Enrique Alfaro, el político que creó su marca

Miguel Alberto Delgadillo Ibarra

Una personalidad dura, seria y exigente es la que ha marcado la carrera política del gobernador electo de Jalisco, pero ¿cómo logró convertirse en un fenómeno social?

Cuando en 2009 siendo abanderado del PRD buscó la alcaldía de Tlajomulco, llamó la atención de los estrategas de comunicación, porque a diferencia de la mayoría de los políticos que presumen sonrisas en los espectaculares y medios de comunicación, Enrique Alfaro mostraba un rostro molesto, y sostenía que no había razones por las cuales sonreír en un municipio sumido en el atraso y la corrupción.

A pesar de que su apuesta de comunicación política era poco común, resultó efectiva, Alfaro ganó las elecciones en un municipio que jamás había sido gobernado por un partido distinto al PRI o al PAN, y desde entonces comenzó su ascenso en la vida pública de Jalisco.

Con una administración caracterizada por la austeridad y el desarrollo urbano, modernizó a Tlajomulco y fue ganándose el respaldo ciudadano, pues se convirtió en el primer mandatario del país en realizar una ratificación de mandato y ser aprobado por un amplio margen.

En 2010 rompió con el PRD y aunque tenía un fuerte impulso para contender por la gubernatura de Jalisco en 2012, no contaba con un partido que lo respaldara.

Ante esta situación Movimiento Ciudadano ofrece a Enrique Alfaro la plataforma de su partido para buscar el triunfo en los comicios. Esta decisión llevaría a formar un binomio que le otorgaría en el mediano plazo un crecimiento exponencial al partido naranja.

Con una campaña que basaba su narrativa en cambiar la historia y no repetirla, empleó frases llamativas como: “no tenemos un pelo de tontos”, logrando sumar el voto de miles de personas que estaban inconformes con los partidos tradicionales y que veían en este movimiento una opción para transformar su estado.

Alfaro perdió la elección pero a cambio obtuvo una votación histórica para MC , ganando los ayuntamientos Tlajomulco y Vallarta, además de conseguir los primeros escaños en el congreso local.

Para 2015, Enrique y MC aprendieron la lección. Redoblaron esfuerzos para que su plataforma continuara en crecimiento y aunado al mal gobierno de la presidencia municipal de Guadalajara, dejaban la mesa puesta para triunfar en la perla tapatía que representaba la antesala a la gubernatura en 2018.

Recuperar la dignidad de Guadalajara” fue el mensaje que convenció a los electores. Una suma de jóvenes, activistas, organizaciones no gubernamentales, estudiantes y profesionistas se sumaron al proyecto que logró el triunfo en la capital y en 24 municipios más, incluyendo los más relevantes de la Zona Metropolitana, triplicando el número de diputados en el congreso local y posicionando a Movimiento Ciudadano como la principal fuerza electoral de Jalisco.

Alfaro basó la reestructuración de la ciudad en la recuperación del espacio público, invirtiendo en áreas como las unidades deportivas y vialidades, un reordenamiento de los comerciantes que le significó problemas de gobernabilidad pues enardeció a antiguos cotos de poder que no estaban dispuestos a perder sus beneficios, y finalmente, implementó programas sociales como becas para los estudiantes y apoyos para mujeres jefas de familia.

En 2018 convencido de una “Refundación de Jalisco”, con un partido consolidado y una ciudadanía que buscaba un cambio, ganó la gubernatura con un margen de 15%, y unos días después de su anhelada victoria, sorprendió con el anuncio de su deslinde del partido que lo llevó al poder.

Ante tal situación, un asesor político de MC en Jalisco nos comparte su opinión: “Al contrario de lo que muchas personas piensan, nosotros vemos la decisión de Enrique como un acto de congruencia, pues envía un mensaje de pluralidad, de gobernar sin colores y sin intereses partidistas, manteniendo siempre la institucionalidad, así como lo hizo anteriormente en Guadalajara, el objetivo es dejar atrás el proceso electoral y lograr un ambiente de gobernabilidad”.

En conclusión la determinación de Alfaro de deslindarse del partido es interesante y podría ser explotable, si logra consolidar el mensaje de pluralidad y de transformación de la política tradicional a una política participativa hecha por y para los ciudadanos, a unos meses de tomar las riendas de la segunda entidad más importante del país, tendrá en sus manos convencer a la población de que ha dejado Movimiento, pero sobre todo, que continúa cerca de los ciudadanos.
 

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