la ciudad. Un mensaje de terror en un país que se escuda en la palabra “pasión” para delinquir, porque hasta Maxi Rodríguez, ex seleccionado argentino, tuvo la mente desenchufada al escribir en Twitter: “Amigo, acá en Argentina esto es normal.

Lo llamamos pasión. No cambiamos más”, en respuesta directa a Carles Puyol, cuando el catalán puso “qué pena las noticias que llegan de Argentina... Así no se vive el futbol. VERGÜENZA!!!”.

Los líderes barristas fueron sorprendidos días antes del partido de vuelta por la policía, que emitió un comunicado el 23 de noviembre: “Desde esta mañana, se están llevando a cabo inspecciones en domicilios vinculados a barras del club River Plate. Los motivos de este operativo, autorizado por la jueza Patricia Larocca, Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas N 12, es la lucha contra la reventa ilegal de entradas de espectáculos deportivos en sitios de internet”. Una de las casas inspeccionadas fue la del líder de “Los Borrachos del Tablón”. Descubrieron que tenía 300 boletos y siete millones de pesos en efectivo.

La venganza fue inmediata, demostrar quién es el que manda, y por eso armaron la emboscada al camión de Boca. Después, la policía lo hizo peor al lanzar gases lacrimógenos y mostrar su pobre operativo. A estos inadaptados no les importa el futbol, sólo el poder y el dinero. El mensaje fue: me tocas, te armo un escándalo y te demuestro qué fuerte soy. La próxima vez, no me toques.

Argentina es un país en el que sus barristas controlan a placer a los equipos, los llevan a que se cumplan los intereses personales y les vale tres reverendos pepinos el futbol. Están ahí por el control, el dinero y el poder.

La Conmebol fue superada en todo. Alejandro Domínguez, el presidente, demostró alta incapacidad en el manejo de crisis. Esta organización, que fue señalada en el FIFAGate por la corrupción de Juan Ángel Napout, así como empresas de televisión argentinas, se supondría que tendría una nueva cara.

Errónea percepción. Siguen  demostrando que todo es política, quedar bien, sin tomar decisiones contundentes. No hay lugar para la decisión fría de un negocio.

Escudados en que todo lo que pasó fue en la esquina de las calles Libertador y Quintero, vuelve el futbol a responsabilizar a terceros, cuando todos saben que fueron los barristas de River. Deben tenerlo presente, es evidente; por eso, el fracaso del operativo policial fue contundente.

En River disfrazan la situación alegando que fue lejano al Monumental, que ahí no tienen por qué controlar, pero toda Argentina y la Conmebol saben quiénes fueron.

La “final del mundo” se convirtió en la “final del inframundo”, vergüenza de Argentina para el mundo.  

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