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Metro: un vagón rosa muy rudo

En este transporte, los vagones exclusivos para mujeres y niños no están exentos de la violencia y la falta de educación. Entre las mismas usuarias se insultan, se intimidan, se pelean por un lugar o fingen dormir para no ceder los asientos reservados

Encontrar un pequeño hueco en los vagones del Metro no es una tarea fácil. Aquí se debe tener principios de contorsionista, rudeza de luchador, tolerancia a los insultos y buen pulso para maquillarse en movimiento (JENIFER NAVA. EL UNIVERSAL)
Metrópoli 01/05/2016 03:40 Diana Delgado Actualizada 09:28
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“Quítate pinche vieja”, dice una mujer a otra que no se orilla al ver que varias bajarán en la estación Tepalcates de la Línea A. Se lanzan miradas de enojo, la otra no responde y tampoco se mueve, finalmente, al abrirse las puertas, empujan con fuerza hasta sacarla del vagón.

La pelea por encontrar un pequeño espacio al interior de los trenes se intensifica cuando se está entre mujeres, y es que aquí, todas son iguales. En este vagón los toqueteos, las malas palabras y hasta los insultos, valen.

“Como mujeres a veces somos muy groseras y no nos protegemos entre nosotras, hay mucha inconsciencia y competencia cuando debería ocurrir lo contrario. No sé por qué pase esto, es egoísmo”, dijo Sofía, usuaria.

En las estaciones terminales la prisa y el estrés por llegar al trabajo y escuela se apoderan de las emociones. Cuando el tren llega comienzan los empujones, jaloneos y hasta golpes.

“Qué les pasa, carajo, ¿somos mujeres o animales?”, grita una señora que aunque estaba frente a la puerta no logró llegar a un asiento.

De acuerdo con usuarias, existe un problema en los lugares para mujeres, pues al sentirse en un ambiente de igualdad, todas se olvidan de que hay otras personas y sólo ven por su comodidad.

“En estos vagones nos sentimos seguras, sabemos que no vamos a encontrar a un tipo que nos quiera tocar, pero con honestidad a veces sobrepasamos los límites. No vemos si viene una persona mayor, una embarazada o alguien enfermo”, comenta Graciela, otra usuaria del STC.

En Tepalcates sube una mujer de unos 80 años. Una señora menuda, de baja estatura que se ayuda de un bastón para afianzar sus pasos. Esperó 15 minutos a que llegara un tren.

Sube, todas la ven pero nadie la observa. El tren se queda detenido unos minutos y una mujer policía ingresa al vagón, se asoma y pide que cedan el lugar. Nadie. Molesta, la oficial señala uno de los espacios reservados: “oye, te puedes parar para que se siente la señora, luego te maquillas”, le dice. “Sí, claro, es que no la había visto”, responde antes de ponerse de pie.

El 26 de abril inició el operativo Viajemos Seguras, hasta ayer se habían remitido a cuatro hombres por presuntamente cometer actos de acoso.

Las usuarias se saben protegidas contra los hombres abusivos, aunque cuando se trata de ganar espacio no importa si se está en el vagón de hombres o mujeres, la rudeza es igual.

Suena la alarma de las puertas que están a punto de cerrarse, una mujer baja corriendo las escaleras y lanza su bolsa para detener la puerta. Da un golpe certero, entonces las demás mujeres que están dentro, en lugar de ayudarla, empujan la bolsa, se la echan fuera del vagón: “Aquí ya no cabe nadie”, le dicen. El tren se va.

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