La filosofía política moderna sobre la que hemos venido construyendo los distintos modelos de Estado desde el siglo XVIII se ha enfocado en la búsqueda de seguridad y estabilidad. Tanto los modelos libertarios o de derecha —a través de garantizar condiciones necesarias para que los individuos se desarrollen libremente— como los igualitarios o de izquierda —a través de garantizar las condiciones mínimas para que todas las personas alcancen estándares de vida dignos— coinciden en el común denominador de aspirar a modelos estables con alto rango de seguridad. Seguridad y estabilidad han sido características prototípicas de la modernidad y metas aspiracionales de los modelos políticos.

Sin embargo, casi tres siglos después de haber ensayado este modo de enfocar y construir la vida política, no se ha alcanzado la deseada estabilidad y seguridad. Si bien es cierto que en algunos países de manera temporal ha parecido que se alcanzaban estos ideales (pensemos en algunos países desarrollados después de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1960), se ha tratado de logros temporales que desaparecen sin claridad de retorno.

La brecha que se ha abierto entre nuestra condición actual y la aspiración de seguridad y estabilidad parece incrementarse de forma constante y acelerada. Para distintos pensadores, el momento que vivimos se puede denominar VICA, por sus siglas: volatilidad, incertidumbre, complejidad y ansiedad.

Vivimos un momento de volatilidad porque hoy los fenómenos culturales, sociales, económicos e incluso naturales no llegan como antes lo hacían, a través de tendencias que podían prever su llegada y explicar su comportamiento, sino a través de irrupciones que nos suelen tomar por sorpresa, como se ha visto en los movimientos emergentes de indignación en Europa o en el resultado de las elecciones en EU.

Vivimos un momento de incertidumbre porque no somos capaces de comprender hacia dónde vamos; las herramientas clásicas de la teoría política, la economía o la sociología hoy son insuficientes. Difícilmente hoy podemos anticipar con certeza razonable el comportamiento de muchas economías del planeta o el resultado de las elecciones y el rumbo que tomarán distintos gobiernos en el mundo.

Vivimos un momento de cada vez mayor complejidad que no parece tener visos de reducción, lo que genera un estado de confusión, como se aprecia en los continuos cambios en la opinión pública y la cada vez mayor incredulidad en el discurso público.

Y finalmente vivimos un momento de ansiedad como resultado de la falta de seguridad, lo que genera un estado general de enojo y frustración, como se ha mostrado en los niveles de aceptación de la clase política en todos los continentes.

El momento VICA parecería no tener solución plausible con las mismas herramientas (si bien algo más sofisticadas) con que nos hemos desarrollado desde el siglo XVIII. No se puede pretender resolver los mismos problemas con las mismas respuestas que no han dado resultado.

Se requiere encontrar respuestas distintas. Respuestas que no se basen en sistemas exógenos al hombre, sino que comprendan que cualquier solución de fondo pasa por su interior. Sólo así podremos superar el momento VICA.

Rector de la Universidad
Panamericana-IPADE

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