Volver a trabajar después del terremoto del 19 de septiembre pasado –prácticamente hace un mes– no ha sido fácil para nadie. Unos perdieron más, otros menos, algunos pasan todavía por algunos síntomas de estrés postraumático y otros, los que perdieron bienes o pertenencias, por una etapa de duelo que costará varios meses asimilar.

¿Cómo te sientes ahora en tu lugar de trabajo, a casi un mes del terremoto? ¿Qué tal estás rindiendo? Si perdiste un bien, sufriste daños o por desgracia, perdiste a un ser querido, ¿Cómo estás llevando ese proceso? Estas preguntas son pertinentes porque todos, de una u otra forma, vimos nuestra vida cambiar a partir del 19-S.

Por desgracia, ningún evento traumático es prevenible del todo. La realidad no se detiene y nos exige día a día aprender y levantarnos ante las adversidades. Y ante esta necesidad, vale la pena de hablar de resiliencia. Una palabra recientemente ha cobrado popularidad y que se refiere a esa capacidad del ser humano de enfrentarse a las adversidades y de aprender de ello.

“Resiliencia es la capacidad que tenemos para superar y salir delante de los golpes, de las situaciones difíciles, traumas, o de alguna situación de adversidad, y lo importante no es nada más volver a salir a adelante sino aprender de lo que sucedió”, explica Ivette de Jacobis, consultora de bienestar emocional y directora general de la consultora Espiral Positiva. Ya sea un terremoto o cualquier desastre natural, la muerte de alguien querido, un asalto o evento delictivo, o un accidente, por mencionar ejemplos.

Al igual que algunos son líderes natos y otros tienen que aprenderlo, la resiliencia se halla de manera natural en algunos de nosotros, mientras otros se enfrentan a la titánica tarea de desarrollarla. Es una habilidad que no sólo responderá a las necesidades laborales, sino a las de la vida misma y todos tenemos una oportunidad.

“No todos nacimos siendo resilientes. La resiliencia se puede aprender, es un tema de mentalidad, de qué creencias tengo yo de cómo veo la vida y las adversidades y cómo me veo a mí mismo”, explica la especialista.

Es una capacidad de encontrarle sentido a lo que sucedió, afrontar la realidad, aprender de eso y seguir adelante. Decirlo de corrido se escucha más sencillo de lo que realmente significa este proceso, pero si nos concentramos en desarrollarla, existen más probabilidades que en el siguiente evento traumático de nuestras vidas podamos reaccionar de una mejor manera.

¿Únete a los optimistas?

La resiliencia puede empezar por el optimismo. Pero éste entendido no sólo desde una óptica superficial, sino desde lo que se ha llamado “optimismo aprendido” u “optimismo inteligente”. Martin E. P. Seligman, un sicólogo reconocido por su trabajo e influencia en la psicología positiva, en 20 años de investigación clínica, demostró cómo el optimismo puede aprenderse a través de varias técnicas que pueden ayudar a la persona a abandonar el hábito de darse por vencido para construir un diálogo interno más constructivo y positivo y hacer que la duración e intensidad de las emociones positivas aumente. Él ha estudiado cómo hacer para ser feliz.

Lo que él explica es que de inicio, en la vida, hay muchas cosas que están más allá de nuestro control, como nuestro color de ojos (o como un terremonto), por ejemplo. Sin embargo, hay otro grupo de acciones que sí podemos controlar como la manera en la que lidiamos con otras personas, por ejemplo.

Y la manera en la que pensamos sobre ello puede hacer o no un cambio. “Veinticinco años de estudio me han convencido que si habitualmente creemos, como lo hace el pesimista, que la desgracia es nuestra culpa, será duradero y socavará todo lo que hacemos y seremos más propensos a que nos suceda que si creemos lo contrario”, sostiene el sicólogo en su libro Learned Optimism (Aprenda optimismo). Tener esta visión nos hará deprimirnos fácilmente, rendir menos de nuestro potencial y enfermar más seguido.

Por supuesto, cambiar esta mentalidad no es un asunto que se resuelva de un día para otro. El primer paso para desarrollar resiliencia es estar consciente de las propias fortalezas y debilidades, porque si no se conocen muy difícilmente se podrán tomar decisiones.

Un ejercicio que puede ayudar es hacer memoria y recordar alguna ocasión en la que tuvimos algún problema y cómo salimos adelante, explica De Jacobis. La idea de esta práctica es identificar las maneras en las que reaccionamos con anterioridad, qué podemos aprender de ello y cómo podemos mejorar en esta ocasión.

Este ejercicio de pensar en experiencias pasadas y cómo nos hemos enfrentado a ellas pueden ayudar a entender qué estrategias nos funcionan y que otras no, explica un documento al respecto de la American Psychological Association.

Y es que en este sentido, es necesario entender que “desarrollar resiliencia es un viaje personal”. Es sumamente individual y personal porque las personas no reaccionan de la misma forma a los eventos traumáticos y estresantes de la vida.

En este proceso de definir cuáles son nuestras debilidades y fortalezas también es necesario definir cuál es el problema en concreto. Por ejemplo, que te quedaste sin casa, que tienes que gastar una suma considerable de dinero en arreglarla porque no estás asegurado o que, por desgracia, perdiste a un ser querido.

Escribirlo ahora y leerlo es mucho más sencillo que llevarlo a la práctica, pero es necesario tener claro cuál es el problema que tenemos para empezar a encontrarle solución si es que ésta existe. Lo que es indispensable decir que antes de entrar en esta parte práctica, es esencial darle cabida al vacío, a las emociones, a esa tristeza que genera la pérdida, sea cual sea que ésta haya sido.

Darle lugar al dolor

“En el proceso de ser resiliente tenemos que pasar por vivir y sentir la emoción. No la debes bloquear, la debes dejar. Te sientes triste, atemorizado, frustrado, no es una emoción, son varias. Es el duelo”, explica la especialista.

Es necesario dejar que estas emociones afloren, que les pongas nombre y aceptes la manera en la que te estás sintiendo. “Estoy molesta porque mi casa no tenía seguro y la perdí. Estoy triste porque perdí a alguien y no es justo”, ejemplifica De Jacobis. Si necesitas pedir algunos días para hacerlo, no lo dudes, porque entre más rápido lo vivas y lo sientas, más rápido te vas a levantar.

La búsqueda por resolver

Así, no puedes evitar el hecho de que eventos estresantes sucedan en la vida, pero sí puedes cambiar la manera en la que respondes a esos eventos, explica el documento de la APA.

Ya con un lugar reservado para las emociones, ahora sí es importante que te enfoques mayormente en cómo resolverlo. 10% al problema y 90% a la solución, recomienda la especialista. Empieza por metas pequeñas y realistas.

“Haz cosas con regularidad (aunque parezca un pequeño logro) que te permitan moverte hacia tus metas. En vez de enfocarte en tareas que parecen inalcanzables, pregúntate, ‘¿Cuál es la cosa que sé puedo lograr hoy que puede ayudarme a dirigirme en la dirección que quiero tomar?’”, explica la guía de APA.

Esa pequeña meta te va a ayudar a recuperar la motivación y celebrar estos pequeños éxitos te ayudará a moverte y a generar esta autoconfianza y entusiasmo que necesitas para seguir    adelante. Un ejemplo: Si perdiste tu casa, enfócate este mes en insistir para que Protección Civil visite tu vivienda —el proceso de realización de dictámenes no acaba— y en informarte bien sobre los detalles de tu seguro, por ejemplo.

Depende de cómo le haya ido a cada quien en este movimiento telúrico, pero estos procesos no suelen ser sencillos. Intenta que este dolor y estas dificultades te puedan enseñar algo sobre cómo afrontar la siguiente eventualidad.

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