En la víspera de la llegada del Papa Francisco a México, la Catedral Metropolitana fue cerrada al paso de los feligreses y sólo pueden ingresar los empleados y personal que ultima detalles para la reunión que tendrá el Vicario de Cristo con obispos el sábado próximo.

Afuera del recinto religioso, en la entrada al atrio, se termina de colocar una estructura de madera, en donde el jefe de gobierno de la Ciudad de México entregará las llaves de la ciudad y nombrara huésped distinguido a Jorge Mario Bergoglio.

Esa estructura tiene tallados en diversas partes los escudos del gobierno de la ciudad y del Vaticano; asimismo, se colocan flores blancas y otros detalles decorativos.

Las puertas de la Catedral se encuentran cerradas y sólo por la parte lateral, que da a la calle Monte de Piedad, se ve el movimiento de trabajadores que preparan el recinto religioso, en cuya sacristía el obispo de Roma se entrevistará con el Ejecutivo local, Miguel Ángel Mancera, y su familia.

El Estado Mayor ya tomó el templo, ubicado en la parte norte de la Plaza de la Constitución, en donde se colocaron vallas metálicas en toda la explanada y gradas en la parte poniente y frente al edificio de las oficinas del gobierno capitalino.

En medio del Zócalo, donde se ubica la asta bandera, se colocaron cuatro pantallas monumentales que forman un cuadro, las cuales son probadas con vídeos musicales, lo mismo que las esquinas de la plancha.

Las calles aledañas también lucen llenas de vallas, como parte del operativo para controlar el acceso al Zócalo capitalino para el próximo sábado, no obstante aún se permite el flujo de personas y vehicular.

En tanto, en las inmediaciones del Hospital Infantil de México “Federico Gómez” también es notoria la presencia de militares y policías que resguardan el lugar, aunque aún se puede transitar en vehículo por las calles aledañas al nosocomio.

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