Segunda Vuelta

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En la mira del francotirador, o la trampas del efecto

Aunque esta película de Doug Liman es simbólica de un cambio en la percepción del soldado estadounidense, que ha pasado de héroe a figura trágica, definitivamente no es uno de los triunfos recientes del cine bélico.
19/07/2017
09:50
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No puedo controlarme cuando se trata de películas de guerra. Pertenecen a un género donde el melodrama se justifica ampliamente y quizá sólo en ellas la acción en pantalla es a la vez emocionante y patética. Stanley Kubrick pensaba que los soldados padecían la guerra pero que también la disfrutaban. Destruir lo ajeno con granadas, rifles de asalto y ametralladoras debe ser emocionante, de lo contrario, no me explico el éxito de la franquicia de videojuegos Call of Duty. Pero entre la simulación y la realidad hay un precio. Ir a la guerra significa inevitablemente morir aunque el cuerpo regrese. Ese fue el gran tema de Cara de guerra (Full Metal Jacket, 1987), de Kubrick; Rescatando al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), de Steven Spielberg, y Francotirador (American Sniper, 2014), de Clint Eastwood. Es importante notar que los soldados de Kubrick son más peculiares porque, como todos los personajes en la obra del maestro, representan los peores impulsos de la humanidad, no seres humanos. Por el contrario, los de Spielberg y Eastwood son personas complejas, susceptibles al trauma, que abandonan sus virtudes en la tierra despedazada de un campo extranjero. Por ejemplo, el capitán Miller se pregunta en Rescatando al soldado Ryan si su esposa lo reconocerá al volver a casa. Allí, para ella y para los demás, tenía sentido que él fuera profesor; en Francia, enfrentando al ejército alemán, nadie adivina a qué se dedicaba antes ese hombre tan distinto al que se enlistó en el ejército.

Esta última tradición, la emotiva —y en las manos de malos directores, como Mel Gibson, sentimental—, es la que prevalece en el cine bélico, aunque no hay que hacer a un lado las experiencias abstractas tan distintas e incluso superiores de Kubrick, Andrzej Wajda, Andréi Tarkovski, Elem Klimov y muchos más. La nueva película de Doug Liman, En la mira del francotirador (The Wall, 2017), se sitúa incómodamente en un lugar justo en medio de las dos tradiciones. Mientras intenta construirse como un original thriller de horror, la película no elude muchos de los lugares comunes del sentimiento intenso. Peor todavía: un giro ilógico tras otro irá arrancándole la verosimilitud hasta que Liman nos deja con un híbrido extraño que se intenta sumar a una serie de cintas recientes donde directores de acción como Paul Greengrass, Peter Berg y el propio Liman critican las incursiones de Estados Unidos en Oriente Medio.

Uno esperaría más de un director nominado a la Palma de Oro del Festival de Cannes —aunque por una película mediana como Juego de traiciones (Fair Game, 2010), todo empieza a tener sentido— o de uno que, con Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, 2014), nos entregó uno de los filmes de ciencia ficción más interesantes de los últimos años. Sin embargo, En la mira del francotirador nunca logra definir su identidad y termina siendo una película no confusa pero sí confundida en cuanto a sus intenciones. La modesta trama sigue a un par de francotiradores estadounidenses en una misión en 2007, justo cuando George W. Bush acababa de declarar completa la misión en Irak. Una tarea de reconocimiento en un oleoducto se convierte en una pesadilla cuando un francotirador iraquí los embosca y los deja incomunicados y desangrándose.

Liman introduce sus temas cuando el aparato de radio del sargento Isaac (Aaron Taylor-Johnson) capta una frecuencia amiga. Las extrañas peticiones de la voz y un error en su acento revelan que se trata del francotirador iraquí. Prometo no revelar más sorpresas pero esta decisión es importante porque, por un lado, es la base de la narrativa y de los temas, pero por el otro resalta la artificialidad de la película. Es improbable que un soldado iraquí pueda fingir un acento estadounidense y que su acento original resulte indetectable. Algunas explicaciones más adelante intentarán justificar esta situación y expresarnos un lugar común: Estados Unidos se crea sus propios enemigos. El símbolo del oleoducto, donde se desarrolla la trama, es todavía más obvio; creo que no necesita explicación. El muro desvencijado detrás del cual se esconde Isaac, le dice su enemigo, pertenecía a una escuela, como las que se supone que su ejército traería a Irak. Los temas son los mismos que los comentaristas políticos han discutido mejor durante más de una década pero tratados aquí de manera superficial en un intento por construir una trama intrigante.

El suspenso, hay que admitirlo, es bien manejado por Liman, pero siempre mediante giros inesperados, incluso absurdos, que le restan la enorme importancia a sus temas. Quizás el peor error de su dirección es convertir al francotirador iraquí en una especie de monstruo con habilidades cercanas a lo sobrenatural: sus disparos son tan perfectos que si quiere destruir un radio en la mochila de un hombre en movimiento, puede hacerlo; su mencionada habilidad para imitar acentos lo hace peligroso para cualquiera que entre en contacto con él por la radio y además es un hábil torturador psicológico, una especie de psicópata paciente y sádico cuyo más grande talento es destruir. Insisto, no es un hombre sino una figura fantástica que suma todos los miedos de los soldados estadounidenses. Esto es un error porque una cinta que se propone criticar la invasión de Irak no puede convertir en un villano de pesadilla a la víctima que se propone defender.

Entonces entendemos que su verdadera figura patética es el soldado estadounidense, atrapado entre la voluntad de un gobierno mentiroso y el desprecio de un pueblo que no le da la bienvenida a sus promesas de ‘civilización'. En este sentido, Liman se encuentra cerca de Eastwood. Pero si en el filme del viejo maestro el tema central fue la incapacidad de un hombre para adaptarse a la vida lejos de la masacre y el humo, Liman fracasa al concentrarse más en el efecto que provoca al espectador que en lo que busca decir o criticar. Su película demuestra las trampas del efectismo y aunque es simbólica de un cambio en la percepción del soldado estadounidense, que ha pasado de héroe a figura trágica, definitivamente no es uno de los triunfos recientes del cine bélico. 

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Twitter:@diazdelavega1

Alonso Díaz de la Vega, primer crítico cinematográfico mexicano seleccionado por Berlinale Talents, finalista del Primer Concurso de Crítica Cinematográfica de la Cineteca Nacional. Cofundador de...

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