La guerra comercial entre EU y China

“El impacto para China y EU, así como para la economía mundial, dependerá de cuánto dure el pulso”

Cartera 23/07/2018 03:54 Manuel Romera Robles Actualizada 04:03
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China prometió no disparar primero, pero para salvaguardar los intereses del país y del pueblo chino, ha estado obligada a contraatacar a los aranceles de Estados Unidos (EU). La temida guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo ya es una realidad. Después de que la administración de Donald Trump hiciera efectivas sus amenazas para tasar con impuestos de 25% en un primer momento y de 10% posteriormente, a una larga lista de importaciones industriales chinas.

La verdad es que el gobierno Trump está haciendo historia. Sus castigos arancelarios y las represalias que han provocado de diversos países afectan ya a productos por valor de 200 mil millones de dólares. No solo incluyen impuestos para las importaciones chinas, desde maquinaria agrícola a piezas de aviones, sino también el acero y el aluminio de buena parte del mundo o las lavadoras y los paneles solares fabricados en varios países.

Al hacer la suma, constituyen la mayor imposición de aranceles estadounidenses desde 1930, cuando el Congreso aprobó la ley Smoot-Hawley.

Aquella ley no provocó la Gran Depresión, pero sí la agravó. Canadá y el Imperio Británico reaccionaron con medidas proteccionistas similares y el comercio mundial se resintió notablemente. Las importaciones y exportaciones estadounidenses cayeron más de la mitad, un descalabro que los historiadores han juzgado con severidad.

Y esa es la senda que está repitiendo ahora el gobierno de EU, a pesar de las advertencias de los economistas, que temen que los aranceles encarezcan los costes de producción de empresas estadounidenses y afecten al bolsillo del consumidor. Por no hablar del nerviosismo de mercados, el freno potencial de la inversión o posibles despidos en empresas afectadas.

El impacto para China y EU, así como para la economía mundial, dependerá en gran medida de cuánto dure el pulso. Tras tres rondas de negociaciones fracasadas, las perspectivas no son buenas porque la Casa Blanca pretende imponer un nuevo paquete de aranceles en agosto y Trump no descarta extenderlos a todas las importaciones chinas si la disputa entre ambos países no se soluciona antes.

El gobierno de Estados Unidos anunciaba este martes que ha comenzado a definir una lista de productos chinos a los que impondrá nuevos aranceles. Las dos mayores economías del mundo se encuentran trabadas en una áspera controversia que amenaza desequilibrar el comercio internacional, y Washington ha dejado claro que no está dispuesto a ser el primero en dar un paso atrás.

China ha considerado totalmente inaceptable la decisión de Estados Unidos de imponer nuevos aranceles a productos chinos, y anunció que tomará las contramedidas necesarias. De momento China ha pronosticado la presentación de una demanda ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) para denunciar la conducta unilateral de Estados Unidos.

Además, el gobierno chino ha impuesto derechos aduaneros complementarios a productos estadounidenses como la soja, sorgo, autos, cabezas de cerdo, pistachos o whisky. Teniendo en cuenta que en 2017 China importó productos estadounidenses por aproximadamente unos 135 mil millones de dólares, las consecuencias son graves y difíciles de medir.

Para aderezar la tensión, Washington acusa a China de haberse apropiado de patentes de tecnología, ya sea a través de las obligaciones a las empresas estadounidenses para operar en el mercado chino o simplemente mediante el robo.

La justificación del gobierno estadounidense, es debido a que EU compra más que vende a China (déficit comercial) por 372 mil 200 millones de dólares, por tanto, EU quiere proteger sus productos y castiga a los productos chinos con sendos aranceles y la verdad es que tiene la sartén por el mango, ya que el que compra siempre tiene las de ganar con respecto al que vende, además acusa a China de prácticas ilegales de comercio.

El régimen comunista ha respondido con aranceles de idéntico valor contra los productos estadounidenses, desde el cerdo a la soja o los coches eléctricos. Si la guerra comercial se eterniza, China está llamada a quedarse antes sin productos que gravar porque sus exportaciones casi cuadriplican a las estadounidenses. Eso no quita que disponga de otras armas, como restringir todavía más las inversiones estadounidenses en su país.

Por el momento, Trump se siente fuerte. El empleo sigue viento en popa, el déficit comercial de EU se ha reducido y las exportaciones están en máximos históricos. El republicano está convencido de que Washington acabará imponiendo su ley, en parte por la ventaja que le da el dólar, la moneda franca en muchas de las transacciones mundiales. Nada parece importarle que se le acumulen los frentes. También Rusia ha anunciado nuevos aranceles a las importaciones estadounidenses, en su caso como contramedida a los gravámenes impuestos a las importaciones de acero y el aluminio ruso.

Quizá, en los últimos días, China está intentando suavizar la gravedad y hay que tener en cuenta que el patrón económico chino ha virado desde las exportaciones hacia el consumo interno y los avances en investigación de la última década disminuyen su dependencia de la tecnología extranjera.

De hecho, el Banco Central Chino cifra en 0.2% el impacto de los aranceles en el PIB chino, quizá están siendo demasiado optimistas.

Creo que por el bien de nuestra sociedad y nuestro mundo, tal y como lo deseamos, debemos de luchar por la defensa del comercio libre y el sistema multilateral del comercio, y rechazar conjuntamente el hegemonismo comercial.

 

Director de Sector Financiero en IE Business School

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