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“¡Son actos ilegales!”, exclama el ex embajador de México ante la Unión Europea, Porfirio Muñoz Ledo, debido a la intención de construir un muro y el bloqueo comercial de Estados Unidos.

Es tajante: México debe demandar a Estados Unidos y al presidente Donald Trump ante el Consejo de Seguridad de la ONU, por actos de agresión.

El experimentado político mexicano, hoy Constituyente de la Ciudad de México, convoca a que representantes de los más diversos sectores, empresarios, universidades, sindicatos, ONG y legisladores busquen a sus pares en otros países para conformar la defensa.

México debe, señala, detonar el despertar de los países en la defensa de sus propios intereses.

Hay riesgo, afirma, incluso de conflictos internos “por la desesperanza” generada por acciones de Trump.

En entrevista con EL UNIVERSAL, Muñoz Ledo pide ir a la ONU contra Trump y recita de memoria los artículos 39 y 41 y de la Carta de las Naciones Unidas, donde se define que el Consejo de Seguridad determinará la existencia de toda amenaza a la armonia, quebrantamiento de la paz o acto de agresión, y hará recomendaciones, o decidirá qué medidas tomar para restablecer la tranquilidad y la seguridad internacionales.

“Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Trump”, parafrasea y recuerda que el Consejo de Seguridad de la ONU, según el artículo 41, podrá decidir qué medidas —que no impliquen el uso de la fuerza armada— han de emplearse para hacer efectivas sus decisiones, desde la interrupción total o parcial de relaciones económicas, hasta la ruptura de relaciones diplomáticas.

Para Muñoz Ledo es claro que Estados Unidos dejó de ser amigo de México, y hoy se debe tomar una estrategia radicalmente distinta.

Se puede acudir también, explica, para orquestar una campaña internacional, a la Organización de Estados Americanos (OEA), al Consejo Europeo o a la Organización Mundial del Comercio (OMC), al restringir el flujo de inversiones, además del Fondo Monetario Internacional, porque esta serie de acciones han desestabilizado las finanzas del país.

Se debe acudir, apunta, incluso al Vaticano. No hay tiempo, insiste, se debe hacer ya.

“Ya no somos amigos”.

¿Qué opina que Trump quiera construir un muro?

—México debe asumir que tendrá en adelante la hostilidad del gobierno de Estados Unidos. Ya no somos socios comerciales en un sentido propio, que respetan sus acuerdos. Ya no es un país amigo, sólo es una nación vecina.

México, sus instituciones, sus organizaciones sociales, deben promover una estrategia radicalmente distinta, que yo llamaría una acción global para defender su integridad.

Es lamentable que al día de hoy no haya habido una presencia mexicana de alto nivel en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que era el punto en el que había que comenzar la denuncia.

Propongo que México denuncie a los Estados Unidos, ante el Consejo de Seguridad por actos de agresión. En el capítulo Séptimo de la ONU claramente se define eso.

Lo que acaba de firmar Trump, sobre el muro, es un acto de agresión contra México. Hay amenaza, además, de violación masiva de derechos humanos, actos de restricción de comercio internacional y hay actos de intimidación contra la integridad económica del país. Esto puede conducir a una grave desestabilización económica.

Tenemos gran experiencia en el Consejo de Seguridad, estoy dispuesto a poner de mí mismo si hay una acción nacional concertada.

Hay varias vías a las cuales acudir. Pero, además, si el gobierno de México, si las fuerzas políticas, tomaran la decisión de una actitud valiente, que buscara la solidaridad internacional, recuperaríamos el gran prestigio que tuvo la diplomacia de nuestro país, fomentaríamos la unidad nacional y alentaríamos a los distintos sectores de la República; por ejemplo, los empresarios que acudan con las organizaciones del ramo.

Que acudan a los sindicatos, las ONG, que acudan. Sería algo semejante a la expropiación petrolera, un levantamiento del país por las razones contrarias, no porque haya habido una gran decisión.

Si no porque estamos en un acto de indignación nacional que puede provocar estragos gravísimos a la población. Puede llevarnos a aumentar el desprestigio del régimen, que puede llevarnos a conflictos internos por la desesperanza.

El mexicano no acepta el atentado contra su dignidad, y el Ejecutivo federal y todas las instituciones tienen que salir en defensa.

México tiene que hacer una campaña internacional consistente.

No hay que temer.

Iniciarla ya...

—¡Hoy! En vez de ir a Washington, debe ir a Nueva York, a demandar ante la ONU, pero con un programa bien pensado, y con un llamado a la defensa de la nación.

Que no tengan miedo. Que no tengan temor, que no nos va a ocurrir nada. Hay muchos países que tienen problemas con otros.

Pero histórico en México, ¿no? Nunca habíamos estado así en la era moderna.

—No, no, no. Es nuevo y no porque México fue un pariente pobre de la comunidad internacional, después de la Revolución Mexicana porque no aceptaron el artículo 27 de la soberanía del país sobre sus recursos naturales.

México ha tenido situaciones difíciles en la comunidad internacional, pero desplegó durante años política de dignidad y respeto.

¿Qué opinión le merece la decisión del presidente Enrique Peña Nieto de cancelar su visita a EU?

—Tenía que cancelarla. Prácticamente se la cancelaron del otro lado. Él no podía decir que pagaba el muro.

El muro se convirtió en el límite. Y yo vería un cambio radical de política. Tiene que darse esta semana. Puede llamar a todas las fuerzas nacionales, pues las elecciones no están a la vuelta de la esquina, faltan prácticamente dos años. No puede haber un gobierno debilitado, sin prestigio interno, con inestabilidad, con peligros graves en lo interno de desorden social.

Es el momento de hacerlo: un cambio radical de política exterior. La defensa global de nuestro interés nacional.

Ahora, desde la propia campaña electoral de Donald Trump anunció sus acciones...

—¡Pero mucha gente creía que eran amenazas vacuas! Con lo ocurrido hasta ahora, las intimidaciones se convirtieron en hechos. Eso nos da fuerza ante la demanda ante el Consejo de Seguridad. Porque las medidas son amenazas cumplidas. La firma de la construcción del muro ya es un acto de agresión.

¿Al gobierno mexicano lo agarraron sin una estrategia?

—Bueno es que fue algo que vino dándose de una manera inesperada. Casi nadie creía en que Trump obtuviera la victoria.

Ahora, el gobierno de México se equivocó en recibirlo, esa fue una obviedad. Porque, incluso, eso lo ayudó. Fue la primera vez que se presentó como Jefe de Estado.

En todo el mundo se tenían dudas, creían que era una baladronada, pero no, esta ya es una política. Hay quien ha acusado de un renacimiento del nazismo, yo digo que cuando menos es una xenofobia muy peligrosa.

Es el fin de una etapa de globalización y el inicio de relaciones ásperas entre los países, que puede derivar en actos de fuerza, porque hay grandes ventajas que se dan al sector militar y estratégico armamentista.

Hay un llamado, sino a las armas, a que no va a bajar la presión militar de Estados Unidos. Contra México no, porque sería insensato y absurdo, porque no somos una potencia.

Cobra sentido la frase de tan lejos de Dios, tan cerca de EU...

—¡Tan cerca de Trump! Pero México ha tenido formas de defenderse internacionalmente. A pesar de que se encerró, y ese fue el principal error del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), no es tanto que hayan faltado elementos sustantivos como el libre tránsito de personas.

Pero México tiene muchos más acuerdos internacionales...

—Claro, comerciales y políticos.

¿Le llama la atención que otros países de América Latina no hayan apoyado a México?

—Porque no creen que México vaya a levantarse y porque ellos también están a la expectativa. México no se los ha pedido, no saben cuál va a ser la actitud que se tome. Por eso México debe detonar el despertar de los países en la defensa de sus propios intereses.

¿Cuál es el riesgo de no hacerlo?

—Que sigamos contra la pared, que no haya unidad nacional. Que no haya defensa de nuestros intereses, es una rendición en el fondo de México. Le va la vida del país.

Es una prueba para México...

—Al gobierno de la República, y a su clase de dirigentes.

¿Considera que hay tamaños de esa clase política?

—¡Es indispensable por la sobrevivencia del país! Y habrá muchos mexicanos más o menos influyentes que estemos en esta dirección.

¿Saldrá México adelante?

—No sería yo tan optimista. Demos la lucha como la hemos sabido dar en el pasado. Y reconstruyamos la dignidad nacional... que es la que está terriblemente ofendida.

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