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Hace cien años

La noche del 16 al 17 de julio de 1918, en la ciudad siberiana de Yekaterimburgo, la familia imperial rusa fue masacrada
15/07/2018
02:16
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En la noche del 16 al 17 de julio de 1918, en el sótano de una casona en la ciudad siberiana de Yekaterimburgo, la familia imperial rusa y sus cuatro acompañantes fueron masacrados. “Todos somos unos Rodion Raskolnikov, irresistiblemente atraídos hacía el lugar del crimen: el pasado de nuestro país”, dijo la novelista rusa Elena Chizhova, al aludir al héroe de Crimen y Castigo. Un siglo después, el lugar del crimen se ha vuelto lugar de peregrinación y la Iglesia Ortodoxa celebra en esa fecha el “martirio” de las víctimas que ha subido a los altares.

Todo había empezado en febrero de 1917; al final del invierno, las calles de San Petersburgo estaban llenas de gente; frente a las panaderías vacías, unas mujeres pedían pan a gritos, algunas banderas rojas flotaban encima de las procesiones con pancartas “Abajo la guerra”, “Abajo la autocracia”. Luego llegan soldados, amotinados en los cuatro cuarteles de la capital. Tumulto, violencias; generales y políticos aprovechan el desorden para pedir su renuncia al zar, el cual abdica tranquilamente a favor de su hermano, el cual abdica al minuto. Ya no hay trono. Empieza la revolución, las revoluciones, primero febrero, luego octubre.

Bien dijo, en aquel entonces Vassili Rozanov: “¿Qué pasó para que un imperio se derrumbase? Puesto que, de verdad, se derrumbó, entre semana, un miércoles como cualquier otro. No un domingo, o un sábado, o un viernes musulmán. Literalmente Dios escupió y apagó la vela. Faltaban alimentos y había colas frente a las tiendas. Claro, había una oposición. Y los caprichos del zar. A ver ¿Cuándo no tuvo caprichos el zar?”

Después de la revolución de febrero, bajo el gobierno del socialista Kerenski, lógicamente la familia imperial debió salir al exilio, a Inglaterra, puesto que el rey era el primo de Nicolás; además Rusia e Inglaterra eran aliadas contra Alemania. Consultado, el gobierno inglés preguntó: ¿quién pagará los gastos de su estancia en Inglaterra? Contestaron que el ciudadano Romanov tenía buenas cuentas en los bancos de Londres. Abandonaron su hipocresía: políticamente, la presencia de esa familia no era deseable en Inglaterra, puesto que 1) Alejandra, la ex zarina, era alemana, 2) radicales y socialistas no aceptarían la presencia de los Romanov en el país. Tal fue la negativa de los ingleses.

El gobierno provisional no tuvo más remedio que mantener los Romanov en arresto domiciliario hasta agosto, cuando los mandó a Tobolsk, Siberia, porque los ejércitos alemanes se acercaban peligrosamente. En octubre, los bolcheviques tomaron el poder y la vida de los presos dejó de ser confortable. El 30 de abril de 1918, los mandaron a Yekaterimburgo, en los Urales. En julio, la situación se volvió peligrosa para el poder soviético, amenazado por un levantamiento de los Socialistas-revolucionarios, y por la marcha imparable de la Legión Checa que había decidido regresar a su país. Esa doble amenaza radicalizó el Terror. En la noche del 16 al 17 de julio, con el pretexto de llevar la familia a un lugar mas seguro, los despertaron y bajaron al sótano, dizque para tomar una fotografía del grupo. Entraron los guardias, dispararon y remataron a la bayoneta. Murieron la pareja, las cuatro hijas y el pequeño Alexei, el médico Botkin, la acompañante Anna Demidova, el cocinero Ivan Jaritonov, Alexei Trupp, el asistente del zar y… el perro.

¿Por qué? Trotzki, en su diario, apunta que Lenin y Sverdlov dieron la orden telegráfica. El Consejo de los Comisarios del Pueblo ratificó a posteriori. ¿Venganza de Lenin que tenía 17 años cuando su hermano de 21 años, Alexander, fue ahorcado por haber intentado asesinar al zar, padre de Nicolás II? Más bien, razón de Estado: ¿Qué hubiera pasado si los checos o los blancos liberan a Nicolás? Pero ¿era necesario matarlos a todos? ¿Cocinero y dama de compañía amenazaban al Estado? Maxim Gorki escribía en aquel momento: “Todo lo que dije del salvajismo de los bolcheviques, su crueldad que raya en el sadismo, todo esto y mucho más guarda toda su fuerza”.

Investigador del CIDE.
[email protected] cide.edu

Jean Meyer
Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne. Es profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia...

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