Ángela Merkel, en su última visita a México en junio de 2017, sentenció: “A México le faltan contrapesos”. Los órganos encargados de vigilar, es decir, los contrapesos, en una sociedad democrática como la que queremos construir en México son tres: los poderes legislativos, los medios de comunicación y la sociedad organizada.

En nuestro país las cosas están muy mal, entre otras cosas, porque los contrapesos no actúan como tales o están débiles, y esto ha generado una concentración de poder en el Ejecutivo que ha provocado una gran cantidad de abusos de poder.

Otro de los contrapesos en una verdadera división de poderes, además del Poder Legislativo, debe ser el Poder Judicial. En México, de manera histórica, en el siglo XX, ambos, Legislativo y Judicial, han estado subordinados al Poder Ejecutivo y han sido cómplices del mismo.

El Poder Legislativo en México se diseñó acorde al modelo estadounidense de dos cámaras: una de diputados y una de senadores; esto pretende que al hacer las leyes una actúe como cámara de origen y la otra como cámara revisora.

El bicameralismo como diseño institucional busca ponderación, equilibrio y serenidad, dar curso a diversos pareceres, todo con el objeto de que el proceso legislativo sea más lento y dar lugar a la suficiente reflexión al momento del debate parlamentario.

Fue en 1857 que por un periodo corto se desapareció al Senado y uno de los promotores de este hecho señaló: “Hasta el día de hoy nuestra propia experiencia no nos ha convencido de las grandes ventajas de una segunda cámara. A una discusión incompleta, frecuentemente incompleta y precipitada en una de las asambleas, le sigue en la otra una discusión que ni es más profunda ni más luminosa. La ley no gana en esta doble prueba”. (Derecho constitucional, Elisur Arteaga.

La Constitución señala que para que el Congreso de la Unión pueda desempeñar sus funciones de forma cabal debe gozar de independencia. De nada sirve a la nación un Congreso subordinado al Poder Ejecutivo, todos los excesos de los presidentes de la república o de gobernadores han sido solapados por congresos cómplices.

También la Constitución establece que el Poder Legislativo debe ejercerse en forma colegiada, por lo que está prohibido que éste se deposite en una persona. La ley se enriquece y perfecciona en la diversidad de opiniones, en la pluralidad. Mientras las cámaras de diputados y senadores sigan siendo cámaras de grupos parlamentarios, y no de legisladores, basta que dos o tres legisladores se pongan de acuerdo para que los demás salgan sobrando.

La realidad es que, como en la historia, el Poder Legislativo mexicano ha quedado a deber a la sociedad. El Poder Legislativo no podrá ser vigilante y contrapeso del Poder Ejecutivo si no empieza por reformarse y por poner el ejemplo en transparencia, rendición de cuentas, eficiencia y honestidad en el ejercicio presupuestal, combate a la corrupción, el conflicto de intereses y el tráfico de influencias.

Hoy los recursos públicos que manejan los grupos parlamentarios de ambas cámaras se utilizan en una verdadera caja negra donde reina la opacidad y con total discrecionalidad generando una gran corrupción de los legisladores, que deberían ser ejemplo y vigilantes del ejercicio presupuestal.

Mucho falta al Congreso de la Unión para cumplir con su función de la representación de los ciudadanos, así como de contrapeso del Poder Ejecutivo; pero podemos empezar por dotarlo de legisladores independientes, probos y con profundo amor a México, que si estén dispuestos a anteponer los intereses del país a sus intereses personales, de partido o de grupo.

Candidato independiente a senador.
@ ClouthierManuel

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses