El descontento de la población en diversos países de Latinoamérica tiene su origen en la desigualdad, lo que abre una oportunidad para que los gobiernos modifiquen políticas públicas en beneficio de sus ciudadanos, dijo la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena.

Durante sus intervenciones en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), celebrada en Davos, Suiza, expuso que la desigualdad es la causa estructural del malestar social que se vive en la región.

“Las protestas en la región tienen un hilo común que es la desigualdad y pueden convertirse en una oportunidad para el cambio social. A partir de las movilizaciones hemos visto cómo algunos gobiernos han accedido a avanzar en mejoras estructurales a bienes públicos esenciales, como salud, educación, pensiones y transporte”, afirmó Bárcena.

El mayor descontento se registra entre los jóvenes, agregó, porque los gobiernos generaron expectativas que no pudieron cumplirse, y por ello se dan las manifestaciones en las que la población muestra su “desencanto” hacia la autoridad.

Es necesario terminar con la cultura de los privilegios para implementar la cultura de igualdad y la inclusión social, afirmó en uno de los paneles del encuentro anual que concluyó ayer.

Para ello hace falta que los gobiernos, la sociedad, la academia, el sector privado y todos los actores políticos construyan nuevos pactos sociales que garanticen el bien público, el acceso a la protección social, a bienes públicos de calidad, como los de salud, educación, vivienda y transporte.

En 2017 alrededor de 52% de la población adulta de los estratos medios de la región no alcanzó los 12 años de escolaridad; 36.6% tenía ocupaciones con un alto riesgo de informalidad y precariedad.

Además, 44.7% de las personas económicamente activas de los estratos medios no están afiliados a instituciones de seguridad social o no cotizan en un sistema de pensiones.

Bárcena expuso que también los gobiernos deben permitir las protestas como medio legítimo de expresión y garantizar el respeto a los derechos humanos.

“Muchos países no contemplan el derecho a la protesta. En Naciones Unidas defendemos los derechos humanos, la igualdad, la justicia y las voces de los que no tienen voz”, dijo la representante del organismo de la ONU.

Dijo que además de la desigualdad, en los países de América Latina, persiste un bajo crecimiento económico que impide un mayor desarrollo, además de que puede frenar la innovación, las mejoras en productividad y la inclusión.

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