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Como la imposición de aranceles al acero (25%) y al aluminio (10%) carece de lógica económica y sentido común, asumimos es otra argucia mediática y populista de Donald Trump. En mi artículo La Bomba de Distracción Masiva (29/04/2017) señalé que la detonación de “la madre de todas las Bombas” en las montañas de Afganistán, era una mera distracción: después del sonoro show de 16 millones de dólares no hubo nada más. Ahora tenemos una nueva bomba de distracción masiva, pero esta vez con la consecuencia global de una guerra comercial. En las luchas de poder de la caótica Casa Blanca, el principal asesor económico, Gary Cohn, renunció y fue desplazado por el polarizante Peter Navarro, experto en fabricar este tipo de bombas.
Ante el declive de la industria acerera, que no puede competir con la sobreproducción mundial —la tonelada métrica nacional cuesta 800 dólares y la foránea 600—, Trump impone aranceles para protegerla, pero con consecuencias contraproducentes. El aumento del precio de esos dos insumos perjudicará a múltiples empresas (constructoras, petroleras, ferroviarias, automotrices, cerveceras, aeronáuticas, etcétera), a los consumidores y a los exportadores. Muchos productos serán más caros, menos competitivos, y aumentará el déficit comercial que tanto preocupa a Trump. El beneficio a los trabajadores de la siderurgia (poco más de 300 mil), perjudicará a más de seis millones que laboran en dichas empresas. Adicionalmente, los congresistas republicanos se oponen a la medida, los empresarios afectados que financian sus campañas electorales están furiosos, y EU se enfrenta a sus principales socios, que amenazan con represalias. El argumento de que es una cuestión de “seguridad nacional” es falaz: los principales proveedores de acero a EU son Canadá (16.7%), Brasil (13.2%), Corea del Sur (9.7%), México (9.4%), Japón, Alemania, etcétera todos amigos y aliados. En cambio, las naciones que la nueva estrategia de seguridad de Trump (ver mi artículo del 11/01/2018) califica como las rivales “potencias revisionistas de China y Rusia”, tan solo exportan acero a EU por un 2.9% y 8.1% La retórica de que el principal productor mundial de acero, China, es una amenaza a dicha seguridad, sirve para agitar la xenofobia y el proteccionismo de las masas racistas, pero no concuerda con la realidad.
La nueva “estrategia de shock” del disruptivo presidente busca cumplir una promesa de campaña, afianzar su reducida base electoral, amedrentar al mundo para eliminar resistencias, ablandar a Canadá y México (excluidos provisionalmente de dichos aranceles) en la renegociación del TLCAN, seguir dictando la agenda mediática, aparecer en las primeras planas noticiosas, satisfacer el protagonismo narcisista del gran manipulador, desviar la atención de sus nulos éxitos y principalmente del problema que lo obsesiona: el avance de las investigaciones del Russiangate. En síntesis: Trump gana políticamente, pero el país pierde económicamente. Como lo precisó el New York Times: no busca cumplir la responsabilidad presidencial o salvaguardar el interés nacional, sino defender sus intereses, aunque su autoritaria conducta fascistoide desate los demonios del racismo, la xenofobia, la polarización y el proteccionismo, e igualmente afecte la estabilidad, la gobernanza y la seguridad internacionales.
Internacionalista, embajador
de carrera y académico
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