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Chencha mide 1.55, es tímida y madre de Faustina , tras la muerte de Bantú, se ha quedado sin la oportunidad de aumentar la especie que, actualmente, se encuentra en peligro de extinción (JORGE ALBERTO MENDOZA)

'Chencha' y 'Faustina'. Las viudas de 'Bantú'

07/08/2016
03:50
ALEJANDRO SÁNCHEZ
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La polémica muerte del gorila en el Zoológico de Chapultepec destapa la grave crisis que enfrenta esta especie en el mundo

Chencha es una gorila de 31 años, 1.55, y posee una fuerza brutal, pero su timidez progresó hace siete años. “Siempre, como las de su especie, buscó refugio detrás de su macho llamado Chato, un simio fulminado una tarde del invierno de 2009 (en el Zoológico de Guadalajara) a causa de fibrosis miocárdica, un padecimiento en que los músculos del corazón pierden fuerza para irrigar sangre”, dice Luis Soto, especialista del área de primates del zoológico, mientras Chencha mira a cierta distancia al reportero y mejor se va lejos, a la piscina, donde luego jugará con manotazos en el agua hasta derramarla.

En cambio, Faustina, hija de Chencha y Chato, más alta y con cinco kilos de peso menos que su madre se ha quedado en la orilla del exhibidor de mil 500 metros en una postura casi sensual: tendida sobre un pasto creciente y con la cabeza detenida con una mano y codo en ángulo de 90 grados. “Bueno, ella nació aquí. Siempre ha sido el centro de atención porque fue la sensación; le gusta que la volteen a ver, le gusta que le hablen, le gusta que le den de comer en la boca”, dice Soto como para justificar la soltura de Faustina de 22 años, quien a esta hora de la mañana mastica una rama de árbol. No nos quita la mirada en un buen rato.

Luis Soto es veterinario, entró por primera vez al zoológico en un curso de verano cuando tenía cuatro años de edad y regresó en cada periodo vacacional. A los 17 años empezó a ayudar en el aseo, actividad que combinó con sus estudios. En la U de G estudió veterinaria, luego el zoológico lo apoyó para estudios en el extranjero. De los 13 años que lleva de trabajo, sólo el primero no estuvo en el área de primates, lo que lo hace que hoy sea uno de los mejores especialistas de simios en el país. Al morir Chato, la tristeza lo invadió por el cariño que llegó a desarrollarse entre ellos. Chencha y Faustina se deprimieron.

“Entonces, fue hace siete años cuando comenzamos los trámites para traer a Bantú a Guadalajara”, explica. Pero todo se burocratizó en el Zoológico de Chapultepec. En otra administración, Guadalajara volvió a presentar solicitud de traslado de Bantú, único gorila macho en el país. En todo ese tiempo, Chencha intensificó sus cuidados de madre. “Ha estado muy pendiente, no deja que nadie se le acerque si ella no quiere”, agrega Soto, poco antes del medio día de un caluroso miércoles de julio.

A la tierra del tequila Chencha y Chato llegaron juntos en 1989, procedentes de Guinea Ecuatorial, África, donde llevaban una vida silvestre. Sin embargo, se adaptaron fácil al cautiverio, tuvieron a Faustina. “Los gorilas son animales altamente sociales, necesitan un clan familiar compuesto por un macho y varias hembras. Es lo mejor en términos conductuales. Por eso queríamos evitar que Bantú estuviera sólo en Chapultepec y ellas solas acá. Ya si después venía la reproducción habríamos estado todos muy contentos”, dice el veterinario treintañero. Pero la segunda administración de Chapultepec volvió a retrasar los trámites.

Por los días en que se hizo la tercera petición, ahora a la actual autoridad de Ciudad de México para el traslado de Bantú, el especialista en primates Cyril Grueter, de la Universidad del Oeste de Australia, llevaba semanas observando a grupos de hembras en cautiverio cuando descubrió a dos en un acto sexual que incluía contacto genital y llamados de apareamiento. Algo inédito en esta especie del reino animal, porque hasta entonces se requería la presencia y estimulación de hormonas con un macho presente. “Chencha y Faustina pasan mucho tiempo cerca, se abrazan mucho, pero hasta ahora no hemos tenido ninguna evidencia de ninguna conducta sexual”, asegura Soto, participante en varios foros y conferencias mundiales sobre gorilas.

Uno de los días más felices en los últimos siete años para Luis Soto fue en la primera semana de julio pasado. Estaba en el Bosque de Chapultepec sin rol activo en los preparativos del traslado de Bantú. El examen, la anestesia, y el encierro en caja estuvo a cargo de veterinarios de la Ciudad de México. “Es lo lógico, conocen mejor a sus animales. A veces estorbas más de lo que ayudas”, dice.

La alegría de Soto, sin embargo, se ensombreció al ver los rostros tiesos y largos de las personas al cuidado de Bantú. Estaba presente cuando intentaron resucitarlo en el quirófano sin conseguirlo. La muerte quizá fue producida por negligencia médica durante el proceso de anestesia, aunque eso aún está por aclararse. “Vimos cómo les pegó a los veterinarios el fallecimiento, lloraban como si hubieran perdido a un hermano. A nosotros claro que nos dolió Bantú. Además sabíamos lo que era para nuestras hembras que él no llegara”, dice Soto.

Con la muerte de Bantú ya sólo quedan tres gorilas en el país. La otra también es hembra. Se llama Arila. Vive en Zacango, Estado de México. El caso de ella es sui géneris. No se puede adaptar a compañía porque creció sola, nunca ha estado rodeada de nadie. Está condenada, después de un fallido intento, a vivir sola el resto de sus días. Las hembras llegan a superar los 40 años de edad. Los machos, sin embargo, son propensos a muertes más jóvenes por problemas cardiacos. Chato, muerto a los 29 años, tuvo apareamientos con Chencha. Y con Faustina sólo hubo intentos de cópula.

La legislación actual impide la introducción al país de otro macho para fines de compañía o de apareamiento. En Estados Unidos y Canadá la situación de gorilas está al revés. Quedan machos sin familia. En vida silvestre hay nada más unos 200 mil gorilas, puede parecer un número grande, pero es una población frágil que sufre daños. Se están destruyendo los recursos que la especie requiere para existir. Una de las peores amenazas que enfrentan todos los días es que en las regiones en que habitan se extrae uno de los minerales más codiciados para fabricar pilas para celulares u otros aparatos. La minería legal e ilegal es fuerte, además, los cazan para comérselos. A este ritmo, para 2040 o 2050, se calcula, ya no existirá esta especie en vida silvestre.

Chencha y Faustina puede ser que para esa fecha también hayan muerto. En tanto, continuarán con su rutina como la de este caluroso miércoles de julio: despertarán a las 8:00 de la mañana a desayunar frutas, lechugas y croquetas elaboradas a base de vitaminas, vegetales y proteínas. Y a las 7:00 de la noche se refugiarán en su dormitorio para echarse sobre sus camas de paja y ramas hasta la mañana siguiente. Luis Soto seguirá al pendiente.

Estados Unidos y Canadá han ofrecido machos para las viudas de Bantú. No es posible porque el artículo 55 Bis de la Ley General de Vida Silvestre impide la importación y exportación de simios a menos que sea para fines científicos. Chencha y Faustina sólo quieren compañía.

Una variación en la ley, de apenas una línea, podría cambiarles la vida, entonces Chencha volvería a sentir las caricias de macho y Faustina podría sentirlas por primera vez.

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