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El sencillo profesor que era Rubén Núñez Ginez cuando enseñaba en la Escuela Normal Experimental Lázaro Cárdenas, en Putla Villa de Guerrero, Oaxaca, se convirtió en El Jefe o El Patrón.
En poco menos de cuatro años de dirigir a la Sección 22 de la CNTE, cambió la formación de normalistas por los negocios: venta de plazas, terminales clandestinas de autobuses, y ahora, según la acusación de la PGR, lavado de dinero.
Tras obtener un cargo sindical que no se esperaba, en septiembre de 2012, Núñez Ginez comenzó a saborear el poder de ser el dirigente de la disidencia magisterial más numerosa e influyente del país: Oaxaca. Según los registros de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de ese año, de un mes al siguiente, y sin participar en concurso o carrera magisterial, al profesor le obsequiaron una plaza adicional como maestro de secundaria; gracias a ella su salario se incrementó al doble.
No tiene las habilidades oratorias de otros dirigentes de la coordinadora o de sus antecesores, su carácter es “manso”, según sus detractores, y ha sido acusado por los sectores radicales de la Sección 22 de actitudes “entreguistas” con el gobierno oaxaqueño.
En sus años al frente de la dirigencia estatal de la CNTE en Oaxaca logró dominar el “negocio”, reportes de la Secretaría de Hacienda lo colocan como el principal organizador de las operaciones de venta de plazas docentes, a precios que oscilaban entre los 80 mil y los 250 mil pesos según la categoría.
Formalmente sólo lo ha denunciado la organización Mexicanos Primero por fraude, en junio de 2015, por devengar un salario como maestro a pesar de hacer trabajo sindical. La nómina de la SEP señala que Rubén Núñez ha percibido 4 millones 81 mil 884.18 pesos de 2010 a la fecha, gracias a las dos plazas que tiene. Ahora la PGR y Hacienda lo acusan de lavado de dinero.
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