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¿Hay topos falsos?

21/09/2017
23:00
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Texto: Xochiketzalli Rosas
Fotos y video: Carlos Arrieta
 

Refugio Bonilla regresaba de su trabajo a su casa, después del sismo que sacudió a la Ciudad de México de nuevo un 19 de septiembre, cuando desde el autobús en el que viaja sobre Av. Politécnico vio cómo eran desalojados los pacientes del Hospital Magdalena Salinas; la imagen lo estremeció, pero quizá no tanto como cuando un par de metros adelante, ya sobre Insurgentes, cuatro sujetos se subieron al transporte y amenazantes los intentaron despojar de sus pertenencias.

Cuco, como lo conocen sus vecinos, no daba crédito a lo acontecido en las horas en las que la ciudad aún se sumía en la incertidumbre y la desesperación. Y es que el hombre de 60  años no fue el único que vivió esa otra desesperación e impotencia: la de ser asaltado, pero esta vez, cuando las muestras de solidaridad y buena voluntad para ayudar en las labores de rescate desbordaban las calles.

Así le ocurrió a Alejandra Leyva, fotógrafa de esta casa editorial, a quien con un cuchillo un hombre de aproximados 20 años —que vestía con equipo de construcción—, la despojó del equipo telefónico tipo iPhone que le dio la empresa, mientras ella se encontraba en la cobertura en la colonia Roma, para retratar los destrozos del sismo.

“En ese momento las calles estaban vacías porque la gente se había concentrado en el edificio cercano que se había derrumbado”, narró Alejandra.

Además de robos a mano armada a peatones y automovilistas (en Santa Fe, Eje Central y Viaducto), también se presentaron denuncias —principalmente en redes— de personas que se identificaban de Protección Civil para ingresar a las viviendas y asaltarlos; estos hechos se denunciaron en Nicolás Romero, en el Estado de México, y en un edificio de condominios en Reforma. Incluso un club de motociclistas reportó el robo de motos, de quienes acudieron a ayudar al Hospital de Xoco, Xochimilco y cerca de Coyoacán la noche del 20 de septiembre.

Sin embargo, fueron, hasta el momento, dos casos los que sorprendieron más a los usuarios de redes: uno fue el conflicto por donativos para un grupo de topos, y el otro el reporte de una mujer atacada sexualmente en un edificio aledaño a un que había desplomado al sur de la ciudad.

Topos divididos por dinero

Apenas se iban a cumplir 24 horas de la hora cero, del momento en que comenzaron a contarse los minutos, las horas para conocer la magnitud de los daños por el temblor del 19 de septiembre pasado, cuando en redes sociales (tanto en Facebook como en Twitter) comenzaron a difundirse una serie de mensajes en los que la misma gente alentaba a otras personas a que donaran dinero a la cuenta bancaria de un grupo llamado Topos Tlatelolco.

En cuestión de minutos, decenas replicaban los mensajes, alentaban al resto de la sociedad a que donara. “No importa desde donde estés, ayuda donando”, decían algunos y acompañaban el post con el número de cuenta bancaria Santander de la organización. Incluso varias personas comenzaron a responder que ya habían realizado su donativo o que tenían dudas o problemas para hacerlo. Aunque también había quienes se mostraban asombrados porque decían que los topos no pedían donativos.
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En este punto, es importante recordar que, precisamente, en el sismo de hace 32 años, de las cenizas y solidaridad fue que se formó el grupo de voluntarios que coordinaron las acciones de búsqueda y rescate de los escombros de aquel 19 de septiembre de 1985, y que la gente, por sus labores entre los despojos, comenzó a llamarlos “Topos”. En aquella tragedia nació la agrupación. Pero fue hasta febrero de 1986 que se constituyeron legalmente y desde entonces esta brigada ayuda en México y el extranjero. Este grupo se nombró Brigada Internacional de Rescate Topos Azteca y fue fundada y liderada por Héctor Méndez, mejor conocido como El Chino Méndez, un hombre que había participado en los rescates del sismo del 85.

Así, para las cuatro de la tarde del día posterior al temblor del nuevo 19 de septiembre, el tema de las donaciones para los topos era tan comentado en redes que en una transmisión en vivo que realizaba Carmen Aristegui desde las labores de rescate en la Escuela Enrique Rébsamen, Héctor Méndez, además de hablar de las acciones emprendidas, aprovechó para aclarar la situación: “Hay otro grupo que ya empezó a sacar mi nombre y a pedir dinero para los damnificados, que se llama Topos de Tlatelolco y tienen como emblema la garra, y el titular se llama Rafael López López; por favor, que la gente no le deposite dinero, porque de manera reiterada él pide dinero ahorita con esta gran desgracia que padece el pueblo de México; yo lo denunció de manera pública. Nosotros, Topos Azteca, jamás hemos pedido dinero ni tenemos cuenta”.

En un rastreo en las redes sociales de Topos Tlatelolco se pudo corroborar que al entrar a su perfil de Facebook de inmediato se redireccionaba a una página donde en primer plano aparecen los datos de la cuenta bancaria para los donativos. Mientras que en su perfil de Twitter se había fijado un tuit desde el 13 de septiembre donde se agradecían los donativos y se reiteraba la cuenta bancaria.
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Lo cierto es que tanto El Chino Méndez como Rafel López fueron parte del grupo de voluntarios iniciales del temblor de 1985 y durante un tiempo los dos estuvieron en el grupo de Topos Azteca; sin embargo, “a raíz de ciertos problemas, decidieron separarse y se convirtieron en dos grupos de topos”, refiere en entrevista con EL UNIVERSAL Víctor Rubén Ruiz Jiménez, coordinador de las emergencias en la Ciudad de México del grupo Topos Azteca.

 “Nuestro grupo se basa en el altruismo, en ayudar a nuestros semejantes con recurso propio; el otro grupo se dedica a solicitar recursos cuando hay desgracias. Lo hacen porque saben que ese es el momento más vulnerable de la sociedad para aportar dinero. Es forma de vida de esta persona”, relató Víctor, quien es originario de Veracruz, donde es el coordinador estatal de Topos Azteca y lleva cinco años en la agrupación.

Víctor Ruiz es biólogo y técnico básico de gestión de riesgos, supervisor industrial y le presta servicio a su estado como consultoría en materia de seguridad industrial. Con su propio recurso, con parte de su salario, es que costeó su traslado a la Ciudad de México para poder ayudar en las labores de rescate.

“De lo que ganó con mi trabajo, yo invierto para venir a ayudar. La mayoría de las personas que estamos en el grupo de Topos Azteca tenemos un apartado para cuando hay emergencias. Nosotros con recursos propios nos hacemos desde uniformes, capacitaciones hasta movilización. Porque nos enseñaron a ser autosuficientes; no vamos a llegar a las zonas de desastre a quitarle a las personas, al contrario lo que nos queda se los damos para que ellos en algún momento determinado puedan soportar los embates, las catástrofes. Los que forman parte de topos tienen profesiones y trabajos por fuera”, asegura Víctor.

En cambio, sostiene, que Rafael López registró como marca al grupo Topos que lidera. Así se puede corroborar en el perfil de Twitter de la agrupación, donde se dice que Topos es marca registrada y no comercial.

“Lo que nosotros queremos dejar en claro es que Topos Azteca, los del traje naranja (Topos Tlatelolco visten de rojo), no lucramos con emergencias. Nos movemos con recurso propio. En las redes sociales nos atacan que porque  llegamos y pedimos comida, y es mentira nosotros somos autosuficientes. Nuestra mentalitas es ser parte de la solución, no parte del problema. Venimos a sumarnos al trabajo de los elementos de Marina, no a imponer. No porque somos topos lo sabemos todo; no, venimos a coordinarnos, porque en las desgracias sólo se puede salir a adelante cuando hay unión y todos llevamos una misma ideología y objetivo: ayudar y nada de protagonismos.

—¿Si alguien les quiere hacer un donativo, no lo aceptan? —le pregunté.

—No. No lo aceptamos. No recibimos ni un peso. Contamos con apoyo de otras organizaciones, como el caso de Scientology —edificio ubicado en Juárez y Balderas que les ha brindado sus instalaciones para que ahí descansen y tengan alimento— que nos ofrecen sus instalaciones para la logística, dormir, comer. Nos manejamos con alianzas, no lucrando.

Por su parte, en un video difundido en redes el jueves 21 de septiembre, El Chino Méndez, volvió a reiterar que los donativos no se hicieran a ninguna organización de topos, incluida Topos Azteca, “ese dinero se le debe de dar a las familiar por otros canales, esto se trata de trabajo voluntario, solidario y fraternal”.

Esta casa editorial intentó contactar al grupo Topos Tlatelolco para que dieran su punto de vista sobre la situación, pero hasta el cierre de la edición no se tuvo respuesta. Pero Fernando Alvarez, director de enlace de la Brigada de Rescate Topos Tlatelolco, la tarde del jueves en entrevista con Aristegui dijo: “Sí pedimos o aceptamos donativos. Somos una asociación constituida en marzo de 1986, y la cuenta bancaria está a nombre de la asociación. Los donativos los usamos para la comida, los traslados, la herramienta y todo lo que se usa para la atención de las personas”.

La oportunidad ante la desgracia de las personas

Eran más de las nueve de la noche. Calzada de Tlalpan y Ciudad Jardín, al sur de la ciudad, no tenían luz y lo único que iluminaba las labores de rescate del multifamiliar derrumbado en esa zona eran unos intensos faros abastecidos por un par de plantas de gasolina, que permitían observar la multitud ayudando en el edificio siniestrado.

En esa zona se encontraba Carlos Arrieta, periodista y corresponsal de Michoacán de EL UNIVERSAL, reportando las labores de rescate cuando presenció, como de pronto, éstas se vieron interrumpidas por una turba que linchaban a un sujeto que aprovechó la conmoción para intentar abusar de una menor de edad en uno de los oscuros departamentos aledaños al inmueble colapsado, que alcanzó a pedir auxilio.

Arrieta narró que la gente le gritaba: “Que lo maten al culero; déjenmelo para partirle la madre, porque además es un pinche ratero que intentó robar una casa y violar a una chavita”, cuando el presunto delincuente era resguardado por personal de seguridad Pública y de la Marina

—¿Supiste qué fue de la joven y de aquel hombre?

—No. Vi que lo resguardaron y que la gente estaba molesta, pero no le pude dar seguimiento porque me concentré en la persona que se reportaba con vida en los escombros.

Esta casa editorial intentó rastrear a los involucrados, pero no se tuvo conocimiento al respecto. 

 

 

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