Las (más de) cuatro guerras en Siria

Mauricio Meschoulam

A pesar de que hay quienes piensan que “ya terminó”, la guerra siria presenta hoy cuatro frentes que producen un altísimo nivel de violencia, dice un texto coeditado por AP y Haaretz recientemente publicado. El texto indica que, en solo unas semanas los rebeldes sirios derribaron un avión ruso, las milicias kurdas derribaron un helicóptero turco, Israel derribó un dron iraní y Siria derribó un caza israelí. Esta es una muestra, dice el texto, de cuatro frentes de combate: (a) Assad contra los rebeldes; (b) turcos contra kurdos; (c) EU contra ISIS; y (d) Israel contra Irán. Me parece que el artículo se queda, lamentablemente, bastante corto. Para entenderlo, es necesario partir de la siguiente base: la guerra siria no es una, sino muchas guerras—más de cuatro—simultáneas, pero entretejidas, y, a pesar de que, en algunas de ellas, los ganadores estén ya asomando la cabeza, hay otras que persisten y otras que emergen con mayor fuerza. Ello resulta en espirales violentas que, aunque no jalen la atención de medios ya fatigados del tema, son enormemente delicadas. Permítame tratar de describir algunos de estos conflictos, lo menos complicado que me sea posible.

Primero, el conflicto original entre el gobierno sirio y los rebeldes. Lo que inicialmente surge como efecto de réplica de la Primavera Árabe y que se manifiesta como una lucha esencialmente política por derechos y libertades, se entreteje rápidamente con una conflictiva sectaria-religiosa muy honda e intensa, y con factores internacionales que rebasan, con mucho, las fronteras sirias. Así, esta guerra tiene al menos tres niveles. En el nivel interno, Assad combate a milicias que podríamos denominar laicas o no-religiosas, a milicias islámicas, y a organizaciones terroristas transnacionales como Al Qaeda o ISIS. En el nivel regional, los países sunitas, encabezados por Arabia Saudita, Qatar y Turquía, originalmente apoyaron a la rebelión mientras que Irán, y las milicias chiítas que ese país entrena, arma y financia—Hezbollah es un ejemplo—apoyaron al gobierno de Assad y lucharon a su lado. En un plano global, EU y sus aliados europeos respaldaban a la rebelión mientras que Rusia apoya, arma y defiende militarmente a su añejo aliado, el presidente sirio. La cuestión es que esta lucha no es solo a dos bandos. Dentro de la misma rebelión, las diversas milicias combatieron entre sí durante años, e ISIS peleaba contra todas ellas. Arabia Saudita y Qatar mantienen desde hace tiempo un serio conflicto político que terminó en ruptura diplomática. Turquía ha preferido negociar sus intereses con Rusia y con Irán, aunque esto le aleje de Washington. La Casa Blanca hizo de la lucha contra ISIS su mayor prioridad, aún si esto desdibujaba sus diferencias con Irán o con el propio Assad, y le distanciaba de sus propios aliados. Entre otras medidas, EU se hizo de una alianza estratégica con las milicias kurdas—quienes demostraron desde el inicio, su destreza para combatir a ISIS—al costo de su relación con Ankara.

Podríamos decir que esa maraña hoy presenta el siguiente estado: (a) Gracias a la intervención militar de Rusia y gracias al respaldo de las milicias pro-iraníes, además de la asesoría, armamento y financiamiento de Teherán, Assad ha recuperado la mayor parte del territorio del país. Esto le apunta como el claro ganador de la guerra, y a sus aliados, como los vencedores del conflicto en los niveles regional e internacional; (b) Una gran parte de los grupos rebeldes derrotados está teniendo que negociar su rendición. Pero otra fracción de los rebeldes sigue combatiendo. De esas milicias, una buena parte actualmente se agrupa en torno a un frente conocido como Tahrir Al Sham. Este frente es la derivación de aquello que conocíamos como Al Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria. Esta coalición de milicias islámicas ha entendido que, bajo las circunstancias actuales, su alianza era la única alternativa para resistir. Actualmente estos grupos siguen controlando focos importantes en distintas partes de Siria y las mayores ofensivas de Rusia y de Assad son en su contra (aunque también persisten otros grupos). Estos son los rebeldes que derribaron el avión ruso hace pocas semanas; (c) Como es natural, la sobresaturación de actores resulta en una competencia por espacios y territorio. Esto hizo que hace unos días, tras un asalto de fuerzas pro-Assad contra las milicias respaldadas por Washington para pelear contra ISIS, la aviación estadounidense atacara severamente a esas fuerzas sirias, un hecho que generó más de 100 muertes de combatientes leales a Assad. Estos choques podrían seguirse presentando y podrían complicar (aún más) la relación Moscú-Washington; por último (d) ISIS, quien llegó a controlar la mitad de Siria, ha perdido casi todo el territorio que tenía. Pero esta organización está lejos de haber sido eliminada. Primero, ISIS mantiene una guerra de guerrillas y podría recuperar posiciones en el momento menos esperado, sobre todo dadas las otras circunstancias descritas en este texto. Segundo, su capacidad de perpetrar ataques terroristas sigue vigente. En lo poco que va del año, esa organización ha llevado a cabo 17 atentados, casi uno cada dos días, solo en sus centros operativos de Irak y Siria. Adicionalmente las filiales de ISIS mantienen operaciones en más de una veintena de países hacia donde han fluido buena parte de sus combatientes. En esas otras partes del mundo, esas filiales llevan otros 17 atentados en lo que va del año.

A lo anterior, se añade el conflicto turco-kurdo. Las milicias kurdas, que fueron entrenadas y armadas por Washington precisamente para combatir a ISIS, hoy controlan aproximadamente el 25% de territorio sirio, algo que es inaceptable para Turquía, quien tiene su propia conflictiva kurda en casa y quien considera que la militancia kurda en Sira es la misma que la que hay en Turquía. Por si fuera poco, Washington había propuesto estacionar una fuerza de 30 mil efectivos, casi todos kurdos, en la frontera sirio-turca, a fin de asegurar que ISIS no recuperara terreno. Por tal motivo, hace pocas semanas, Ankara inició una ofensiva militar para arrebatar a los kurdos diversas posiciones clave. Este enfrentamiento, que ya ha producido mucha sangre, coloca a Turquía y a EU, dos aliados militares tradicionales, en bandos opuestos. En el pico de las declaraciones, Ankara amenazó hace unos días que atacaría posiciones kurdas, incluso si había presencia militar estadounidense en ellas, por lo que demandaba que Washington se retirara de esas zonas, a lo que la Casa Blanca respondió contundentemente que no lo haría.

Y luego está el otro conflicto que existe desde hace años, pero que brinca con fuerza la semana pasada, entre Israel y el eje Irán-Siria-Hezbollah (Al respecto, en este enlace publiqué un texto más completo hace unos días http://eluni.mx/2CpaXCo ). Podemos sintetizarlo así: A raíz del fortalecimiento de la posición de Irán y de Hezbollah, dos viejos enemigos de Israel, y a raíz de que ese es el bando que está venciendo en el conflicto mayor en Siria, Israel ha decidido proteger sus intereses de manera directa ya desde hace tiempo. La aviación de ese país lleva, en los últimos años, al menos 100 bombardeos en territorio sirio. La mayor parte, ha sido con el fin de evitar traslados de armamento sofisticado hacia las bases libanesas de Hezbollah desde Siria. Israel también ha atacado fábricas de armamento y posiciones militares sirias. El objetivo central del ejército israelí ha sido contener la expansión de Irán y de sus aliados en Siria, y asegurar que sus operaciones se ubiquen lo más lejos posible de sus fronteras. Pero la semana pasada, los eventos escalaron. El intercambio de fuego fue de tal magnitud que un avión israelí fue derribado (algo que no ocurría desde 1982). Por su parte, Israel bombardeó directamente lo que, dijo, era una base iraní en Siria. De acuerdo con varios análisis, solo la intervención de Putin pudo tranquilizar las hostilidades. Lo delicado es que las condiciones para que este tipo de eventos se repitan, siguen todas ahí.

En suma, el agregado de las conflictivas anteriores, lejos de producir un grado de estabilidad tras la relativa derrota de buena parte de los rebeldes, por un lado, y la relativa derrota de ISIS por el otro, presenta diversos potenciales de escalamiento en planos distintos. Queda claro que esta panorámica más amplia no es alentadora, pero mirar ese todo debe ser un inicio para pensar en cualquier posibilidad de resolución de una guerra que no es una, ni cuatro, sino muchas a la vez.

Twitter: @maurimm

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