El otro México que no quieren ver

Pilar Lozano Mac Donald

México se ha convertido en el segundo país en el mundo con el mayor número de personas que salen del país. El principal lugar de destino de los mexicanos es Estados Unidos.

Fuera del país vive una comunidad de 13 millones de mexicanos, de los cuales poco más de 12 millones viven en Estados Unidos, pero si agregamos a quienes tienen origen mexicano, la cifra llega a 37.5 millones de compatriotas viviendo en el extranjero.

Esta situación ubica a nuestro país en una condición que le obliga a atender a una comunidad que tan solo en 2018, aportó más de 30 mil millones de dólares en remesas a la economía, convirtiéndose en fuente fundamental para la recepción de divisas, pese a las condiciones, en su mayoría adversas, en las que tienen que desarrollar su trabajo, pues tan solo en Estados Unidos existen 5.6 millones de migrantes mexicanos sin documentos; 7 de cada 10 de los cuales no tiene ciudadanía estadounidense; 3 de cada 10 no cuenta con acceso a servicios médicos y 20 por ciento vivía en condiciones de pobreza en ese país.

Se trata de mexicanos que han demostrado valor para dejar sus comunidades y carácter para enfrentar una realidad y una sociedad a la que se han adaptado, con innumerables historias de éxito.

Los dejamos ir por no generar oportunidades. Con ellos se va su talento, su imaginación y su valor y nos regresan su amor a la patria en forma de solidaridad con obras y proyectos de beneficio colectivo en sus comunidades.

Por ello, no compartimos la visión del actual gobierno federal de dejar en el desamparo a ese otro México que vive fuera de nuestras fronteras. La reducción de recursos dentro del PEF 2019, es muestra palpable del nivel de importancia que para la actual administración tiene la comunidad mexicana residente en el extranjero: no solo se recortó el presupuesto a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), sino a programas emblemáticos como el 3X1 para Migrantes que tiene como objetivo apoyar las iniciativas de los connacionales radicados en el exterior para la realización de proyectos de infraestructura social, servicios comunitarios y productivos que contribuyen al desarrollo de sus comunidades de origen.

Es lamentable que mientras nuestros migrantes radicados en Estados Unidos nos dan buenas noticias con el incremento del envío de remesas, aquí en México el gobierno les da la espalda al bajar un 98.2 por ciento los recursos asignados al Programa 3x1 para Migrantes y deja con menor presupuesto a las oficinas consulares.
Ante este escenario, continuaremos demandando que nuestro país salde la deuda histórica que tiene con sus migrantes, con iniciativas que les permita ejercer plenamente sus derechos.

Si de verdad queremos hacer justicia al México que desde la distancia nos da divisas y obras, debemos darles la atención en esa misma proporción, dotándolos de las instituciones necesarias para la promoción y defensa de sus derechos dentro y fuera del país.

Un paso importante en este sentido sería contar instancias, como una Secretaría del Migrante, que atiendan, junto con las demás dependencias del gobierno federal, de manera transversal, las necesidades de nuestros migrantes y permitirles contar con representación en el Congreso de la Unión, así como el derecho al voto desde el extranjero de manera electrónica, sin trabas burocráticas.

No es un tema de pesos y centavos. Es un tema de solidaridad y de reconocimiento al valor y esfuerzo que realizan quienes, desde la distancia, conservan tradiciones y amor por su tierra. Es cuestión de justicia.
 

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