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ruben.migueles@eluniversal.com.mx
Karina entró a trabajar en 2018 como asistente de la dirección de una empresa que pertenece a dos hermanos judíos. Dos meses después de laborar empezó a ser acosada por el hermano mayor que es casado y tiene dos hijos.
Su jefe la obligaba a permanecer más tarde de su horario de trabajo. Cuando todos los empleados salían y sólo se quedaban ella y él era muy incómodo y molesto para Karina, porque además la empresa estaba en Santa Fe, lejos de donde vivía.
El hostigamiento fue subiendo de intensidad con llamadas telefónicas y mensajes. Karina no aguanto y renunció, pese a ello, su exjefe la siguió acosando.
Al final no presentó ninguna demanda: “Ya no hice nada porque sabía que no iba a pasarles absolutamente nada y lejos de ello yo podía meterme en un problema”.
Una experiencia similar vivió en 2012. Justo se daba el cambio gobierno de Felipe Calderón al de Enrique Peña Nieto, cuenta.
Trabajaba en Veracruz y la dieron de baja sin ninguna justificación para no liquidarla, por lo que interpuso una demanda que ganó hasta tres años después, pero quedó marcada como persona conflictiva.
“Esa fue otra de las razones por la que no pude demandar por acoso, no puedes hacer nada, mejor renuncias y buscas trabajo, porque si quieres abrir la boca, después el sistema te castiga señalando que eres una persona problemática”.
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