Emocionante. Es la definición de atestiguar el otorgamiento de un Mundial a tu país , aunque sólo sean 10 partidos . Crítica sensata y entendible del por qué no se negociaron más en la nación más futbolera de la sede United 2026.

Un privilegio estar dentro del Expocentre de Moscú y observar a detalle el 68 Congreso de la FIFA , y más con el colofón de entregar la organización del Mundial a Norteamérica , en el inicio de los certámenes populistas, los de 48 equipos.

Hay que ser francos: el Mundial 2026 es un espectacular movimiento de Estados Unidos para mostrar su poderío en infraestructura, organización y dinero, teniendo como comparsa a dos vecinos que siempre serán necesarios para llegar a sus ambiciosos objetivos. Da igual si hay más partidos en Texas, California y Georgia que en México ; así lleva siendo desde hace años.

Copa Oro,

partidos de la Selección Mexicana, Copa América Centenario ... En fin. Ese país es parte del futbol actual, es donde existe el capital humano y económico para tener siempre llenas las tribunas de sus magníficos estadios y encontrar seguridad, buenas comunicaciones y una solvencia que pocos en el planeta te pueden dar. Que sea ahí es como si fuera en México. Hay vuelos más baratos a Phoenix que a Cancún o a Los Ángeles que a Chetumal, así que no se rasguen las vestiduras, lo de ayer es algo positivo y emocionante. Es un Mundial; sí, un maldito Mundial, competencia a la que viajan entre 30 y 40 mil mexicanos cada vez que se juega. El mexicano es feliz en los Mundiales, es su hábitat natural. Ricos y pobres hacen todo para ir, porque el sueño de que alguna vez trascenderán en el campo es tan grande que invertir miles de dólares vale la pena, incluso si ese dinero viene del empeño para pagar el viaje.

Se cierra —por el momento— la historia de la sede 2026. Ya habrá tiempo de dedicarle páginas y páginas, pero hoy sería una falta de respeto dejar a un lado la inauguración de la Copa del Mundo. El vetusto, pero hermoso estadio Luzhniki verá a los anfitriones, la catalogada peor generación en la historia del futbol ruso. Dirigidos por Stanislav Cherchésov , se ve un duro panorama para un equipo que tiene en el delantero Fyodor Smolov y en su portero Igor Akinfeev a sus grandes estrellas. El objetivo es que lleguen por lo menos a octavos de final, no desilusionar a los aficionados rusos y tener decoro. Por eso, Arabia Saudita sale como la comparsa perfecta para cumplir el primer objetivo.

De no haber sido el partido inaugural, estaríamos diciendo que es uno de los menos atractivos de los 64 que componen el Mundial, pero el marco de festividad y que se acabe la espera de cuatro años lo hace especial.

Mucho que platicar en estos días. Habrá tiempo. Hoy, que inicie el futbol.

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