Hace 31 años (1988), tiempo de revuelta en México, en la ciudad de Bogotá, Colombia, se construía la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO). Un paso necesario para hacer visible, legible, aprehensible, medible, una realidad lacerante en nuestra América Latina: las condiciones y medio ambiente de trabajo en que se realizan las actividades domésticas, que tiene en las mujeres a su principal víctima.

Rompiendo el cerco de las convenciones sociales, que machaconamente repite que la “ropa sucia se lava en casa”, esta significativa acción permitía la construcción de un nicho de observación de un viejo problema. Vamos hacia atrás en la historia, recuperando las palabras de Eric Hobsbawm: “sé que si les pidiésemos a los novelistas del siglo XIX, que una y otra vez nos cuentan que los hijos de las familias burguesas tenían sus primeras experiencias sexuales con las criadas de sus padres, una prueba estadística de la frecuencia relativa de tales episodios, no serían capaces de proporcionárnosla. No obstante, estoy dispuesto a creer lo que afirman esos novelistas al margen de las estadísticas, en parte porque son buenos observadores y en parte porque lo que dicen dista mucho de ser inverosímil”.

A veces se presenta como un hallazgo, no algo intencionalmente buscado: “Con la novia, en nuestro tiempo, fue de manita de torta y besito y ya para agasajo mayor, los lugares donde aprender el sexo incluso, la mayoría o lo aprendimos en ciertos lugares o con las sirvientas, por desgracia, así fue mayormente nuestra educación”, cita Carmen de la Peza. No se aclara en el testimonio del informante, ¿la desgracia para quién? Acudamos a la generosa pluma de José Emilio Pacheco para, desde la otra Roma, comprender el fenómeno: se refiere a Héctor, personaje de la novela Batallas en el desierto: “elegante”, “serio” de adulto. Pero de “joven”, “en aquella época: sirvientas que huían porque ‘el joven’ trataba de violarlas (guiado por la divisa de su pandilla: ‘Carne de gata, buena y barata’, Héctor irrumpía a medianoche, desnudo y erecto, enloquecido por sus novelitas, en el cuarto de la azotea; forcejeaba con las muchachas y durante los ataques y defensas Héctor eyaculaba en sus camisones sin lograr penetrarlas: los gritos despertaban a mis padres; subían; mis hermanas y yo observábamos todo agazapados en la escalera de caracol; regañaban a Héctor, amenazaban con echarlo de la casa y a esas horas despedían a la criada, aún más culpable que ‘el joven’ por andar provocándolo). Para Héctor, “carne de gata buena y barata”, una historia de acoso que articula al pasado con el presente, que no cambia para Fermín (personaje de Roma): “pinche gata”. Donde pongamos el dedo en la geografía mexicana, estas historias se repiten.
En el congreso de la CONLACTRAHO citado, se convino que el 30 de marzo sería el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. Más allá de haber ganado en visibilidad, en el caso mexicano, explorando la aseveración de R. Ricchi de que trabajar enferma, pero sobre todo lo que enferma son las condiciones en que se realiza el trabajo, como bien apunta J.C. Neffa, en la estadística oficial mexicana empieza el proceso de elaboración de referencias del trabajo doméstico remunerado. Destacan los esfuerzos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, desde su conceptualización - trabajadoras domésticas, “Personas que trabajan para el hogar desempeñando quehaceres domésticos a cambio de un pago en dinero o en especie y pueden vivir en la vivienda o ser de entrada por salida. Realizan actividades como lavar, planchar, cocinar…” (INEGI/Inmujeres), hasta la elaboración de indicadores e índices.

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En lo físico, el capítulo VI de Salud en el Trabajo, es la construcción de las estadísticas del trabajo del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Sin embargo, las trabajadoras domésticas remuneradas se encuentran fuera de la adscripción al IMSS, por lo que no hay un registro sobre la accidentalidad en el trabajo doméstico remunerado. La aproximación que vamos a hacer es a partir de una analogía.

En el capítulo referido, en "Accidentes de Trabajo, según ocupación, tipo de lesión y sexo, 2013", podemos apreciar en los Limpiadores de Oficinas, Hoteles y Otros Establecimientos y en los Cocineros el peso de la accidentalidad respecto al conjunto general de ocupaciones. Si se revisa de acuerdo al número de accidentados por ocupación, la naturaleza precisa del accidente se aprecia nítidamente. Los principales problemas que afectan a las trabajadoras domésticas, entonces, extendiendo la estadística oficial, seguramente sub-registrada, frente a la invisibilidad del trabajo doméstico remunerado, como son las heridas, traumatismos superficiales, luxaciones y quemaduras, en el caso de las actividades que se realizan en las cocinas, a lo que habría que agregar el ruido generado por los artefactos de cocina (licuadoras, hornos de microondas, por ejemplo); en el caso de las actividades ligadas a la limpieza, destacan los traumatismos, las luxaciones y las heridas, a lo que hay que agregar los ruidos generados por las aspiradoras y las lavadoras de ropa, por ejemplo. Como se puede apreciar, las diferentes actividades generan problemas distintos, accidentes diferentes. Hay una mayor prevalencia en accidentes de luxaciones esguinces y traumatismos superficiales en las mujeres que en los hombres, mientras que las heridas se presentan más en el destacamento de trabajadores. Otro aspecto a destacar es la presencia de quemaduras y corrosiones, dominante en las personas que realizan actividades de cocina, en promedio casi diez veces más que en las personas que realizan actividades de limpieza. Llevemos este cuadro problemático dentro de los hogares. A partir de esta materia prima podemos construir el mapa de riesgos dentro de los hogares, donde es posible encontrar por espacios de trabajo la prevalencia en accidentes.

En esta línea de reflexión, exponemos parte de evidencia empírica recolectada en la aplicación de 82 cuestionarios (con 32 reactivos), aplicada a trabajadoras domésticas (2016).

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Este destacamento de trabajadoras ha encontrado resguardo en el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo, en el que se distingue claramente al trabajo precario. Algunas dimensiones de la precariedad del trabajo, en un sentido extenso, en relación con la salud destacan en el proceso de trabajo en observación: Duración excesiva y/o cambios inesperados en el tiempo de la jornada de trabajo; Trabajo considerado aburrido, en parte por la repetición de actividades, otro tanto por su confinamiento; Trabajo flexible, con exigencias físicas y psíquicas múltiples; Demasiado ligero o sedentario; Sin relación con la inteligencia del trabajador; Disminuido en las posibilidades de iniciativa; Régimen alimenticio disminuido; Nulos o pocos contactos sociales; “Desarrollo de conciencia servil”; Violencia física; Maltrato psicológico; Hostigamiento sexual; Remuneración baja; Cargas de responsabilidad familiar mayor por la débil participación masculina por ejemplo en las actividades del hogar.

Para disminuir optimismos, una mirada a la magnitud del problema en la estadística oficial mexicana: 9 de cada 10 personas que trabajan en hogares son mujeres; 95% no tienen acceso a sistemas de salud; 80% no cuenta con prestaciones; 61% sin vacaciones; 4.6% sin aguinaldo; sin porcentajes, víctimas de trato desigual. Por ello, bajo estas consideraciones, Mary Carmen Sánchez y Alejandro Toledo son lapidarios: “Para una trabajadora del hogar el único retiro posible es la muerte”.

La anulación de la personalidad y la desvalorización del trabajo acompañan a este destacamento de trabajadoras en la historia. Frente al argumento de que la ropa sucia se lava en casa, como una materialización de la invisibilidad del trabajo doméstico remunerado, brilla con luz propia el esfuerzo de la CONLACTRAHO al visibilizar el problema, así como empujar hacia la mejoría en las condiciones materiales y subjetivas de este destacamento laboral. Tremenda aportación social de estas mujeres sencillas e insumisas.
 

Departamento de Producción Económica, Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco

 

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