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Sindicatos

Han pasado más de 4 décadas. Demasiado tiempo. Pero los problemas no solo no se han revertido, sino que se han agudizado. Quizá en el marco de la nueva legislación puedan ser atendidos
07/05/2019
02:14
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Hoy que la reforma laboral y el papel de los sindicatos vuelve a estar en el centro de la atención pública, recordé el diagnóstico y las propuestas que los trabajadores de la industria eléctrica encabezados por don Rafael Galván hicieron en los lejanos años setenta. Era un juicio que partía de la postración en la que se encontraba el “movimiento obrero”, pensando en la necesidad de reactivarlo y lograr que lo que era una fuerza potencial se convirtiera en un sujeto político relevante.

¿Por qué mientras las organizaciones empresariales habían conseguido afinar sus estudios y propuestas y multiplicaban su peso específico en el debate nacional las organizaciones de los trabajadores apenas si emitían algunas señales y raramente eran escuchadas? Esa pregunta se la plantearon los trabajadores de la Tendencia Democrática. Para ellos era necesario “reorientar el rumbo del país” y creían que una condición necesaria era trascender las taras que mantenían paralizada a la clase obrera.

Cinco eran los retos que debían afrontar. Los enumero porque si no son atendidos difícilmente las buenas normas que contiene la reforma laboral tendrán el impacto esperado.

1. Desorganización. La inmensa mayoría de los trabajadores asalariados no está organizada. Se calcula que el número de trabajadores sindicalizados gira en torno a los 4.5 millones. Ello representa algo así como el 13% de los asalariados. El resto de los trabajadores no regulan su relación laboral a través de contratos colectivos, están sujetos a la buena o mala voluntad de sus empleadores, difícilmente pueden ejercer derechos y no poseen representación. Y al no tener organización su fuerza potencial se desvanece.

2. Contratos de protección. Un porcentaje difícil de establecer lo conforman aquellos trabajadores que se encuentran nominalmente sindicalizados, pero ellos ni siquiera lo saben. En muy diferentes ramas lo que priva son los llamados contratos de protección, que se firman con un carácter preventivo entre las empresas y pseudo líderes sin la concurrencia de los trabajadores. En esos casos los líderes chantajean y venden amparo a las empresas “acordando” contratos colectivos de los que los trabajadores ni siquiera tienen información. Son sindicatos fantasmas, buen negocio para sus “dirigentes” y una fórmula para muchas empresas de cumplir sin cumplir las normas laborales.

3. Antidemocracia. La debilidad de innumerables sindicatos, decían aquellos electricistas, radicaba en la inexistencia de una vida democrática, en la cual hubiese participación de los afiliados en las decisiones de la organización. Lo usual eran dirigencias que se escindían de sus representados y más que ser correas de trasmisión de las necesidades y anhelos de éstos eran trasmisores de los designios gubernamentales. La falta de rutinas democráticas en los sindicatos no solo los desvirtuaba sino los debilitaba.

4. Dispersión. En el país existen pocos —aunque poderosos— sindicatos nacionales de industria, a los que hay que sumar los de los trabajadores al servicio del Estado, pero miles de sindicatos se encuentran encuadrados en federaciones regionales y por ello relativamente dispersos. Era necesario —decían— reestructurar al movimiento obrero en grandes sindicatos nacionales por rama de producción o servicios, con secciones con autonomía relativa, de tal suerte que su poderío se multiplicara.

5. Gremialismo. Muchos auténticos sindicatos veían por el interés de los trabajadores, pero no más allá de las fronteras de su centro de trabajo. Era ineludible intentar anudar esos intereses con un programa general para el país. Porque el gremialismo estrecho no solo limitaba el horizonte sindical, sino que en ocasiones militaba contra la propia materia o fuente de trabajo y era incapaz de ver por el conjunto de la sociedad.

Han pasado más de 4 décadas. Demasiado tiempo. Pero los problemas no solo no se han revertido, sino que se han agudizado. Quizá en el marco de la nueva legislación puedan ser atendidos. Ojalá.

Profesor de la UNAM

José Woldenberg
Licenciado en Sociología, maestro en Estudios Latinoamericanos y doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales...

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