J. Jaime Hernández. Agenda Washigton

Supongo que a nadie le gusta que le busquen un sustituto cuando el aliento de posible perdedor te delata en el arranque de una carrera

Mundo 24/08/2015 09:00 J. Jaime Hernández / Corresponsal Washigton Actualizada 09:00
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Supongo que a nadie le gusta que le busquen un sustituto cuando el aliento de posible perdedor te delata en el arranque de una carrera. Especialmente si la carrera en cuestión es la última oportunidad de tu vida para demostrar que tus méritos y tu trayectoria, y no tu proximidad con uno de los mejores presidentes en la historia de EU,  te han convertido en un auténtico sucesor de la oficina oval de la Casa Blanca.

Esa es la actual situación de Hillary Clinton, una mujer que hoy lucha con uñas y dientes para evitar que su campaña se desfonde entre problemas de credibilidad y una investigación federal para determinar hasta qué punto engaño a la nación al convertir la correspondencia oficial del Departamento de Estado —en particular el manejo de correos electrónicos altamente secretos—, en un estanco particular de su servidor de internet privado.

El problema para Clinton es que el corredor que podría entrar al quite, para garantizar que la Casa Blanca quede en manos del partido demócrata, es el vicepresidente, Joe Biden, un hombre que genera mayor confianza y credibilidad entre un sector del electorado progresista y liberal que dudan de Hillary. 

Otro problema adicional es que, junto con el vicepresidente Biden, podría correr como compañera de fórmula la senadora por Massachussetts, Elizabeth Warren, una de las mujeres mejor dotadas y con un enorme peso e influencia en el ala liberal del partido demócrata y entre la base electoral progresista e independiente.

El binomio de Joe Biden y Eliabeth Warren se ha convertido en la sorpresa de verano. Y en la peor pesadilla de Hillary Clinton, quien nunca sospecho que su problema de credibilidad calara tan fondo entre el electorado.

El más reciente sondeo de la Universidad de Quinnipiac ha dejado en evidencia los problemas de credibilidad o de buena imagen de Hillary Clinton. Más del 51% no tienen una buena opinión de ella y, entre el sector de independientes, este problema se eleva hasta el 53%.

Una rápida mirada a la evolución de sus apoyos, a través de las encuestas de cadenas como CNN, nos arrojan el siguiente resultado: desde el mes de abril, cuando contaba con el 69% del apoyo del electorado demócrata, sus números se han ido achicando para llegar a mayo con el 60% del respaldo, en junio con el 58%, en julio con el 57% y agosto, con la más drástica caída, apenas un 47% de apoyo entre su propia base.

En medio de este descenso acusado, los rumores de la candidatura presidencial de Joe Biden, que fracturarían los apoyos a la campaña de Hillary Clinton, han ido en aumento para mayor nerviosismo de quien en 2007 se creía la candidata presidencial inevitable. Hasta que llegó Barack Obama, esa estrella de rock que llegó aupado por las multitudes con la promesa del cambio, para dejarla en la cuneta.

Hoy, cuando sólo faltan 17 meses para el fin de la era Obama, muchos son los que se preguntan si acaso ha llegado el momento estelar para Joe Biden como candidato presidencial. Una opción que no sólo permitiría crear una opción creíble frente a la candidatura de Hillary Clinton en el seno de la tribu demócrata, sino que además representaría la opción más legítima para defender desde la Casa Blanca el legado de Barack Obama.

La opción de Joe Biden se antojaba imposible hasta hace apenas unas semanas atrás. La muerte de su hijo Beau, quien murió en mayo pasado de un cáncer cerebral a los 46 años, sumió a Biden en la tristeza y la desesperanza.

Precisamente, poco antes de morir, Beau Biden le pidió a su padre contender por la presidencia. A principios de septiembre sabremos si, acaso, Joe Biden hace caso a la última petición de su hijo en el lecho de muerte.

Mientras tanto, la entrevista secreta de Biden y Warren durante el fin de semana y la contratación de Kate Bedingfield como su nueva directora de comunicaciones, parecen confirmar por adelantado que Joe Biden ha tomado la decisión de sumarse a la lucha por la nominación presidencial del partido demócrata, mientras Hillary lucha contra las expectativas de un segundo fracaso antes de llegar a la meta de la nominación presidencial.

 

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