Para transformar a nuestras policías

Alejandro Hope

Hace dos días, hablé en este espacio sobre el desastre de nuestras policías. Detallé en esa columna los resultados de dos ejercicios elaborados por la organización Causa en Común: un Índice de Desarrollo Policial (Indepol) y una encuesta entre policías estatales. Ambos dan cuenta, en ángulos distintos, de la fragilidad institucional de las policías estatales.

Esos diagnósticos son un llamado a la acción, pero no bastan para detonar cambios. Para eso se requieren también ideas. Por suerte, Causa en Común y la Red por la Seguridad compilaron en paralelo un decálogo de propuestas para transformar a nuestras policías. Aquí va, sin mayores comentarios míos: 

1. Establecer un solo modelo de policía a nivel nacional. Eso significa homologar los procedimientos, capacidades institucionales y modos de operación de las corporaciones municipales, estatales y de la Policía Federal, así como modificar la ley a fin de incorporar sanciones e incentivos para dar cumplimiento a las reformas orgánicas y estructurales de todas las policías del país. En paralelo, garantizar que el municipio cuente con una fuerza policial que mantenga el orden público, y realice funciones de proximidad social, prevención, vigilancia, tránsito y primer respondiente.

2. Basar la operación de las instituciones de seguridad en la planeación, la recolección y el análisis de información, la investigación y la generación de inteligencia.

3. Definir una estructura a nivel de Secretaría de Estado, encargada exclusivamente de la seguridad pública y reanudar los programas de crecimiento y desarrollo de la Policía Federal.

4. Certificar a las academias e institutos de formación policial, aplicar el Programa Rector de Profesionalización y evaluar periódicamente a los elementos.

5. Auditar y fortalecer a los centros de control de confianza, a la vez que se flexibiliza la aplicación de exámenes y se homologan los protocolos. Asimismo, en cumplimiento de la ley, dar de baja los elementos que no aprueben los exámenes.

6. Crear un solo modelo para las Unidades de Asuntos Internos y promover la supervisión externa de las policías

7. Incrementar el tamaño de las corporaciones, pero primero transparentar su estado de fuerza (es decir, saber cuántos policías hay).

8. Ampliar el presupuesto de las policías y establecer una estrategia multianual, pero al mismo tiempo condicionar los recursos al cumplimiento de objetivos y metas.

9. Establecer y poner en marcha un régimen complementario de seguridad social para los policías (seguros, atención médica, pensiones, etc.)

10. A la par de la reforma policial, iniciar un proceso de transformación de las procuradurías y lanzar una intervención urgente para atender la crisis de las prisiones.

Muchas de estas medidas suenan obvias. Pero en nuestras policías (y en todo el sistema de seguridad y justicia) lo obvio no es tan obvio y lo elemental no se cumple. Las carencias, tanto materiales como institucionales, son extraordinarios y por eso es necesario empezar por los cimientos.

Pero tan sólo poner ese piso firme, tan sólo contar con una estructura básica, tan sólo dotar a las policías de elementos básicos de operación, sería casi revolucionario.

Entonces, si nuestros gobernantes (y los que aspiran a serlo en el futuro próximo) desean transformar a las policías e iniciar un proceso sostenido de pacificación en el país, tienen aquí una hoja de ruta. Ojalá algunos decidan seguirla.
 

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