Apenas se registraron los primeros minutos de las 20 horas del 1 de julio para que uno de los aspirantes a la presidencia de la República declarara oficialmente que, con la información disponible al momento, las tendencias claramente no lo favorecían. Minutos más tarde, otro de los cuatro candidatos se sumó a este gesto para informar que las encuestas de salida tampoco estaban de su lado. Una simple declaración se ha convertido en una importante señal. El pasado domingo, más que un candidato electo a la presidencia nacional, ganó México.

Nuestro país vivió una jornada electoral histórica, no sólo por la cantidad de elecciones a candidatos federales sino también a representaciones locales.

Sí, fue un proceso complejo y que en ocasiones tendió a polarizar a los ciudadanos, pero al final fue una declaración la que se convirtió en una señal franca y de unidad de que este país es más importante que nuestras diferencias políticas.

Como mexicanos, fuimos a votar libremente para elegir el rumbo de nuestro país en los próximos años. Es cierto, fue una jornada en la que se presentaron incidentes, pero fueron aislados; empero a ello, podemos decir que vivimos una fiesta de democracia y civilidad, de respeto, legitimidad y de institucionalidad ejemplar.

El próximo 1 de diciembre, México escribirá un nuevo capítulo en su historia, una historia única en la que todos somos parte y en la que todos deberemos hacer nuestra parte. El gobierno entrante deberá estar a la altura de los ciudadanos que votaron en su favor, pero también de aquellos en los que no ganó su simpatía.

El llamado por parte de la iniciativa privada y de la ciudadanía es en favor de construir en conjunto un proyecto de nación serio, lejos de discursos políticos y en el que ubiquemos plenamente la realidad que hoy en día enfrentamos.

Nuestros esfuerzos deben enfocarse en el México del futuro, no de los próximos seis años, sino de las próximas generaciones. Posicionar a nuestra economía, una de las principales a escala mundial, en un contexto que refleje su capacidad de modernizarse, de generar valor agregado y de potenciar sus vocaciones productivas sectoriales entendidas en su pluralidad y amplitud geográfica.

Una economía competitiva y abierta, que proyecte la confianza ante mercados internacionales, dé la bienvenida a la inversión, al turismo y al comercio justo, equilibrado e íntegro en favor de nuestras cadenas de valor.

Es momento de mantener nuestra estabilidad macroeconómica, de continuar el ejercicio de un presupuesto público de forma prudente y responsable, de incrementar el gasto en infraestructura, acortar las brechas entre las regiones del país, abatir los niveles de pobreza y fomentar el desarrollo económico de los ciudadanos.

El primer gran reto del gobierno entrante será emprender una reforma, más que tributaria, hacendaria que brinde solidez a los ingresos fiscales, eficiente el gasto y ponga en la dirección correcta las finanzas públicas sin caer en elevados niveles de deuda pública.

De la mano del generador de empleos centrado en las pequeñas y medianas empresas, debe promover el desarrollo de mercados competitivos, como el energético que impacta de forma importante a los hogares, pero también a las empresas, y que estimule la producción y consumo de energías alternativas mediante el desarrollo de reglas claras para los actores involucrados.

Sin lugar a duda, ninguna agenda de gobierno puede adolecer de una política laboral que trabaje por generar empleos más cualificados y mejor remunerados, gracias a la provisión de una educación integral en nuestros niños, quienes son nuestros próximos líderes, así como de la seguridad social y de prestación de servicios de salud que garanticen el acceso a un empleo decente.

El presidente electo pretende fortalecer el mercado interno y consumir lo nacional, lo que debe venir acompañado de la innovación y la tecnología, del impulso a la industria y a las cadenas productivas que fomenten la producción nacional mediante la inversión privada y extranjera con la finalidad de elevar la productividad de las industrias. Para ello, deberá desarrollar agendas de competitividad y productividad, basadas en una política de integración industrial holística y en un mercado administrado®.

México ganó por su democracia y por la libertad de sus ciudadanos para decidir. El gobierno entrante debe estar a la altura de sus simpatizantes y opositores y crear un plan de desarrollo incluyente para empresarios, inversionistas y sociedad civil organizada, y dirija a nuestro País a la grandeza a la que está destinado.

Vicepresidente de Consultores Internacionales

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