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Si quiere ser mafioso…

15/10/2018
02:06
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Digamos por decir que usted se quiere volver mafioso y que anda a la caza de oportunidades para hacer negocios ilegales ¿Hacia dónde voltearía usted? ¿El narcotráfico? Sí, pero no: mucho dinero, pero mucho balazo y mucha atención de los gringos ¿El huachicol? Puede ser, pero cada vez hay más competencia en el ramo y los participantes en ese mercado no se distinguen por usar métodos amables ¿La extorsión? Pura tendencia monopólica, altas barreras a la entrada (algunos tipos con AK-47, por ejemplo).

¿Y entonces? Va una sugerencia: el alcohol ilegal.

¿Pero cómo? ¿No es eso algo de Chicago en los veinte, de Al Capone, de los Intocables? No.

Según un estudio de la consultora Euromonitor, elaborado para la Comisión para la Industria de Vinos y Licores (CIVYL) y otras organizaciones gremiales del sector alcoholero, estas eran en 2015 las dimensiones aproximadas del mercado informal de bebidas alcohólicas destiladas (tequila, vodka, whisky, etc.) en México:

El volumen total de bebidas destiladas vendido en el mercado informal se estimó en casi 17 millones de cajas de 9 litros, equivalente a 36% del mercado total.

En términos de valor, las ventas informales se estimaban en 19.4 miles de millones de pesos. Eso significaría una pérdida fiscal estimada (solo en materia de IEPS) de 6 mil millones de pesos al año.

Ahora, dado que esas cifras se generaron para la industria, habría tal vez razones para el escepticismo. Pero aún si se les dividiera por diez, estaríamos ante un mercado de miles de millones de pesos. Y nótese que no estamos viendo aquí el problema completo: habría que sumar lo que exista de mercado informal de vino y cerveza.

¿Y cómo se entra a ese mercado? Pues hay muchas formas de violar la ley en materia de alcohol. Hay producción que se hace sin cumplir normas sanitarias, de manera artesanal o industrial, o sin pagar los impuestos correspondientes. Hay contrabando, bronco o técnico, por aduanas o por cruces informales. Hay falsificación. Hay piratería. Hay relleno de botellas. Hay venta sin licencia.

Todo eso sin contar la forma más cotidiana de ilegalidad en materia de alcohol: la venta de bebidas embriagantes a menores de edad.

¿Y por qué tanta ilegalidad? Porque el alcohol es un producto fuertemente regulado y sujeto a elevados impuestos. En una botella promedio de un destilado, aproximadamente 60% del precio que paga el consumidor es impuesto. A eso hay que sumarle los costos regulatorios que se le imponen a la industria a todos los niveles de gobierno. Con eso, los incentivos están puestos para que muchos intenten saltarse las trancas.

Pero, si ese es el caso, la salida sería fácil, ¿no? Desregulemos y bajemos impuestos. Puede ser, pero entonces hay un problema distinto: menos impuestos y menos regulaciones significan menores precios. Eso se traduce en más volumen comprado y bebido, con las consecuencias que eso trae consigo. Más accidentes, más muertes por cirrosis, más violencia intrafamiliar, más muchas cosas.

También se podría pedir que las autoridades trataran de hacer cumplir la ley. En 2016, por ejemplo, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) reportó el decomiso de 1.8 millones de litros de alcohol ilegal. Eso no llega ni al 5% del mercado informal. Podrían hacer más, pero ¿cuánto más? El problema es presupuestal, pero también de libertades ¿O queremos una guerra contra el alcohol?

Entonces, resumiendo, si usted quiere ser mafioso, tiene aquí negocio para rato.

Sí usted es simple ciudadano, tiene un dilema que vale lo mismo para el alcohol que para las drogas ilegales y que no se resuelve con el facilismo que pide que se legalice (o “regule”) todo.

[email protected]: @ahope71

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