Menos grillos caritativos y más esquiveles con AMLO, por favor

Elisa Alanís

La caridad es una “actitud solidaria con el sufrimiento ajeno”. “Limosna que se da o auxilio que se presta a los necesitados”, señala la RAE. En el cristianismo es una virtud. Qué bueno que cada vez existan más personas que la abracen.

Pero si los servidores públicos quieren mostrarse caritativos, sus acciones deben ser transparentes como el agua pura y certeras como flechas en el blanco.

En lugar de repartir dinero a través de un fideicomiso conformado por amigos, seguidores y colaboradores —con escasos controles, magros resultados, pero electoralmente lucrativo— deberían presentar planes de gobierno e iniciativas de ley que combatan de manera estructural la pobreza y desigualdad. Así como medidas que realmente logren resarcir daños de manera oportuna en caso de catástrofes.

López Obrador tiene a su lado a gente preparada y que goza de prestigio.

Tal es el caso de Gerardo Esquivel.

Luego de los terremotos, el doctor en economía estuvo muy activo en sus redes. Estableció la idea de un esquema de aseguramiento colectivo. Se trata del pago de una pequeña prima de daños a través del impuesto predial que garantice que quienes pierdan su vivienda puedan cobrar de inmediato al menos el valor catastral de la misma. Es experto en estos temas medulares de justicia social.

El reporte que realizó sobre Desigualdad extrema en México. Concentración del poder económico y político, se volvió un referente.

Desde su próxima encomienda como subsecretario de Presupuesto de Hacienda estaría en posición de impulsar lo expuesto a través de una agenda que impacte, en serio, en mejores condiciones para todos.

En resumen, para apoyar a quienes lo necesitan —por su condición de pobreza o porque se vieron afectados por sismos— se requieren más políticas de Estado sometidas a la transparencia y el escrutinio público y menos fideicomisos “privados” protegidos por la falta de rendición de cuentas.

Menos grillos y más esquiveles, pues.

RAZONES Y PASIONES: Los reflectores están puestos en el futuro del país. En el virtual Presidente electo y su grupo. Es natural. Son buenas noticias para la democracia que se les dé seguimiento con lupa. Que se informe, analice, critique o reconozca su actuar.

Pero no hay que olvidar que Peña Nieto sigue siendo parte del presente y del pasado reciente.

Este presente donde todavía toma decisiones y dispone de recursos.

Ese pasado que pretendió mover a México y lo que logró fue sacudir al país en busca de una salida a su desastrosa gestión.

Ayer en las páginas de EL UNIVERSAL se informó que Andrés Manuel heredará una deuda histórica (por cierto, que incluye fideicomisos). De casi 10 billones de pesos. Equivalente a 42.2% del PIB. La más alta del presente siglo.

Estimado lector, ¿tiene usted 80 mil pesos que le sobren? ¿Que no le hagan falta? ¿Que pueda juntar? ¿Que esté dispuesto a entregar en este momento?

Porque es el dinero que cada uno de los mexicanos tendríamos que aportar para saldar la deuda que nos dejará EPN.

Y aún le quedan cuatro largos meses para seguir haciendo lo que ya demostró que es capaz de hacer.

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