La tendencia de la inflación en México

Pablo Álvarez Icaza Longoria

Luego del anuncio de la inflación de la semana pasada, medida por el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) de julio, que se ubicó en 6.44% en tasa anual continuando la tendencia ascendente iniciada desde el segundo semestre de 2016 y que se aceleró drásticamente en enero pasado con el gasolinazo, se rompió el vaticinio de Agustín Carstens, gobernador del Banco de México (Banxico), que contagiado del optimismo de algunas consultorías y considerando la fuerte apreciación del peso frente al dólar, había anticipado que en julio ésta alcanzaría su pico.

Había elementos para ser optimistas, porque cuando se dio el anuncio de la primera quincena de julio, en tasa anual se había frenado la tendencia de alza; sin embargo, las cifras de la segunda quincena vinieron a descomponer el cuadro. Esto confirma lo que los analistas hemos advertido muchas veces: un buen dato no asegura un cambio de tendencia.

Lo que las cifras indican es que la inflación general (INPC) se está desacelerando, lo mismo que la subyacente (4.94%) que excluye de su cálculo a los precios de productos agropecuarios, energéticos y tarifas autorizadas por distintos órdenes de gobierno que son más volátiles y no están determinados por las condiciones del mercado, así como, la no subyacente (11.27%), ambas en tasa anual. 

El secretario de Hacienda, José Antonio Meade le echó la culpa a dos o tres productos o servicios como el jitomate y el tomate verde, o los servicios turísticos y el transporte aéreo que subieron por el inicio de la temporada de verano, asegurando que pronto se presentaría una tendencia a la baja en la inflación. Recordemos que hace poco opinó que las tasa de interés de referencia deberían de bajar a finales de año, confiando en que la inflación iría descendiendo y que el efecto rezagado de la política monetaria comenzaría a surtir efecto. La Junta de Gobierno de Banxico, al parecer, tomó en cuenta su apreciación y no subió dicha tasa el jueves pasado.

La decisión del banco central estuvo respaldada porque la inflación al productor, medida por el Índice Nacional de Precios al Productor (INPP) excluyendo petróleo, continuó con su tendencia de baja en julio, tanto en lo que corresponde a la producción total (5.92%) —ya es más baja que la del INPC— como a la de bienes intermedios (7.84%) y de bienes finales (5.09%), por lo que esta menor inflación de costos a la larga también favorecerá a la del consumidor final. 

Sin embargo, la inflación tiene un componente inercial que no es tan fácil parar y el traslado de los incrementos de los costos a los consumidores no se regresa en la misma proporción una vez que estos se reducen.

Además, se espera que desde la segunda quincena de agosto, se incorporarán las alzas de los precios de la colegiaturas y de los útiles escolares, por lo que una inflación baja en la primera quincena no garantiza el mismo desempeño en la segunda; pero en contrapartida, al concluir la temporada alta, las tarifas áreas podrían volver a bajar, pero no al mismo nivel que estaban en junio.

A pesar de los buenos deseos de que se llegue a una buena renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que ya comenzó, la incertidumbre de un proceso bastante complicado y complejo podría generar nerviosismo en los mercados financieros y particularmente en el cambiario que es extremadamente volátil, por lo que las ventajas para la inflación que ha generado la apreciación del peso, podrían desvanecerse.

En lo que respecta a los precios administrados por el gobierno, lo más seguro es que se mantengan estables ante la cercanía del proceso electoral de 2018, contribuyendo a que pudiesen iniciar una tendencia a la baja de la inflación general, aunque comparados con el nivel que tenían hace un año seguirán siendo muy elevados.

En julio, el componente de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno fue de 10.81% en tasa anual, aunque su variación mensual fue de menos 0.41%.

Los organismos internacionales han señalado que el gobierno no debiera de incrementar los subsidios para contener el alza de tarifas como la luz y continuar con la liberalización del precio de la gasolina. Sin embargo, el horno no está para bollos, luego de la reacción generada por el gasolinazo a principios de año.

En conclusión, pudiera ser cierto que la inflación del consumidor esté cerca de llegar a un techo, pero para fin de año sería de alrededor de 6%, lejos de 4% que es la banda superior que desearía Banxico y con una tendencia descendente; pero con el riesgo de que pudiera repuntar pasadas las elecciones de 2018, evitándose que alzas previas de precios y tarifas afecten al partido en el poder.

 

 

Catedrático de la EST-IPN.
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