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politica@eluniversal.com.mx
Los faroles de la Plaza de la Constitución alumbran a los transeúntes y personal de limpieza que de madrugada rondan Palacio Nacional.
En punto de las 5:45 horas, la Puerta Mariana se abre para recibir el auto blanco que lleva al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.
Un soldado le da la bienvenida con un grito seco y fuerte: “Señor Presidente de la República” y, con precisión marcial, los tambores de la banda de guerra del Ejército comienzan a retumbar y las trompetas entonan la Marcha de Honor. La melodía hace eco en un Zócalo capitalino vacío.
Son pocos los medios de comunicación que captan la bienvenida al Jefe del Ejecutivo federal. El acto dura escasos minutos, la puerta de Palacio se cierra al momento de que un grupo de mujeres llega corriendo para gritar porras y mandar saludos al mandatario, quien no logra verlas.
Un policía militar, con mirada fija y postura firme, resguarda la enorme puerta. Lejos quedó el Estado Mayor Presidencial (EMP), las vallas que impedían el paso peatonal desaparecieron.
En el Salón Tesorería, los periodistas alistan sus cámaras ante la expectativa de la primera conferencia de prensa de López Obrador como presidente de la República. La ayudantía ordena al personal de Palacio quitar las cintas que separan el escenario de los periodistas, entonces el mandatario está más cerca de quienes le preguntan.
A pesar de que la agenda marca la rueda a medios de comunicación a las 7:00 horas, el mandatario sale con su caminar lento y desenfadado 23 minutos después. López Obrador inicia la ronda de preguntas desde la izquierda. Durante 50 minutos responde, sin formalidades, al decir que se le quitó lo “embrujado” a Los Pinos.
El Presidente habla de todo, sin censura. Quedaron atrás las formalidades presidenciales, los aparatos de seguridad y los hombres del EMP. Afuera, muchos ven con incredulidad un Palacio Nacional despejado de vallas, otros aprovechan el sol para descansar, recargados en los muros.
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