El logo del 68, plagio cincuentenario

Adriana Malvido

En su página web, en Wikipedia, en su cuenta de Twitter y en sus conferencias, dentro de aulas universitarias y hasta en los museos, el diseñador estadounidense Lance Wyman se presenta desde hace casi cincuenta años como el autor del logotipo que dio identidad a México durante los Juegos Olímpicos de 1968. La voz de Pedro Ramírez Vázquez en una grabación inédita lo desmiente: “Como buen americano, (Lance) ha sabido promover su participación, ha creado muchas confusiones de que es el gran creador. No. Él fue maquila”. Y revela que el primer boceto lo realizó Pedro Diego, un artista huichol.

La máxima de Goebbels: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en verdad”, parece ilustrarse en este ejemplo, con una versión que ha trascendido y que, a Beatriz Vázquez Ayala, diseñadora industrial con maestría en educación, le inquietaba porque era recurrente en trabajos y tesis de sus alumnos universitarios. Consciente de que en la historia del diseño gráfico en México el 68 es parteaguas, en febrero de 2001 decidió entrevistar en persona a Pedro Ramírez Vázquez, presidente del Comité Organizador de los Juegos de la XIX Olimpiada quien retomó el concepto original de los griegos: darle a la expresión cultural de cada país participante, el mismo peso que a las contiendas deportivas.

Vázquez Ayala da a conocer la grabación ahora, antes de que se conmemoren los 50 años del 68 en México el año próximo. Y para hacerles justicia a los verdaderos autores. A lo largo de una extensa entrevista, el arquitecto le cuenta que se inspiró en McLuhan para comunicar al mundo una imagen de México con lenguaje contemporáneo que abarcaría uniformes, señalización y ornato urbanos, boletos, timbres, carteles, publicaciones… Estaba de moda el Op Art y él encontraba una similitud —en la vibración o ilusión óptica que producen las líneas paralelas—, con el arte huichol, así que optó por jugar con esa idea. Llamó a Pedro Diego, un artista huichol que trabajó con él en el Museo Nacional de Antropología, y le pidió: “A ver, hazte un ‘México’ huichol”. Al recibir el primer boceto y evaluarlo con Mathías Goeritz, su principal asesor, determinó: “Vámonos con eso”. Así, Eduardo Terrazas le dio al dibujo una expresión técnica y Jesús Virchez, del equipo de Manuel Villazón, de la Universidad Iberoamericana, lo desarrolló. Fue, pues, una creación colectiva coordinada por Ramírez Vázquez.

Tenían el logo elaborado manualmente, pero les hacía falta la aplicación tecnológica. Entonces, el arquitecto decidió incorporar a su equipo lo mejor del diseño internacional con las nuevas técnicas. Su amigo John Nelson, director de la escuela de arquitectura de Yale, le recomendó al entonces joven Lance Wyman; de Londres llegó Peter Murdoch, luego dos italianos, un nórdico… Y a todos los mandó un mes a recorrer el país con Alfonso Soto Soria, para que se impregnaran de México, su colorido y lo que somos. “Lance, a quien aprecio, fue muy útil, aportó mucho, nos enseñó a manejar el codalite, para eso vino (…) pero no es el creador, fue maquila”. Cuenta don Pedro que llegó a decirle a Wyman tiempo después: “El concepto del logotipo es huichol y es nuestro, el concepto del señalamiento deportivo es de Chuy Virchez, y tú con una gran capacidad lo neutralizaste y abriste muchas posibilidades”.

Busco a Javier Ramírez Campuzano, hijo del arquitecto y heredero de sus derechos autorales. Abre el archivo y no sólo confirma todo lo anterior, sino que me entrega copia del dibujo del logotipo original firmado por su padre y la certificación a su nombre ante el Registro Público del Derecho de Autor (número 50030), con fecha el 12 de julio de 1967, lo mismo que el registro del cartel oficial de los juegos y la señalización urbana. De ambos, Lance Wyman se atribuye la autoría.

Es como si, poco a poco, Disney se atribuyera la creación del Día de Muertos y acabara por creérselo.

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@amalvido

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