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Uno de los momentos de mayor tensión este año será el Mundial de futbol. No sólo por los resultados que pueda obtener la Selección, sino por los miles de mexicanos que estarán ahí, en un evento masivo que ha sido ya varias veces amenazado por el grupo terrorista más letal de la actualidad.
Por eso generó una enorme preocupación que apenas la semana pasada una bomba explotó y dejó 13 personas heridas en un supermercado en San Petersburgo, ciudad sede de algunos de los más atractivos partidos, quizá la más bella de Rusia, la segunda más importante, que vio nacer al todopoderoso presidente Vladimir Putin.
El Estado Islámico se adjudicó el ataque. A los tres días, las autoridades rusas desecharon esa versión y aprehendieron a un individuo como responsable único: dijeron que lleva quince años bajo observación siquiátrica y que el ataque fue motivado por el odio a unos talleres sicológicos a los que asistía.
La lucha contra el terrorismo es la médula espinal del poder de Putin. Cuando desapareció la Unión Soviética, llegó a las grandes ciudades de Rusia el terrorismo con fines políticos. Un par de explosiones en el metro de Moscú lograron que el entonces presidente Yeltsin reviviera a los servicios de inteligencia y, curiosamente, ese fue el primer cargo de Putin de relevancia nacional.
Ya en la gestión de Putin, de 2000 a 2004, la escalada terrorista en Rusia se volvió pesadilla para la gente, especialmente con las explosiones atribuidas a separatistas chechenos en dos edificios de departamentos en el sur de Moscú y luego la toma por parte de las viudas de los combatientes chechenos del teatro Dubrovka (2002) que acabó a sangre y fuego. El punto de inflexión fue el secuestro de la escuela en Beslán en 2004. Putin se colgó de ahí para verticalizar el poder y desplazar a los gobiernos locales con la bandera del combate al terrorismo.
Pragmático, desde 2005 adoptó un enfoque antiterrorista en el que el ciudadano acepta todas las revisiones, todas las barreras, toda la vigilancia, todo el ejercicio de autoridad en su vida cotidiana, sin quejarse por los derechos humanos, en nombre de no dejar prosperar al terrorismo. Todos los rusos están acostumbrados a que al oír la palabra “Dokumenty!!!” (documentos), muestren la identificación oficial que cada mayor de edad está obligado a portar en todo momento y a mostrar al policía, guardia o personal uniformado o de civil que lo exija, sin necesidad de explicar el motivo.
El enfoque se complementa con el diálogo político y económico que mantiene el régimen con los grupos minoritarios, marcadamente los musulmanes (que tienen su bastión en otra ciudad sede, Kazán).
Nadie duda que para el Mundial, Putin lleve este estado de cosas a su máxima expresión. Sobre todo si se toma en cuenta que once de los estadios son totalmente nuevos o construidos en los últimos cuatro años. Les pusieron lo que quisieron para monitorear a los que entran.
A ver si le sale. Hay muchos interesados en aguarle la fiesta.
SACIAMORBOS. Mexicanos que van al Mundial: ya saben cómo reaccionar cuando escuchen el mentado “Dokumenty!!!”.
historiasreportero@gmail.com
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