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Por Laura Garza
“For a war correspondent to miss an invasion is like refusing a date with Lana Turner.”
Robert Cappa
Esta semana una bala dio en el pecho del fotoperiodista holandés, Jeroen Oerlemans, quien trabajaba para el semanario Knack de Bélgica y el diario holandés De Volksrant.
Ubicado en la primera línea de fuego junto a una ofensiva que atacaba al Estado Islámico, un francotirador miembro del E.I. apuntó a Jeroen Oerlemans, quien se encontraba trabajando, y bajo el sonido escalofriante de la guerra, recibió varios disparos en el pecho, que le atravesaron su chaleco antibalas y murió horas después en el hospital de Misrata.
En un estado fallido, donde dos grupos de poder pelean por tener el control del petróleo, en donde se concentra el grupo terrorista más sanguinario de nuestros tiempos, con miles de víctimas de una guerra civil que parece no tener fin.
Más de cinco años lleva Libia en conflicto, en caos, en terror. Más de 60 periodistas han muerto en medio del conflicto por balas del terrorismo yihadista.
Jeroen Oerlemans, llevaba más de diez años cubriendo distintos conflictos, ya había estado en Haití, Afganistán y países del Cercano Oriente. Se movía de forma independiente, no tenía una Agencia que lo respaldara, pero cubría para un semanario belga y un holandés, que eran su carta de presentación.
Oerlemans, tenía experiencia, sabía de los riesgos de la guerra. En el 2012 fue secuestrado por los yihadistas en Siria, junto con otro fotoperiodista de origen británico, John Cantlie, quienes fueron rescatados días después por miembros del Ejército Libre de Siria (ELS).
Tres meses después de la muerte del también fotoperiodista, Abdelkader Fassou, de origen libio, estamos frente a otro caso de un colega muerto en medio del combate.
A estas alturas, periodistas y distintas ONG han solicitado la presencia de un representante dedicado a la seguridad de los periodistas en Naciones Unidas, con el objetivo claro de que cada una de estas muertes, no queden impunes.
Jeroen, había estudiado Ciencias Políticas en la Universidad de Amsterdam y Fotoperiodismo en el London College of Communication.
Tenía su boleto de regreso justo el 3 de octubre, el día que murió. Tenía 43 años y tres hijos, con cientos de fotos publicadas en zonas de conflicto, Oerlemans se convierte en un héroe en plena guerra.
Todo fotoperiodista de guerra, está expuesto a morir en combate con cámara en mano, pero nunca espera enfrentarse ante la cobardía de un francotirador, quien con toda la intención de matar, se esconde a la distancia para asesinar a quien cumple su trabajo de informar, no de pelear.
@lauragarza
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Laura Garza es fotógrafa y directora creativa de Círculo Rojo.
Ha sido editora de CIRCO en Récord Monterrey, PLAYERS OF LIFE, editora de fotografía del semanario Clase del diario El Universal, revista Quién y editora del grupo de fotógrafos del Presidente Enrique Peña Nieto.
Profesora de Fotoperiodismo y Comunicación Transmedia. Actualmente dirige proyectos de difusión, estrategias de contenido y comunicación digital.
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