La necesidad de construir ciudadanía y trabajar en una cultura de la legalidad en una realidad llena de complejidades como la de México, es urgente, sobre todo cuando se ha estudiado la relación tan estrecha que existe entre jóvenes y la ilegalidad.

Por ejemplo, un estudio sobre La violencia juvenil en México, elaborado por el Banco Mundial en 2012, reporta que durante el 2010, la mayoría de los delitos de ese año, fueron cometidos por jóvenes. 6 de cada 10 de los que cometieron los ilícitos tienen entre 18 y 24 años (60.5%) y 9 de cada 10 son hombres (91.5%).

No se trata de criminalizar a los jóvenes, sino que es necesario entender las repercusiones de la cultura de la legalidad en los jóvenes o la falta de ésta, pues la ilegalidad se ve reflejada en diferentes manifestaciones, pero hace mayor eco en aquellas que se relacionan a la violencia en el México actual.

Los jóvenes de 10 a 29 años representan aproximadamente un tercio de la población mexicana. Nunca hubo tantos jóvenes en México como en la actualidad. Por un lado, la tasa de homicidio juvenil ya se había incrementado desde 2007 con 7.8 a 25.5 en 2010 (estimación a partir de datos de INEGI, SINAIS y CONAPO). Por otro lado, los jóvenes, según este estudio, fueron los responsables de la mitad de los delitos en 2010. Por ello la necesidad de invertir en este sector.

Los esfuerzos desde el gobierno, sobre todo federal, para atender a los jóvenes en México, han quedado sólo en planes, pues con la creación del Centro Nacional de Prevención del delito y Participación Ciudadana, se esperaba que se articularan planes para prevenir la violencia, hacer promoción de la cultura de paz, cultura de la legalidad, el respeto a los derechos humanos, entre otros planes; sin embargo, dicho centro no ha planteado una propuesta contundente para atender al sector juvenil.

El objetivo consiste en pensar a la cultura de la legalidad como una herramienta que se adopte en la vida cotidiana de la población, sobre todo de los jóvenes. Y es que ellos son los próximos ciudadanos en marcar las pautas de convivencia en la sociedad, son actores en construcción. Ello significa, en palabras de Rossana Reguillo, “partir de la premisa de que los jóvenes, no son una categoría social autoevidente (que se agota en la edad, o dato proporcionado), sino que es fundamental realizar un conjunto de operaciones que constituyan al actor, en sus dimensiones objetivas y subjetivas”.

Los jóvenes son un campo fértil para construir ciudadanía entendiendo a esta como:

La relación de un individuo no con otros individuos (como era el caso en los sistemas feudales, monárquico y tiránico) o con un grupo (como sucede con el concepto de nación), sino básicamente con la idea de Estado. La identidad cívica se consagra en los derechos otorgados por el estado a los ciudadanos individuales y en las obligaciones que éstos, personas autónomas en situación de igualdad, deben cumplir. Los buenos (sic) ciudadanos muestran un sentimiento de lealtad al Estado y un sentido de la responsabilidad a la hora de atender sus obligaciones; por lo tanto, es necesario que cuenten con la participación necesaria para este tipo de participación.

Estudiar a los jóvenes como referentes de cultura de la legalidad se encamina a poder conocer esas dimensiones objetivas y subjetivas en las que se inscriben sus prácticas, para elaborar intervenciones que incidan en el fomento de dicha cultura desde la vida cotidiana; es decir, una cultura de la legalidad desde ellos y para ellos.

Se espera que entender mejor a cada uno de los actores que participan en la compleja realidad de México sirva como instrumento para planear un programa que reúna los requisitos para vivir bajo un Estado de Derecho fuerte. La política de prevención puede generar mayores insumos en el combate de violencia, ilegalidad y crimen en México, puesto que hemos visto que la actual política centrada en castigos, no ha traído resultados contundentes.

Es urgente la construcción de una cultura de la legalidad en los ámbitos cotidianos de la vida de los jóvenes en México, que ayude a comprender la realidad actual de esta mayoría poblacional, lo que implicará analizar el contexto de dos concepciones, por un lado la que se fomenta a partir del marco de las leyes y la otra desde la vida cotidiana de los jóvenes; ¿estás realidades serán compatibles?

Si apostamos por realizar estudios e intervenciones a partir de la comprensión de los contextos de estas concepciones para incorporarlas en un análisis profundo de la realidad de violencia e ilegalidad en México, podremos contextualizar los ámbitos de interés; para así poder entender cómo es que se practica y construye la cultura de la legalidad, desde este sector de la población, o por qué se opta por la ilegalidad.

Vania Pérez

Coordinadora de Cultura de la legalidad

Observatorio Nacional Ciudadano

@vaniadelbien @ObsNalCiudadano

En banco Mundial, La Violencia juvenil en México, Banco Mundial, 2012, p. 13.

Rossana Reguillo Cruz, “Jóvenes y esfera pública”, p. 263, en: Pérez, Islas José Antonio, Jóvenes Mexicanos del siglo XXI, Encuesta Nacional de Juventud 200, Instituto Mexicano de la Juventud, México, 2000.

En Heater, Derek, Ciudadanía. Una breve historia, Madrid, Alianza Editorial, 2007, p. 13.

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