¿Que detiene a la Bolsa Mexicana?

Rogelio Ramírez de la O

La muy diferente dirección que muestra la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) de la dirección de la Bolsa estadounidense va en su cuarto año y es un llamado de atención, independientemente de la corrección que han tenido todas las bolsas en marzo.

El índice de la BMV, en dólares, subió desde mayo de 2012, anticipando la elección de Enrique Peña Nieto ese año y su agenda de reformas. Pero dejó de subir tan pronto como marzo de 2013 y desde entonces hasta hoy no ha visto el nivel de ese mes. En el corto lapso sólo rindió 11%.

La bolsa estadounidense (Dow Jones) rindió en el mismo lapso 24% y siguió subiendo hasta febrero de 2018, periodo en el cual la BMV estuvo en clara caída. Las direcciones de ambas bolsas, inusualmente, se separaron desde agosto de 2014. Desde entonces la mexicana ha perdido 24% en dólares y la estadounidense ganó 56%. Es obvio que ya no se puede aplicar el axioma usual de que la Bolsa mexicana sube o baja según lo haga la de Estados Unidos.

Este desempeño contrasta con la interpretación tan positiva que hay en muchos círculos de que México sigue inserto en la globalidad o de que vamos por muy buen camino. La caída de la Bolsa está dando un mensaje contrario.

El ciclo económico mexicano está ya muy avanzado desde 2013, por lo que cualquier desánimo sobre México obedecería a más que un error de apreciación. Como en las Grandes Expectativas de Dickens, las reformas de Enrique Peña Nieto, su agenda de infraestructura o la avalancha de inversión extranjera directa (IED) podrían resultar ilusiones perdidas, como en Balzac.

La IED total en 2017, ya con varias rondas petroleras, fue de 21 mil millones de dólares, incluso menos que los 40 mil millones de 2013. Y el 45% fue por utilidades reinvertidas por las empresas extranjeras que ya operan aquí.

El mercado internacional ha tomado distancia de México, por lo menos desde mediados de 2014. Aunque ya sabemos que hay problemas que no se originan en México, como la renegociación del TLCAN o el aumento de tasas por la Reserva Federal, la probabilidad de que el mercado esté viendo problemas estrictamente mexicanos está en aumento.

Más aun, al cierre de este sexenio convergen problemas que sólo se han venido descomponiendo y que, si continúan, pueden llegar a un clímax y dar paso a un periodo de mucho pesimismo en el mercado. Entre las expectativas generadas por las reformas y el corte de caja que haya en el curso de este año o apenas entrado el próximo, podría haber un abismo.

México ya conoce esta experiencia, la última vez al cierre del sexenio de Carlos Salinas, en donde la explosión se contuvo tan sólo por unos meses, para acabar en una gran deuda de 30 mil millones de dólares de tesobonos (indizados al dólar), pérdidas ocultas en la banca de desarrollo, una gran sobrevaluación cambiaria, y créditos desbocados de la banca comercial que dejarían de pagarse con cualquier pequeña sacudida.

Los temas que han aflorado en el actual cierre, 24 años después, están alrededor de proyectos de infraestructura que pueden quedar sin fondeo y con problemas técnicos o de corrupción; los programas de Sedesol ligados a la Estafa Maestra; el sobreendeudamiento de varios gobiernos estatales; la desviación masiva de recursos públicos y todos los escándalos asociados.

Para los mercados no hay nada peor que encontrarse de pronto con una realidad totalmente diferente a la que había supuesto. La crisis de 1995 fue causada por una mala macroeconomía, pero se agravó por temas de corrupción. Y fue esto último, más que la caída macroeconómica, la que causó más desánimo y pérdida de confianza.

Analista económico. [email protected]

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