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El liberal Moon Jae-in, exabogado curtido en la defensa de derechos civiles, es el décimo segundo presidente de Corea del Sur. Su triunfo simbolizó el deseo de cambio de una sociedad surcoreana harta de escándalos de corrupción.
Moon, de 64 años, casado y con dos hijos, es un activista de rostro amable. Se comprometió a subir salarios, a crear 800 mil empleos públicos y reducir la concentración de riqueza y poder de los “chaebol” (los grandes conglomerados familiares, como Samsung). Nacido en 1953, en una familia de refugiados norcoreanos en plena guerra de Corea, Moon es partidario del diálogo con Pyongyang, algo que ha sido cuestionado por los surcoreanos de línea dura.
Moon ya compitió sin éxito por la presidencia en 2012. Pero esta vez, el tema de las elecciones fue la corrupción, lo que impulsó a quien es conocido como “candidato de las manos limpias”.
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