2018: AMLO vs. AMLO

Miguel Alberto Delgadillo Ibarra

Ya sea en una playa liberando tortugas, en una avioneta o en un mitin político ofreciendo amnistía a narcotraficantes, todas y cada una sus declaraciones causan polémica, son populares y replicadas a tal grado que es el contendiente más conocido rumbo a la elección presidencial de 2018.

Lo anterior no es nuevo, tener 11 años en campaña por todos los rincones de la República desde su primera derrota, da como resultado sus números.

AMLO está acostumbrado a ser oposición, sin importar si son los medios de comunicación, el aparato gubernamental, los fraudes electorales, lo que le ha merecido la gran ola de detractores a su persona y a su movimiento, es la forma de reaccionar, las sentencias que ha soltado al aire, las acciones que ha tomado en las calles y por supuesto, las propuestas que hoy sus adversarios señalan como un peligro.

Con miras a su tercera elección presidencial, López Obrador y su equipo, son conscientes que la de 2018 es más parecida a la de 2006 que a la de 2012. Quizá por esa razón el dirigente nacional de Morena ha optado por sumar al Partido Encuentro Social, a pesar de causar molestia en algunos de sus seguidores (por la ideología de ultraderecha que defiende este partido), el tabasqueño no olvida que en 2006, al no unirse con el Partido Alternativa Socialdemócrata, le costó un porcentaje con el cual hubiera superado claramente a Calderón.

El tiempo ha transcurrido, pero los comparativos de la oposición para desprestigiar al puntero siguen vigentes; Hugo Chávez y Fidel Castro han fallecido, pero Maduro y Trump, son las nuevas caras con los que se busca infundir el miedo ante su eventual triunfo.

Si hacemos un balance general, parece ser que las condiciones están dadas para que el denominado Peje, conquiste el sueño de llegar a Los Pinos.

Durante su búsqueda desesperada, hemos sido testigos de un sexenio de Acción Nacional que intentó ser el del empleo y se convirtió en el de la violencia. Aunado a lo anterior, el regreso del PRI ha sido un poco peor, la situación de seguridad no ha mejorado, la economía familiar se encuentra resquebrajada y el fantasma de la corrupción, aumenta el coraje y la frustración de los ciudadanos.

Andrés Manuel lo ha entendido, ha mesurado su discurso y ha acercado a grupos empresariales, ha creado prácticamente una religión en su entorno, donde no se aceptan detractores pero sí se perdona a los pertenecientes a la mafia que deciden enderezar su camino en el cambio verdadero.

Sus asesores de marketing lo han modernizado, y a pesar de superar los 64 años de edad, hoy alcanza grandes audiencias en la red, con humor, pasión o repulsión, Andrés Manuel despierta emociones, de eso no hay duda. Lo hace cuando a cuadro deja a su esposa Beatriz Gutiérrez interpretando a Silvio Rodríguez, lo hace al mostrar el fervor de sus seguidores cuando seguían desde el Zócalo de la capital del país la transmisión en vivo de su desafuero al borde de las lágrimas y lo hace con los videos donde invita a “mandarlos por un tubo” robando una sonrisa del espectador, sin importar la preferencia política.

Después de que las principales fuerzas políticas han mostrado sus cartas para competir, se mantiene adelante, al menos así lo indica la encuesta de opinión realizada por Parametría (Diciembre, 2017) donde lo ubica a la delantera con 31%, seguido por José Antonio Meade con 20% y Ricardo Anaya con 19%.

El mensaje de AMLO es claro y sencillo, conmigo sí, con ellos no. Es el antisistema dentro del sistema. Sus cuentas son claras, sus adversarios son todo aquellos que no lo sigan, da igual el color de sus partidos o el nombre de sus alianzas, el golpea parejo en su mensaje, sin diferencias, sin matices y eso lo hace efectivo para el sector al que se dirige.

Mientras los otros dos candidatos deciden a quien golpear primero, el de Morena pelea contra el mismo, se vacuna ante los escándalos que se han publicado de militantes y seguidores de su partido bajo un halo de protección, pues sus seguidores seguirán firmes mientras no se le compruebe nada directamente.

Sin duda ha cometido errores estratégicos, desde el “cállate chachalaca” hasta la referencia del color de piel de sus oponentes, la clave es no continuar cometiéndolos.

Ha postergado los debates con el argumento de debatir con el líder de la mafia en el poder, Carlos Salinas de Gortari. En campaña, no podrá hacerlo, él mejor que nadie sabe que no puede darse la oportunidad de faltar como lo hizo en 2006, ahí dejó ir puntos valiosos. También es consciente que en ese renglón se encuentra por debajo de Meade y Anaya, su tarea será salir bien librado.

Los expertos en encuestas mencionan que a pesar de ser el más conocido, esa es precisamente su desventaja, pues ya no puede crecer en preferencias, aunque haya demostrado tener un voto duro muy importante. Sus principales adversarios tendrán que aprovechar sus errores y comenzar a sumar aciertos, que de arranque no han tenido.

Hoy a siete meses de decidir al próximo primer mandatario nos preguntamos: ¿aguantará AMLO los embates en su contra?, ¿logrará proyectar y comunicar certidumbre a los ciudadanos?, ¿aprovechará su discurso antisistema y lo cristalizará con votos?, ¿podrá dejar de cometer errores que le resten puntos?

Si afianza sus fortalezas y canaliza el resentimiento hacia los partidos que han gobernado, estará muy cerca de la silla presidencial, empero si la tendencia se revierte en miedo hacia su persona, parecerá que en 2018 en lugar de ir a palacio, se irá a La Chingada.

FACEBOOK: MIGUEL DELGADILLO IBARRA
TWITTER: @mike_delgadillo

 

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