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La prohibición minada

Articulista invitado

Renato Sales
Nación 30/11/2015 02:04 Renato Sales Actualizada 02:05

Ha corrido ya mucha tinta sobre la reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en relación con el tema de la marihuana. Agradezco al periódico EL UNIVERSAL la oportunidad de externar, brevemente, mi punto de vista.

¿Autorizó la Corte el consumo del estupefaciente o sólo hizo luz sobre una paradoja?:

El artículo 194 del Código Penal Federal vigente dice: “Se impondrá prisión de 10 a 25 años y de 100 hasta 500 días multa al que: Produzca, transporte, trafique, comercie, suministre aun gratuitamente o prescriba alguno de los narcóticos señalados… Para los efectos de esta fracción, por producir se entiende: manufacturar, fabricar, elaborar, preparar o acondicionar algún narcótico, y por comerciar: vender, comprar, adquirir o enajenar algún narcótico. Por suministro se entiende la transmisión material de forma directa o indirecta, por cualquier concepto, de la tenencia de narcóticos”.

Resulta que en México no se penaliza el consumo de marihuana o cocaína por debajo de los cinco gramos y de los cinco miligramos respectivamente. Así se sigue de lo dispuesto por el artículo 478 de la Ley General de Salud: “El ministerio público no ejercerá acción penal en contra de quien sea farmacodependiente o consumidor y posea alguno de los narcóticos señalados en la tabla.” Y el 479 señala que “se entiende que el narcótico está destinado para su estricto e inmediato consumo personal cuando la cantidad del mismo no exceda de las previstas en el listado (tabla de orientación de dosis máximas de consumo personal e inmediato)”.

En estos casos el agente del ministerio público debe iniciar una averiguación previa cuyo destino es el no ejercicio de la acción penal.

La paradoja que la Corte ilumina con su resolución es la siguiente: ¿Cómo consumir lo que legalmente no se puede producir, ni vender, ni suministrar, ni trasladar? ¿Cómo, pues, consumir lo que no existe en el mercado?

México es el principal productor de marihuana en el mundo. Genera el 18% del cultivo mundial: 7 mil 400 toneladas métricas de acuerdo con los datos de la ONU. Estados Unidos es, también, uno de los países con mayor producción en el mundo con el 11.4%, 4 mil 700 toneladas métricas.

Decía Fernando Savater que la raíz del problema de la droga se encuentra en su prohibición. La llamó, desde hace años, la prohibición inútil.

Se preguntaba Savater, también, si era posible concebir un mundo sin drogas. Pues droga es, al cabo, la cafeína, el alcohol, la nicotina. Pocos saben que el ingrediente activo del chile es un alcaloide denominado capsaicina.

La palabra griega “pharmakon” tiene dos significados: veneno o medicina. Es la cantidad la que determina que sea lo uno u lo otro.

¿Es éticamente válido perseguir penalmente a un individuo que no afecta con la ingesta de una u otra sustancia a terceras personas, bajo el argumento de que pone en riesgo su salud o su vida? Si ese argumento fuera válido se sancionaría con cárcel a los alpinistas, paracaidistas y corredores de fórmula uno.

Nunca está de más recordar la prohibición que definió a los Estados Unidos de América en la década de los veinte.

La ley Volstead, mejor conocida como ley seca, prohibió en todo el territorio norteamericano la manufactura, venta, transporte, importación y exportación de toda clase de licores.

Cuando se anunció su promulgación dijo el senador Volstead: “Esta noche, un minuto después de las 12, nacerá una nueva nación. El demonio de la bebida hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos; los transformaremos en graneros y fábricas. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños”.

El período 1919-1933, en que imperó la prohibición, no se caracterizó por la multiplicación de las sonrisas: El alcohol produjo 45,000 reos en los Estados Unidos. ¿Acaso disminuyó la violencia? ¿Habría surgido la mafia sin la prohibición?

La “salud”, bien jurídico supuestamente protegido por este tipo de leyes, tampoco se vio muy favorecida que digamos. A los muertos generados por la trifulca entre las pandillas mafiosas hubo que sumar los que fallecieron por consumir alcohol adulterado.

En 1933 la ley seca fue derogada. Se admitió que sus consecuencias habían sido terribles: 30 mil muertos por envenenamiento; 100 mil personas ciegas o víctimas de la parálisis; y 45 mil personas detenidas.

Lo decía hace un tiempo la doctora Medina Mora: No disminuirá la ingesta de alcohol por encarcelar borrachos. El tema debe ser atendido, pues, desde una óptica de salud pública y no más desde el derecho punitivo.

El discurso de la prohibición se encuentra minado por su paradoja: El consumo de menos de cinco gramos de marihuana no es delito. Sí lo es su producción, transportación, distribución, suministro o venta.

Comisionado nacional de Seguridad

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