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San Cristóbal de las Casas, Chis.— Ante indígenas de todo el país, el papa Francisco llamó a los mexicanos a que hagan un acto de conciencia y aprendan a pedir perdón a los “pueblos incomprendidos y excluidos de la sociedad, a los que algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones, el mundo de hoy los necesita”, dijo.

En la misa, a la que asistieron cerca de 100 mil personas, entre las que estaban más de 6 mil 600 representantes de etnias nacionales y centroamericanas, inició su mensaje con la frase de un salmo en lengua tzotzil.

El escenario fue el Centro de Servicios Deportivos Municipales —un campo con canchas de futbol—, donde reprochó el trato que se ha dado a los indígenas, puesto que algunos “mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras”.

Citó el Popol Vuh maya, que habla de los pueblos que han caminado en las distintas tinieblas de la historia, que refiere que “hay un anhelo de vivir en libertad, hay un anhelo que tiene sabor a tierra prometida, donde la opresión, el maltrato y la degradación no sean la moneda corriente.

“En el corazón del hombre y en la memoria de muchos de nuestros pueblos está inscrito el anhelo de un tiempo donde la desvaloralización sea superada por la fraternidad, la injusticia sea vencida por la solidaridad y la violencia sea callada por la paz”, dijo.

En la ceremonia religiosa en la que participaron 60 obispos mexicanos, 120 sacerdotes y 16 seminaristas indígenas, el Papa acusó que “de muchas formas y maneras se ha querido silenciar y callar ese anhelo, de muchas maneras han intentado anestesiarnos el alma, de muchas formas han pretendido aletargar y adormecer la vida de nuestros niños y jóvenes con la insinuación de que nada puede cambiar o de que son sueños imposibles”.

Recriminó que “muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones”.

Otros, aseguró, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban.

“¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir perdón. El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita.

“Los jóvenes de hoy, expuestos a una cultura que intenta suprimir todas las riquezas y características culturales en pos de un mundo homogéneo, necesitan que no se pierda la sabiduría de sus ancianos.

“El mundo de hoy, preso del pragmatismo, necesita reaprender el valor de la gratitud”, expresó.

Durante la misa, que tuvo como escenario un altar con una réplica de la catedral de San Cristóbal de las Casas y una tarima adornada con flores de las que usan las comunidades tzotziles de Zinacantán, Jorge Mario Bergoglio resaltó: “No podemos hacernos los sordos frente a una de las mayores crisis ambientales de la historia”, y reconoció que ante la relación que tienen los indígenas con la naturaleza “mucho tienen que enseñarnos.

“Frente a estas formas, la creación también sabe levantar la voz (...). La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en al agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados está nuestra oprimida y devastada Tierra, que gime y sufre dolores de parto”, manifestó el Pontífice.

Misas en dialecto. El Pontífice se reunió después con ocho representantes religiosos de la comunidad indígena, con quienes almorzó. En este lugar autorizó oficiar misa en diversos dialectos indígenas.

Después fue hasta la imagen de la Virgen de La Asunción, para ofrecerle flores y pidió a los que ahí estaban rezar por los enfermos.

En la Catedral de San Cristóbal de las Casas, el papa Francisco platicó, besó, saludó y bendijo a niños, jóvenes y adultos, y recibió cartas y regalos.

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