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La gran mayoría de los autos en la actualidad son favorecidos por uno o dos ángulos. Hay unidades que muestran su mejor cara desde la parte frontal. Hay modelos que pareciera que el esfuerzo de sus diseñadores estuvo enfocado en el aspecto trasero y, tristemente, la moda de las SUVs hace que casi todas tengan un look homogéneo en los laterales.

Sin embargo, en el predecible plano del diseño automotriz de años recientes ha existido una unidad que, sin importar desde dónde se le vea, resulta impresionante: el BMW i8 . Este deportivo alemán puede ser considerado como uno de los automóviles más bellos en la historia por diversas razones que pueden basarse en lo las teorías del diseño o en extensas narrativas pasionales.

Sin embargo, el mejor termómetro para medir su impacto visual en las calles es la cantidad de miradas que roba, la manera en la que los ocupantes de otros autos lo voltean a ver y cómo una gran cantidad de peatones le toman fotos desde sus celulares o, por lo menos, le avisan a la gente que los acompaña que presten atención porque está pasando un BMW i8.

Si no fueran suficientes los trazos dramáticos que BMW le ha otorgado al i8, la edición que manejamos esta semana es imposible de ignorar. En un fascinante juego entre grises oscuros y acentos en cobre que conviven en una carrocería única, la Ultimate Sophisto Edition es una de las últimas 200 unidades que la marca alemana producirá de un auto que marcó una época y que, probablemente, no volverá a repetirse por distintas razones.

A propósito del fin de su producción, esta semana manejamos el . En este número, te contamos nuestra experiencia a bordo y, al mismo tiempo, recordamos los aportes de este deportivo a lo que conocemos hoy como movilidad eléctrica.

A prueba: BMW i8 Ultimate Sophisto Edition, la despedida de un ícono
A prueba: BMW i8 Ultimate Sophisto Edition, la despedida de un ícono

A la altura de su aspecto

Aún sin subirme al auto, siento una tensión magnética; su diseño implica seducción y, al mismo tiempo, una amenaza a los estándares de la costumbre de manejo. Estar al lado del BMW i8 es anticipo de una experiencia que se presenta pocas veces en la vida. En este auto es imposible ser discretos pues, aún detenido, expresa dramatismo.

Cada que abrimos las puertas para manejarlo (o recoger el cable del celular que se nos olvidó en el interior), éstas abren como un superdeportivo: en forma de tijera. Simulan el despliegue de unas alas listas para volar.

Una vez abierto, subirse al i8 es todo un reto. La carrocería con la fibra de carbono expuesta en el marco de las puertas está por encima del asiento y de esa manera, hay que hundirse para ingresar a la cabina de manejo. Así como no hay manera discreta de usar el i8, no existe un modo elegante para subir o bajarse del mismo. Uno siempre termina haciendo un esfuerzo que repercute en la espalda, en un quejido o, en el caso de las mujeres con falda, en una gran preocupación de que no haya nadie cerca para no mostrar de más.

Una vez dentro del BMW i8, el entorno es acogedor y funcional, pues el conductor no necesita estirar los brazos para tener todo a su alcance. No obstante, la geometría de los asientos y la posición de manejo tan baja, impiden que el i8 sea considerado un auto cómodo.

A pesar de tratarse de una especie única en la taxonomía automotriz, el lujo es una constante en este vehículo. El juego de materiales, que van de la fibra de carbono, el aluminio, los plásticos a las pieles, conviven de manera muy afortunada. En el estribo y en un costado de la consola central se pueden leer las placas que indican el

número de unidad de esta edición especial. El color de las vestiduras de piel son del color de los acentos que vimos en la parte exterior.

Echar a andar el BMW i8 es incongruente con el dramatismo de su aspecto. Al presionar el botón de arranque, no obtenemos más que una señal en la pantalla de viaje que indica que el auto está listo para ser usado.

A prueba: BMW i8 Ultimate Sophisto Edition, la despedida de un ícono
A prueba: BMW i8 Ultimate Sophisto Edition, la despedida de un ícono

Arrancamos y tan pronto toca las calles, las miradas son de sorpresa al darse cuenta que un auto de aspecto tan extravagante no genera ruido. El i8 cuenta con una extrañísima configuración mecánica a la que se le puede achacar su desaparición, gracias al elevado costo de manufactura.

Y es que, para que este auto funcione, se necesita la operación de un motor eléctrico para el eje delantero, el cual está acoplado a una caja de velocidades de dos marchas. Para la mecánica trasera, se requiere un propulsor a gasolina que está asociado a una transmisión automática de seis cambios y ahí mismo, habita un tercer generador que abastece de energía a los módulos del i8.

No obstante la entramada mecánica, el se maneja con bastante sencillez. La respuesta del motor que se requiere es inmediata y es increíble ver cómo un vehículo que pudo haber sido el Batimóvil , marca registros de 11.5 kilómetros por litro. Conformarse con un manejo sencillo para el i8 sería un desperdicio de imagen y, por esa razón, en nuestra inolvidable experiencia de una semana como responsables de esta pieza de historia, lo sometimos a situaciones considerablemente demandantes de desempeño.

En ellas, pudimos ver la capacidad del i8 de acelerar de manera súbita para marcar el 0 a 100 en tan solo 4.4 segundos. También pudimos ver cómo la tarea de incremento de velocidad es sumamente sencilla para este modelo y, en cuestión de segundos, el tablero digital delata que la barrera de los 250 kilómetros por hora ha sido superada.

A prueba: BMW i8 Ultimate Sophisto Edition, la despedida de un ícono
A prueba: BMW i8 Ultimate Sophisto Edition, la despedida de un ícono

En mi experiencia a bordo de vehículos de esta naturaleza, el i8 ocupa un lugar especial, pues no se podría definir a este como un auto caracterizado por su potencia descomunal o uno cuyas virtudes le permitan competir en algún serial automovilístico. La complejidad de su funcionamiento y la singularidad en la distribución de peso por tantos motores, hacen que la física no juegue en favor del BMW i8.

Al ir a altas velocidades y hacer un cambio brusco de dirección, se siente un retraso en el movimiento del cuerpo del i8 que puede tornarse incómodo. Es como portar una caja que es sostenida por un par de tirantes que al momento en el que nosotros giramos, a ésta le toma unos segundos más alcanzarnos.

A pesar de esta sensación, la manera en la que el aire impacta contra el cuerpo del vehículo y cómo éste hace un sonido de ruptura contra el viento, convierte a la experiencia de manejar un i8 como una que se aparta de todo.

Sentenciado a un desenlace

La en una época en la que la movilidad se torna hacia la electrificación puede parecer una contradicción, sin embargo, la unicidad de su proyecto de manufactura y el no pertenecer a ninguna categoría comercialmente rentable, lo condena a una desaparición definitiva. No obstante, el haber aportado la idea de que la electrificación puede ser atractiva, gracias a su memorable aspecto, harán que este modelo pase a la historia como una leyenda de inicios del Siglo XXI.

El BMW i8 puede comprarse por el precio de 3.2 millones de pesos en México.

A prueba: BMW i8 Ultimate Sophisto Edition, la despedida de un ícono
A prueba: BMW i8 Ultimate Sophisto Edition, la despedida de un ícono

Agradecemos a por prestarnos sus instalaciones para la sesión de fotos

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