"Es más difícil tener una trombosis que un accidente automotriz": Alejandro Macías

El infectólogo de la UNAM explicó que el “riesgo cero” no existe en vacunas y se suma a las voces de científicos que dicen que no debe descartarse el uso de las vacunas AstraZeneca y Johnson & Jonhson

Trombosis
Imagen: Especial
Ciencia y Salud 29/04/2021 15:23 Redacción México Actualizada 15:23
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Alejandro Macías Hernández, infectólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se une a la voz de la comunidad científica internacional y apoya la aplicación de vacunas como la de AstraZeneca y Johnson & Jonhson, tratamientos suspendidos en varias regiones del mundo por su posible responsabilidad en la aparición de coágulos de sangre, pues asegura que el “riesgo cero” no existe en ningún tipo de biológico.

Desde que comenzó la administración de vacunas contra el Covid-19 alrededor del mundo, sus beneficios han sido cuestionados por la sociedad civil, ya que tras la aplicación de algunas de ellas, se han desatado la manifestación de episodios de trombos o científicamente denominados como “trombocitopenia trombótica inmune” (VITT).

Esta reacción secundaria podría conducir a la muerte de quien los padezca, es por ello que las agencias encargadas de monitorear la fiabilidad de estos tratamientos, han optado por suspender su uso temporalmente. Esta ha sido el caso de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), en Estados Unidos (EU).

Sin embargo, para los investigadores internacionales su aplicación no debería cesar ya que aseveran que sus bondades superan a sus desventajas y categorizan la aparición de trombos de “infrecuentes” y “poco usuales”.

En consonancia, el experto en microbiología, en una publicación de “UNAM Global”, expresó que la importancia de utilizar las vacunas de adenovirus o de vector viral, como lo es la de AstraZeneca, estriban en que son tratamientos con mayor probabilidad de diseminarse, producirse y distribuirse de manera masiva y económica.

Otra de las ventajas de este tipo de tratamientos preventivos es que no requieren de temperaturas altas de refrigeración para conservarse en condiciones óptimas, a diferencia de las vacunas de ARN mensajero (ARNm) como la de Pfizer y Moderna.

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Los sueros como los de AstraZeneca y Johnson & Johnson no requieren de altas temperaturas, ya que son sometidos a un proceso de liofilización. Este método deshidrata las soluciones que los conforman hasta estabilizarlas. Por ello, pueden ser refrigerados a 2 °C y 8 °C, equivalente al enfriamiento de un refrigerador convencional. Además que, pueden mantenerse hasta 12 horas en temperatura ambiente.

Esto además, proveería a las ciudades con mayores estándares de marginación económica en el mundo, pues la mayoría de ellas no cuentan con los sistemas de refrigeración adecuados para el mantenimiento de las vacunas, como es el caso de Republica de Malí y Bangladesh, en África Occidental y Asia del Sur, respectivamente.

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Foto: AP Photo/Brian Inganga

Pese al conocimiento de esta serie de características positivas, las autoridades sanitarias internacionales temen por la salud de su población y rehúyen al riesgo, por más mínimo que sea, de que sus habitantes desarrollen coágulos sanguíneos.

“En Alemania llamó la atención que se presentaron trombosis en los senos venosos de la cabeza, donde son poco comunes, pero hay que dejar en claro que las trombosis van a ocurrir siempre”, advirtió Macías Hernández.

El medico cirujano aseguró que, hasta la fecha, aún no está clara la atribución de los episodios de trombos a las vacunas. A su vez, investigadores de la Universidad de Greifwwald, en Alemania, han sugerido que el biológico de AstraZeneca provoca los coágulos de sangre en personas con una cantidad menor de plaquetas.

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“No hay un acuerdo de cuántos casos pueden ocurrir, pero es posible que ocurra un caso de trombosis por cada 250 o 500 mil vacunados con la de AstraZeneca”, complementó el académico universitario. “Johnson & Johnson presentaría un caso por cada 1.2 millones de dosis aplicadas”, ahondó.

“Es más difícil tener una trombosis que un accidente automotriz”, dimensionó el comisionado de la emergencia epidemiológica por la influenza AH1N1, durante el 2009.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informa que, a lo largo del 2019, se registraron 362 mil 586 percances de tránsito terrestre en zonas urbanas y suburbanas.

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Foto: Archivo

En este contexto, el investigador de la máxima casa de estudios enfatizó que, en medio de la crisis sanitaria, hay que aplicarse la vacuna y aceptar “que el riesgo cero no existe”, pues los efectos secundarios ocurrirán eventualmente, en cualquier tipo de vacuna, no sólo en los inóculos que previenen al SARS-CoV-2.

Alejandro Macías apoya el análisis constante de las vacunas, sin que esto suponga el freno completo de las jornadas de vacunación, pues esto sólo ralentizará los objetivos de una inmunización colectiva. “Si te toca alguna de estas vacunas hay que ponérsela”, exhortó.

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Esta semana, un equipo liderado por el Laboratorio Matemático de Londres aplicó un modelo epidemiológico, basados en el supuesto de cuántas muertes se hubieran evitado de haber continuado con el uso de estas vacunas, en las regiones europeas de Italia y Francia.

Los resultados, publicados en “Chaos”, demostraron que la suspensión de la vacuna de AstraZeneca, durante tres días sin reemplazarlas por otra de las vacunas disponibles, “suman 260 muertes adicionales en Francia y 130 en Italia”.

fjb
 

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