18 | JUL | 2019
En el barrio de Copilco, al sur de la ciudad de México, se encontraba Burger Boy en la década de 1990.

El boom de la comida rápida

18/05/2016
18:07
Irving sánchez
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DÉCADA DE LOS NOVENTA Las cadenas de comida rápida, desde sus inicios, supieron que debían adaptarse al singular paladar mexicano

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El desarrollo económico de México antes del error de diciembre de 1994, la ambición de expansión de las cadenas estadounidenses de fast food, la vertiginosa incorporación de la mujer al ámbito laboral y el hambre de probar cosas nuevas de la clase media mexicana, fueron el campo de cultivo propicio para que surgieran las más variadas cadenas de comida rápida en nuestro país, durante los años noventa. Si bien ya existía desde hace ya algunos siglos la “comida rápida” mexicana, fueron los factores otrora mencionados los que ampliaron la oferta alimenticia en las grandes ciudades. 

Una pregunta constante es: ¿por qué estas cadenas de comida se posicionaron tan bien en esta época, en un país donde la oferta callejera es tan deliciosa y las cocinas económicas son tan baratas? La primera respuesta podría leerse un poco obvia: la estandarización de procesos por parte de las empresas, la homogenización de sus productos en todos los establecimientos y las, no siempre confiables, protocolarias normas de higiene, hacen que el mexicano tenga la certeza que consumir cualquier bocadillo de comida rápida tendrá la misma calidad, sin importar dónde se encuentre. La segunda respuesta nos da un poco de más “carne” para pensar: un estudio realizado en los años noventa demostró que los alimentos de “comida rápida” mexicana, es decir, los tacos, las tortas o el pollo rostizado, eran los platillos preferidos por sectores de la población con un nivel socioeconómico bajo, mientras que alimentos de origen extranjero (pizzas y hamburguesas) eran preferidos por sectores con mayores ingresos. 

¿El resultado? Las cadenas de fast food entraron a México teniendo como clientes potenciales a un sector de la sociedad que, de antemano, conocía estas marcas de comida ya sea por viajes al extranjero o por una sensibilización hacia la mercadotecnia, y no fue sorpresa que, con el paso del tiempo, se convirtieran en opciones culinarias con un marcado tinte aspiracional. 

 

Hamburguesas y pollo frito

La primera cadena en llegar a México fue Kentucky Fried Chicken: era 1963 en la calurosa ciudad de Monterrey. Fue hasta 1985 cuando el término y el concepto de fast food comenzaron a hacer ruido entre la población mexicana. El acontecimiento fue la inauguración de la primera sucursal mexicana de McDonald’s, que abrió en el Pedregal. El suceso rebasó las expectativas, pues familias enteras hacían largas filas para comer una Big Mac®. 

Este fenómeno causado por McDonald’s en México, propició que otras empresas pusieran sus ojos en el país azteca. Un ejemplo de ello fue Domino’s Pizza, quien inauguró su primera sucursal en México en 1990. Bajo su garantía de entregar una pizza en menos de 30 minutos, logró consolidarse a tal grado que actualmente nuestro país es el mercado más relevante para esta marca, después de Estados Unidos. Otra empresa que siguió los pasos de McDonald’s fue Burger King, quien abrió su primera sucursal en la ciudad de Mérida en 1991 y hoy en día se ha consolidado como la cadena de hamburguesas con más establecimientos en México.

 

Es innegable: la década de los noventa fue el boom de la comida rápida. Tan sólo entre 1991 y 1994 el número de franquicias pasó de 80 hasta 328, lo que significó un crecimiento de más de 400 por ciento. Un caso particular es Sushi Itto, que a diferencia de las otras empresas mencionadas, Sushi Itto no es de origen extranjero. 

Su primer establecimiento lo inauguró a mediados de los años ocheta y paulatinamente pasó de ser un micronegocio a constituirse como la cadena de sushi con mayor presencia en México. Sushi Itto se diferenció de su competencia desde su inicio, pues ofrecía servicio a domicilio y su crecimiento ayudó a que la empresa se posicionara al nivel que goza en la actualidad. Si bien aún existen muchos detractores de la presencia de las cadenas de fast food —hablemos se sus efectos “negativos” en la gastronomía nacional y regional; además de su impacto a la salud— es innegable que estas empresas han sabido adaptarse al gusto particular del mexicano. 

De este modo, la última década del siglo XX presenció el nacimiento de hamburguesas con guacamole, pizzas con frijoles charros o rollos de sushi que mezclan salsa de chipotle y salsa Tampico con ingredientes como el mango o tamarindo. La comida rápida llegaría para establecerse en el país y hoy en día es impensable una plaza comercial que no contemple un amplio food court. Contrario al temor de muchos escépticos, el mexicano no ha dejado de consumir tacos en la calle, guisos en las fondas o tortas en casetas. El gusto del mexicano no cambió; simplemente se amplió. 

¿Y mi juguete?

 

En el año 2015, McDonald’s cumplió treinta años de haber llegado al mercado mexicano.

 

Se creía que Chabelo era uno de los dueños de la cadena de hamburguesas Burguer Boy pues, ¿quién no recuerda la lluvia de anuncios de esta empresa en el programa televisivo En familia con Chabelo?

 

El origen de Burger Boy no es extranjero, sino mexicano. Dos empresarios, uno puertoriqueño y uno cubano, buscaron replicar el modelo de fast food estadounidense.

 

El mayor distribuidor de juguetes en el planeta es la cadena de comida rápida McDonald’s.

 

Las hamburguesas Arby’s también llegaron a México, pero tuvieron que cerrar debido a la crisis económica de 1994.

 

Las fiestas de cumpleaños en ShowBiz Pizza eran legendarias en esta época. Pizza, juegos y refrescos eran la fórmula infalible.

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