El verdadero enemigo de AMLO

Miguel Alberto Delgadillo Ibarra

Andrés Manuel López Obrador no ganó las elecciones el 1 de julio, lo hizo desde mucho tiempo atrás conjugando un cúmulo de factores políticos, sociales, mercadológicos y emocionales. Tampoco perderá su credibilidad y carisma construida con lentitud y fortaleza a través de los años. Lo que sí es importante considerar es que imagen es percepción, y en los últimos días ha dado señales que valen la pena analizar.

El político tabasqueño nunca ocultó sus intenciones de sumar su proyecto a quien fuera necesario y edificó una imagen tan sólida que no le afectó para ganar la elección con holgura.

Desde que estuvo en campaña, sus adversarios cuestionaron el pragmatismo con el que se dirigió, desde la alianza con un partido ultra conservador como el Encuentro Social, hasta incluir en su equipo a personajes como Napoleón Goméz Urrutia, (ex líder minero) José Fernando González Sánchez y René Fujiwara (yerno y nieto de Elba Esther Gordillo respectivamente).

Es importante mencionar que las críticas hacia el círculo cercano de Andrés Manuel, siempre habían venido del exterior, hasta el 27 de julio pasado, cuando anunció que Manuel Bartlett será el próximo titular de la Comisión Federal de Electricidad.

Lo que realmente llamó la atención, fue la declaración de su ex coordinadora de campaña Tatiana Clouthier, tras afirmar que “había mejores alternativas para dirigir a la CFE”.

El punto medular del descontento y asombro popular no proviene de la capacidad que pudiera tener o no Bartlett al frente de dicha institución, sino lo que él encarna y representa: al viejo PRI, ese que se oponía descaradamente a la democracia, instrumentando la caída de un sistema de conteo de votos, que dependía de él.

Por más extraño que parezca, los estrategas del futuro presidente se apegan a un recurso bastante rentable y es el de la reconciliación y unificación.

Lo dijo como candidato en los debates y lo ha reiterado ahora, no busca confrontaciones, ni mucho menos persecuciones, busca utilizar su gran aceptación social para construir un plan político que le permita seguir arriba en la percepción pública.

El tema de Manuel Bartlett aún no terminaba de enfriarse, y Andrés Manuel sorprendió nuevamente a la opinión pública el 3 de agosto, cuando se mostró en un video con el ex aspirante presidencial (priísta-ciudadano) José Antonio Meade, donde sonrientes declaraban su cordialidad y buenos deseos.

Lo que algunos calificaron como “civilidad”, “reconciliación” y “madurez política”, para otros representó la evidencia más clara de la transición no sólo de una de las presidencias más corruptas de la historia contemporánea, sino del protagonismo político y estructural del PRI hacia Morena.

No es sorpresa que grandes cantidades de militantes tricolores abandonaran la casa destruida de su partido, para alcanzar lugar en la mansión que se edificaba, siendo claramente uno de los principales responsables de la derrota escandalosa del partido hegemónico.

Finalmente, el miércoles 8 de agosto, dos eventos se conjugarían el mismo día para despertar la sospecha; la absolución de la maestra Elba Esther Gordillo y la entrega de la constancia de mayoría al presidente electo, que la futura secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero llamó “una coincidencia histórica”.

Para aquellos que piensen que esto afectará gravemente el nombre y credibilidad de López Obrador, están muy equivocados. Una encuesta de Mitofsky, realizada después de la elección presidencial, nos confirma la fortaleza con la que llegará el nuevo mandatario, pues indica que en promedio al 60% de la población, su llegada al gobierno le genera sentimientos de alegría, felicidad, satisfacción, seguridad, tranquilidad y confianza.

Y dentro de este panorama alentador, sólo existe un dato que deben atender los estrategas, asesores y futuros secretarios: el tiempo. A la pregunta de: ¿en cuánto tiempo deberán observarse los cambios? El 61.1% de los encuestados indican que en máximo un año.

El verdadero enemigo de la próxima administración está en las expectativas altísimas que ha creado; becas, pensiones, reducción de la burocracia y de salarios, pacificación del país, crecimiento económico, entre otras.

La futura administración federal tiene los elementos de su lado para lograr el sostenimiento de su alto nivel de aceptación, sin embargo tendrá una prueba contra reloj, pues la ciudadanía si algo tiene agotado, es la paciencia.

 

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