No es lejano a nuestro país, ni mucho menos intrascendente lo que sucede en el futbol español. El Real Madrid y el Barcelona se han convertido en equipos seguidos en todo el mundo, el partido entre ellos es visto por millones; hay una verdadera afición.

Lo de ayer en el Camp Nou tiene explicaciones simples. Florentino Pérez se empeñó en destruir a la selección española en pleno Mundial de Rusia, anunciando arrogantemente que su equipo ya había contratado a Julen Lopetegui como entrenador para esta temporada, algo que llevó al desfiladero a uno de los equipos favoritos para quedarse con la Copa del Mundo .

El presidente del Madrid, enfrascado en su proyecto de remodelación del estadio Santiago Bernabéu, que consiste en construirle un caparazón con un medio techo, parece tenerle totalmente concentrado, olvidando lo más importante: el equipo.

Hace un año, cuando el Barcelona goleó a los merengues en el Bernabéu 0-3, Zinedine Zidane intentó hacer cambios en el mercado invernal. Vender a Gareth Bale y mandar a Karim Benzema al banco de suplentes, y realizó una petición que no fue tomada en serio por el presidente: contratar a Neymar y darle continuidad a Marco Asensio. No lo logró, y paradójicamente cuando nadie daba un céntimo por ellos, ganaron la Champions League, la 13 de su historia. Pero ese fantasma del título empañó la visión del futuro, Florentino estaba convencido que los jóvenes, junto a futbolistas de renombre, entre ellos Bale y Benzema —los deshechos de Zidane—, sacarían adelante el año futbolístico, claro, bajo la tutela de un especialista en futbolistas de categorías inferiores como Lopetegui (campeón de Europa Sub-19 y Sub-21).

No fue así. Todo estaba prostituido desde el inicio y pocos han detectado que este equipo necesita una reforma desde las bases, por eso el proyecto de jóvenes es atractivo. Desgraciadamente, hay quienes han perdido el hambre de ganar con el Madrid. Observar la displicencia de Ramos, Benzema, Bale y Kroos en el primer tiempo del clásico, debe apresurar los fichajes de quienes sí desean encontrar en el equipo más ganador de la historia del futbol, la gloria. Sólo hay que detectar declaraciones como las de Sergio Ramos cuando se le preguntó por Antonio Conte: “¿Conte? El respeto se gana, no se impone”, eso habla de la soberbia con la que caminan a diario muchos por Valdebebas.

El lugar común del periodismo deportivo es aberrante. Sólo se leen y escuchan obviedades: “desde que se fue Ronaldo y Zidane se sabía que esto sucedería” ¡Mentira! Es mucho más profundo. Es la idea directiva de encerrarse en un proyecto de nula renovación. Por eso no se entiende que contraten a un “dictador” como Antonio Conte. Nada tiene que ver con la fisonomía de un equipo diseñado para ser ofensivo y tener alta dosis de toque de pelota. Con el italiano será todo lo contrario. Al ser especialista en sacar resultados positivos (campeón con Chelsea, Juventus y el encargado de eliminar a España en la pasada Euro) a como dé lugar, sin importar las formas, el futbol al que está acostumbrado el madridismo desaparecerá.

No hay bonanza deportiva en Madrid. Otra vez al jugarse la final de Champions en su propia ciudad, se ve lejano que repitan. Primero, a convertirse en un equipo “pequeño” para sacar puntos como sea, bueno, por lo menos esa es la idea de Don Florentino al traer a Conte.

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