El Foro de Sao Paulo surgió en 1990 por el Partido de los Trabajadores de Brasil. Documentos elaborados y signados en ese espacio parecen partir del esquema marxista seguido por la Revolución Cubana y varios movimientos guerrilleros de América Latina, con una diferencia sustancial en la forma de acceder al poder; ya no por la revolución armada, dadas las dificultades que eso entraña en la mayoría de los casos, sino por la vía de las urnas, a partir de la democratización del subcontinente en los años ochentas. En un documento del Foro, signado en Nicaragua en 2017, y titulado “Entre la globalización neoliberal y el proteccionismo imperial”, se lee que la democracia es un canal para que los partidos de izquierda puedan acceder al poder. Por lo cual “Un asunto fundamental a tener en cuenta es que cuando en un sistema pluripartidista las fuerzas políticas con opción de poder representan intereses de clase antagónicos entre sí, las instituciones se convierten en trincheras de lucha y por tanto, el uso de esos espacios pasa a ser una prioridad estratégica de la lucha mientras el viejo modelo político no haya sido sustituido por el nuevo”. Conviene por tanto utilizar a ese régimen, e incluso preservarlo, pero sólo “mientras no haya sido sustituido por el nuevo modelo político”.

¿Y en qué consiste ese modelo que sustituiría a la democracia oligárquica o burguesa? En un régimen altamente centralizado, como condición para realizar las profundas transformaciones socio-económicas que se plantea: “El poder popular se expresa como el control del poder político del Estado (…) encaminado a superar la democracia liberal burguesa, punto de partida de nuestras transformaciones”. Si no se tienen dichas mayorías y control político, deben buscarse y ampliarse: se utilizarán primero los canales democráticos (elecciones, partidos, competencia pluripartidista), y después se irá concentrando el poder gradualmente. Y es que, “Cuando hay procesos de cambio de orientación socialista y un sistema político que es pluripartidista, la posibilidad del desarrollo de fuerzas contrarrevolucionarias es obvio, aparecen desde el mismo momento en el que arriban al poder las fuerzas revolucionarias. El debate sobre revolución y contrarrevolución, sobre la hegemonía, es un punto central de este problema planteado”.

Revolución versus contrarrevolución; los disidentes y opositores de ese gobierno revolucionario o transformador en automático se convierten en contrarrevolucionarios, por lo cual pierden toda legitimidad, y su supresión política se impone y justifica. En México (dado Morena es miembro de ese Foro) la misma idea empieza a expresarse: los adversarios pertenecen al antiguo régimen que ha sido derrotado, y se contraponen a la Cuarta Transformación que se realizará en beneficio del pueblo. Cuestionar a la Cuarta Transformación, o desacatar al gobierno que la encarna, equivale a ser reminiscencia del antiguo régimen, responsable de todos los males del país. Las instituciones autónomas, al no estar subordinadas por definición al gobierno revolucionario o transformador, son parte de la contrarrevolución o del antiguo régimen, por lo que procede eliminarlas o someterlas: “Una fuerza, política y socialmente organizada, se define por una posición política empeñada en acceder a la influencia y el control de las instituciones públicas del Estado: gobierno, parlamento, alcaldías, poder judicial y electoral, fuerzas armadas; así como por la construcción de una opinión pública que dispute la orientación moral e intelectual de la sociedad… La izquierda debe proponerse tomar todos los espacios posibles de radio, prensa y televisión, aunque sea a nivel de programas pagados para erosionar a los partidos de derecha y propagandizar nuestro proyecto”. En otras palabras, reducir los contrapesos políticos y espacios de autonomía para así crear una nueva hegemonía que facilite llevar a cabo su proyecto social. Así el Foro de Sao Paulo.

Profesor afiliado del CIDE. @JACrespo1

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