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julian.sanchez@eluniversal.com.mx
Santiago de Cuba.— Con dificultades caminó unos dos kilómetros apoyándose en su bastón. A sus casi 85 años, Norma Esther Silva quiso olvidar por un momento el dolor en sus piernas, sólo quería ver pasar al papa Francisco, aunque fuera por unos segundos.
“Él me sonrió. Me vio con todo y me dio la bendición”, contó con emoción la mujer, maestra de francés retirada. “Lo he estado viendo desde que llegó por la televisión y ahora lo vine a ver aquí con gran emoción”, insistió Norma, quien destacó que el Papa llegó en buen momento a Cuba, pues los habitantes de este país necesitaban un mensaje de paz y que rezara por este pueblo.
Norma Esther enseñó a varias generaciones en la Universidad de Filología. Una de sus alumnas, María del Carmen Knaggs Maymir, dijo recordarla con mucho respeto y cariño. “Ella nos enseñó el amor y respeto por los demás, nos lo inculcó a través de la religión católica, porque ella es cristiana por naturaleza”, destacó María del Carmen de su maestra, quien afirmó que regresa a su casa llena del amor y paz que le transmitió Francisco.
En ello coincidió Irenia López, quien entre lágrimas expresó su intención de solicitar al Papa que pida a Dios por ella, para que mejore su salud, pues desde los 19 años padece de un mal hepático que la ha llevado cinco veces al quirófano.
Irenia, asistente de servicios de enfermería en un hospital de Santiago de Cuba, dijo que sintió “mucha alegría, mucha emoción” de ver al Papa, al que le pidió, internamente, tener un hijo, porque no ha podido ser madre debido a su padecimiento. “Ojalá que logre tener un hijo”, expresó.
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